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El último árbitro: Nuevas Ideas se toma el Tribunal Supremo Electoral

El primer día que Roxana Seledonia Soriano de Viaud llegó a su oficina, el 27 de septiembre de 2024, decidió que el décimo piso del Tribunal Supremo Electoral (TSE) sería para ella sola. Las lujosas oficinas que antes ocupaban los cinco magistrados propietarios en el piso más alto del edificio –una suerte de penthouse institucional– quedaron reservadas para la nueva presidenta del TSE. Desde ese nivel, ahora custodiado por vigilantes armados, se han tomado las decisiones que dan forma a un tribunal distinto: uno que delegó el registro electoral a una pariente del exasesor jurídico de Casa Presidencial y que desarticuló las unidades técnicas responsables de hacer funcionar las elecciones.

Las elecciones presidenciales de 2027 –en las que Nayib Bukele busca su tercer período después de reformar ilegalmente la Constitución de la República– serán fiscalizadas por un árbitro bajo control total del partido oficialista. Las unidades a cargo del registro de votantes, la organización de elecciones en el territorio, la distribución paquetes electorales y el sistema de conteo y transmisión del voto, están encabezadas por empleados leales a la presidenta del TSE y perfiles afines a Casa Presidencial.

Roxana Soriano ha sido una de las piezas predilectas de Nuevas Ideas en la captura de instituciones fiscalizadoras del Estado. De las internas de ese partido oficial, donde participó como precandidata a diputada en 2020, Soriano pasó a presidir el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) ese mismo año y la Corte de Cuentas de la República (CCR) en 2023. Renunció a este último cargo para asumir la presidencia del TSE a propuesta del oficialismo. 

Su nombramiento ya había sido cuestionado por los vínculos políticos y familiares documentados por FOCOS alrededor de su entorno. Soriano es la esposa de José Fernando Viaud Hidalgo, director suplente de la Autoridad de Aviación Civil (AAC) y primo de la ministra de Vivienda, Michelle Sol. La ministra es, a su vez, esposa del presidente de la Asamblea Legislativa y diputado de Nuevas Ideas, Ernesto Castro.

Sin embargo, su llegada no garantizaba por sí sola el control de Nuevas Ideas en la última trinchera institucional del país. Fueron los votos de las dos magistradas propuestas por la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y de la magistrada propuesta por la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) los que permitieron sus primeros pasos clave en el dominio absoluto del órgano electoral. El magistrado propuesto por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) no logró hacer ningún contrapeso por sí solo y no denunció públicamente las decisiones del organismo colegiado.

De izquierda a derecha: Sofía Paniagua (CSJ), Cecilia Marroquín (ARENA), Roxana Soriano (Nuevas Ideas), Rubén Alvarado (FMLN) y Karla Guandique (CSJ), juramentados como magistrados del TSE por la Asamblea oficialista de Nuevas Ideas el 26 de septiembre de 2024. /Cortesía Asamblea Legislativa.

Antes de una reforma exprés aprobada en abril de 2026 para eliminar la participación de partidos en el TSE, la Constitución y el Código Electoral establecían que el tribunal estaría integrado por cinco magistrados propietarios y cinco suplentes. El partido con mayor cantidad de votos en la última elección presidencial, Nuevas Ideas, tenía el derecho de proponer al presidente del organismo. Las otras cuatro magistraturas se distribuían entre el segundo y el tercer partido más votado y la Corte Suprema de Justicia. 

Esta arquitectura buscaba, en principio, que ninguna fuerza política controlara el árbitro electoral de manera unilateral. En la práctica, esa garantía dejó de funcionar mucho antes de la reforma constitucional.

Para las elecciones de 2024 se avaló la candidatura presidencial de Nayib Bukele aun cuando contravenía siete artículos de la Constitución. La decisión recayó en un TSE que todavía operaba bajo la estructura heredada de los Acuerdos de Paz: una presidencia a cargo de la magistrada propuesta por Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) —el vehículo que ocupó Bukele para llegar al Ejecutivo en 2019—, junto a dos magistrados provenientes de la CSJ y dos más impulsados por ARENA y el FMLN. Este último fue el único que votó en contra de la reelección.

Lo que cambió con la llegada de Nuevas Ideas al TSE, sin embargo, va más allá de la composición del organismo colegiado y de la correlación de votos al interior del pleno. Una decena de jefaturas y más de un centenar de técnicos, algunos con décadas de experiencia organizando elecciones, fueron despedidos y sustituidos por figuras que trabajaron para Roxana Soriano en su paso por la CCR y el IAIP —instituciones contraloras que terminaron siendo capturadas por el oficialismo bajo su mandato—, y personas vinculadas a Casa Presidencial.

