Desde muy temprano, las instalaciones del Hospital Divina Providencia y la capilla martirial, ubicada en la colonia Miramonte de San Salvador, comenzaron a recibir a decenas de personas, muchas de ellas caras ya conocidas entre ellas para esta fecha de conmemoración del aniversario del asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero. Sin embargo, minutos antes del inicio de la misa programada a las 7:30 de la mañana, la cantidad de personas dentro de la capilla no era comparable a la afluencia de años anteriores. Las hermanas de la congregación Carmelita Misionera de Santa Teresa, encargadas de administrar y cuidar la casita donde Romero vivió sus últimos años, se movían de un lado a otro dándole la bienvenida a los visitantes y feligreses, pero algunas no pudieron ocultar ese dejo de melancolía al ver que la cantidad de visitantes era menor al de años anteriores.
Poco antes de la hora de inicio programada, una de ellas anunció que lamentablemente el padre asignado para dar la misa estaba atorado en el tráfico que ahoga día a día a los salvadoreños. Fue posteriormente, el padre Luis Edgardo Salazar, párroco de la parroquia María Madre de los Pobres de La Chacra en San Salvador, quien tomó la batuta de celebrar la misa, tras llegar acompañado con un grupo de sus feligreses. “Estamos los que tenemos que estar”, comentó una de las hermanas al anunciar el inicio de la misa.
Fue quizá ese pequeño desapego protocolar lo que permitió que la misa del 46 aniversario del martirio de Romero también se convirtiera en un espacio de reflexión y de compartir memorias entre personas que lo conocieron directamente e incluso otros que habían viajado desde distintos países, mostrando una fiel devoción al ejemplo brindado por Romero durante su labor como pastor de la Iglesia Católica.
Entre los asistentes también estaba un grupo de 16 miembros de la Iglesia Anglicana de Estados Unidos, su pastor, quien también los acompañaba, expresó que para ellos la figura de monseñor Romero era muy importante y que no hubiera imaginado que tendría la oportunidad de visitar el lugar donde monseñor Romero vivió y fue asesinado. Y que estar durante esa misma de conmemoración era un momento muy especial para todos ellos.
Durante el desarrollo de la misa, cada vez más personas se fueron incorporando, llenando de renovada esperanza a quienes se comenzaban a sentir solos en los esfuerzos de mantener la memoria y la devoción por Romero.
Entre ellos, llegó otro grupo de alrededor de 20 personas de distintas comunidades del departamento de Lempira, en Honduras, quienes expresaron que esa era una visita que habían intentado realizar en varias ocasiones. Y que incluso, hubo varios que se tuvieron que quedar porque ya no había cupo en su medio de transporte.
“Yo agradezco que hayan traído a tantas personas, que celebremos, porque no podemos olvidar a nuestro mártir, a nuestro pastor, a nuestro santo, porque conocemos a tantos santos, pero no como nuestro propio Santo, San Romero de América”, dijo una feligresa, quien expresó que tuvo la oportunidad de trabajar de cerca con Romero.
Para ella, el momento del asesinato de Romero aún sigue latente. “Nunca lo esperábamos, matar a monseñor Romero fue lo más duro que hicieron. Si eso lo hicieron a él, qué nos harán. (…) Si estos momentos que vivimos, estuviera vivo monseñor Romero, qué cosas diría. Nos sentimos un pueblo sin pastor”, dijo.
Otra feligresa originaria de Chalatenango, quien también la oportunidad de conocer a Romero dijo que los sacrificios de Romero y otros mártires se convirtieron en semillas para seguir avanzando. “Yo creo que San Romero es reconocido a nivel mundial y esa semilla sigue creciendo, seguimos pidiendo que interceda por diferentes situaciones en nuestras familias, en nuestro país”.
Durante la misa también se recordaron distintas homilías y frases de Romero en las que tocaba temas que aún siguen vigentes en la realidad salvadoreña, como la importancia de la protección al Medio Ambiente, el respeto a los Derechos Humanos, el acceso a la justicia.

El padre Trinidad Nieto reiteró el valor de la canonización de Romero, pero destacó que aún hay ausencia de respuestas ante su asesinato. “Es una herida que sigue abierta por la impunidad”.
Nieto retomó las palabras del Evangelio en las que se habló sobre el grano de trigo que al caer en la tierra y morir produce mucho fruto.
“Romero fue la semilla que cayó en este El Salvador, este pueblo, y cayó de tal manera que él sintió el lugar que el pueblo le daba y por eso dijo que con este pueblo no cuesta ser pastor. Esas semillas que cayeron en esta tierra, otros quisieron matarla, como pasó en la lectura del Evangelio, de la semilla que cayó en tierra pedregosa y con espinas y esas ahogaron las semillas, pero esta semilla fue tan persistente que aún ese ámbito no murió”.
Los ánimos al finalizar la misa se habían revitalizado, la devoción y cariño por Romero seguían ahí. Y se mantuvieron en el Vía Crucis realizada desde el hospitalito hasta la Catedral Metropolitana, durante el que las actuales víctimas de violaciones a derechos humanos hicieron un llamado para ser escuchadas.





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