El piso diez

La distancia física entre Roxana Soriano y el resto de los magistrados ilustra la forma en la cual opera hoy el TSE. La magistrada Cecilia Marroquín, propuesta por ARENA, y las magistradas Cecilia Guandique y Sofía Paniagua, llegadas como cuota de la CSJ, tienen sus despachos en el piso nueve, justo debajo de ella. El fallecido magistrado Rubén Alvarado, propuesto por el FMLN y el único que documentó su oposición al nuevo modelo de gestión, fue relegado a la planta baja: una habitación de aproximadamente seis por seis metros, donde trabajaba junto a su suplente, René Amílcar Claros. 

Una decena de trabajadores y exempleados que formaron parte del cuerpo técnico del TSE —y conocen su funcionamiento desde hace décadas— reconstruyeron para FOCOS cómo el organismo dejó de operar como un ente colegiado. Hablaron todos en condición de anonimato por temor a represalias. Sus relatos dan cuenta de cómo el tribunal se despojó de su personal más experimentado para abrir paso a empleados afines a Soriano, pero también de cómo se imponen las decisiones desde la presidencia de este ente.

Tres fuentes coincidieron en que Soriano convoca reuniones en el décimo piso a las que asiste únicamente la secretaria general y, en otras, las magistradas de la CSJ y ARENA. Los acuerdos llegan redactados al pleno y la sesión formal se convierte en un trámite de ratificación. La agenda de cada sesión dejó de comunicarse con antelación a todos los magistrados: las tres magistradas que votan con la presidenta la conocen de antemano; quienes se oponen se enteran el día de la sesión.

«Ahí lo que hay es un funcionamiento unipersonal de ese organismo colegiado, o sea, contra la naturaleza de lo que es un organismo colegiado. La señora (Soriano) se reúne en el piso diez, algunas veces solo con la secretaria general y en otras con las tres magistradas. Ahí acuerdan la agenda y hasta llevan acuerdos escritos, solo para llegar a votar», narró una fuente.

Edificio TSE
La Asamblea Legislativa aprobó $10.2 millones para la compra del actual edificio del Tribunal Supremo Electoral (TSE). La magistratura anterior debía pagar canon de arrendamiento superior a $175,000 mensuales. /Cortesía Asamblea Legislativa.

Entre el 7 de octubre de 2024 y el 13 de febrero de 2025, el pleno del TSE aprobó más de una decena de acuerdos para avalar despidos, contrataciones y movimientos de personal dentro de la institución. La votación fue sistemáticamente la misma: cuatro votos a favor, uno en contra. El voto disidente era siempre el mismo: el magistrado Rubén Alvarado, propuesto por el FMLN.

Los acuerdos dieron el poder a Soriano para hacer contrataciones y despidos que afectaron al cuerpo técnico y operativo de áreas clave, a la directiva del Sindicato de Trabajadores del TSE (STRATSE) y, de manera especialmente grave, a la Dirección de Organización Electoral (DOE), la unidad encargada de planificar y ejecutar la logística electoral en territorio.

La posición de Alvarado tuvo consecuencias. Desde enero de 2025, los contratos de todo el personal asignado a su despacho y al de su suplente no fueron renovados. Fuentes internas del TSE describieron ese episodio como una represalia directa por sus votos en contra y señalaron que la amenaza de consecuencias similares opera como mecanismo de disciplina sobre quienes consideren disentir. 

El magistrado documentó este patrón en un voto razonado presentado ante el pleno el 13 de febrero de 2025, al que FOCOS tuvo acceso parcial. En ese escrito denunció “una progresiva eliminación de condiciones mínimas para ejercer sus funciones”, “la exclusión de la agenda” y el “vaciamiento” de su despacho.

Alvarado falleció el 14 de mayo de 2026, antes del cierre de esta investigación. Su suplente, Amílcar Claros, exdirector de Capacitación y Educación Cívica del TSE, asumió el cargo.

“Los dos magistrados han sido relegados al primer piso después de cuestionar la forma en que se toman acuerdos en el colegiado”, aseguró otra fuente, que pidió no ser nombrada como condición para dar su testimonio. Este medio constató con diversos empleados del TSE que el único magistrado que sigue en el primer nivel del edificio es Claros. 

Las limitaciones en el espacio también han sido una característica de la gestión de Soriano. Dos extrabajadores narraron cómo uno de los ascensores incluso dejó de funcionar para todos los empleados y se ocupaba exclusivamente para la presidencia. Otro trabajador aseguró que, antes de entregar su renuncia voluntaria, presenció cómo vigilantes armados comenzaron a impedir la libre circulación en el edificio. “Ella entraba al edificio con gente armada, como si fueran guardaespaldas”, dijo otro extrabajador. “Algo que no habíamos visto nunca aquí”.

«El Tribunal Supremo Electoral está cooptado por el partido de gobierno», afirmó Malcolm Cartagena, exempleado del área de Capacitación Electoral del TSE y reconocido experto electoral que vive en el exilio desde junio de 2025. 

Cartagena dirige actualmente el Centro de Monitoreo Político de Acción Ciudadana, organización no gubernamental que fiscaliza al TSE y a otras instituciones del Estado. A su criterio, la cooptación del tribunal se manifiesta “en las decisiones, en la opacidad de la institución y en la información que se publica a medias”. 

“Esta elección carece de integridad electoral por todas las acciones que ha venido cometiendo este organismo colegiado: el despido de trabajadores, la reserva de información y la ausencia de opiniones disidentes de los magistrados de ARENA y el FMLN ante las reformas constitucionales que alterarán toda la elección”, aseguró. “Ninguno ha alzado la voz públicamente, ni por los trabajadores despedidos ni por las irregularidades que hay dentro”.

Magistradas TSE
De izquierda a derecha: las magistradas Sofía Paniagua (CSJ), Cecilia Marroquín (ARENA), Karla Cecilia Guandique (CSJ) han apoyado a la presidenta del TSE en acuerdos para recortes de personal y contrataciones. /Cortesía TSE.

El mecanismo: una renuncia “voluntaria”

Los despidos de personal han sido una constante desde el día uno de la gestión de Soriano, según se consigna en varias notas periodísticas y testimonios de fuentes internas consultadas. 

Los nuevos magistrados tuvieron su primer pleno el 7 de octubre de 2024. Ese día, el director ejecutivo Luis Peralta Cerritos y la directora de Talento Humano, Claudia Luz Ramírez García, recibieron a los magistrados con una presentación sobre el estatus del tribunal. En esa misma reunión les pidieron su renuncia inmediata.

Los magistrados acordaron pedir la renuncia de nueve empleados en «cargos de confianza», directores y jefes de unidades, incluyendo a Peralta, Ramírez y al secretario general Erick Vides, nombrado durante el periodo de Dora Esmeralda Martínez de Barahona (2019-2024). El acuerdo se firmó con mayoría calificada: cuatro de cinco votos del pleno, a excepción del magistrado propuesto por el FMLN.

A partir de una reconstrucción con fuentes internas y exempleados, FOCOS logró identificar que entre los despedidos hay técnicos con décadas de experiencia en la organización de procesos electorales: el personal de capacitación, el equipo de cartografía, los responsables de registro, comunicaciones, tecnología y partidos políticos. Todas las direcciones fueron intervenidas. 

La siguiente semana, el 15 de octubre de 2024, el TSE acordó pedir la renuncia de la directora del Registro Electoral, Xiomara del Carmen Avilés Lizama, quien estuvo en ese cargo durante más de 26 años. 

El 11 de noviembre de 2024 se sumaron las solicitudes de renuncia de 29 técnicos de la institución. Al día siguiente, el STRATSE denunció en un comunicado que un grupo de trabajadores “con una larga trayectoria de servicio” fue despedido por decisión del organismo colegiado “irrespetando todos los procedimientos legales para dar por concluida cualquier relación laboral”. 

El grueso de los despidos, sin embargo, ocurrió el 6 de diciembre de 2024. La noche anterior, el STRATSE alertó a los empleados sobre los despidos masivos que se aproximaban. 

Malcolm Cartagena, quien se desempeñaba en ese momento como formador electoral, describió para FOCOS el principal mecanismo que utilizó el TSE para ejecutarlos: el artículo 30-A de la Ley del Servicio Civil, que regula la renuncia voluntaria. 

En lugar de una supresión de plazas –que habría otorgado una indemnización equivalente al sueldo mensual por cada año laborado–, el organismo colegiado envió a los empleados al Ministerio de Trabajo para que solicitaran el cálculo de su antigüedad, obtuvieran una hoja de liquidación y presentaran su renuncia voluntaria. A cambio, recibían medio salario mínimo por cada año laborado. 

La mayoría de estas renuncias, sin embargo, fueron forzosas. Quienes no se presentaban voluntariamente eran notificados personalmente del cese de sus funciones, con el bloqueo inmediato de sus equipos y accesos al sistema.

“Yo fui la primera persona que presentó su renuncia de los 150 que despidieron en el cuerpo técnico”, relató Cartagena, quien se adelantó al proceso al intuir que los despidos eran inminentes. «No me sentía cómodo trabajando en una institución donde no se respetaban las leyes”. 

Un miembro del STRATSE explicó a FOCOS que se trataba de personal con décadas de experiencia en la organización de elecciones, técnicos “del más alto nivel”. “Son gente que ha trabajado con todos los partidos sin ningún problema. Gente que seguía en el TSE llegara al partido que llegara. Que dirijan áreas clave no significa que los magistrados puedan disponer de ellas como quieran; debían seguirse los mecanismos de ley”, señaló otro exempleado.

A través de un comunicado publicado el 23 de diciembre, el STRATSE denunció el despido arbitrario de más de 150 trabajadores “por acuerdo de mayoría del organismo colegiado”. 

En esa ocasión, el sindicato denunció que el organismo colegiado interpretó de manera arbitraria las cláusulas del contrato colectivo del TSE. Las notificaciones enviadas a los empleados establecían como causal de no renovación de contratos que estos concluían “en la fecha en que termina el presupuesto para el periodo fiscal 2024″. El sindicato señaló que la Ley de Servicio Civil establece con claridad las causales para despedir o destituir a un empleado, y que ninguna de ellas contempla la no renovación de un contrato al vencimiento del presupuesto.

El comunicado también denunció que el 80 % de la junta directiva del STRATSE había sido afectada por la no renovación de contratos, lo que el sindicato calificó como una violación del artículo 47 de la Constitución, que prohíbe despedir, trasladar o desmejorar las condiciones laborales de los liderazgos sindicales sin causa calificada previamente por autoridad competente. 

El sindicato alertó, desde entonces, sobre las implicaciones que los despidos tendrán para la integridad del próximo proceso de elecciones de 2027.

Las piezas de Soriano

Para reemplazar a los directores y jefes de unidades, Soriano incorporó personal de su entorno más cercano: empleados con quienes trabajó durante su paso por la Corte de Cuentas de la República (CCR) y el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP). También sumó a exintegrantes del equipo que coordinó el vicepresidente Félix Ulloa para elaborar una fallida propuesta de reforma constitucional.

Según fuentes internas de la institución, las contrataciones fueron formalizadas mediante acuerdos redactados desde el despacho de la presidenta del TSE, y únicamente fueron sometidos al voto del pleno, sin ningún tipo de discusión. El resultado fue sistemáticamente el mismo: cuatro votos a favor de las magistradas de ARENA y CSJ, y Alvarado en contra. “Cuatro contra uno”, relató un empleado del TSE. “Muchas decisiones de esa época vienen en ese orden”, agregó.

Los nombramientos iniciales llegaron el 23 de octubre, en formato de listado para que el pleno pudiera avalar las contrataciones en conjunto. Una de las primeras designadas fue María Gabriela Ramos, quien asumió como secretaria general del TSE. 

Ramos se desempeñó como directora ejecutiva del IAIP durante la presidencia de Soriano en dicha entidad, pero su trayectoria también incluye vínculos previos con el Órgano Ejecutivo. En 2020 lideró la Oficina de Información y Respuesta (OIR) tanto en el Ministerio de Relaciones Exteriores como en la Corporación Salvadoreña de Inversiones (CORSAIN).

En la misma sesión, las magistradas avalaron la contratación de José Rodrigo Orellana Tobar como director ejecutivo del TSE. Orellana trabajó como colaborador jurídico de la Segunda Magistratura de la CCR desde 2005 hasta 2024, año en que Soriano salió de la Corte de Cuentas. 

En ese momento, Orellana reemplazó en el cargo a Luis Peralta, quien coordinó técnica y operativamente los proyectos electorales del tribunal de manera ininterrumpida desde 2011, atravesando las presidencias de Eugenio Chicas, Julio Olivo y Dora Esmeralda Martínez. 

Orellana, sin embargo, fue reemplazado por Héctor Larios, quien se desempeñó como director de Talento Humano del TSE desde noviembre de 2024. Según consta en documentación interna a la que FOCOS tuvo acceso, Larios firma actualmente como director ejecutivo y el nuevo encargado de recursos humanos es Joaquín Ernesto Portillo Mayén.

Portillo Mayén, según su perfil de LinkedIn, se desempeñó como director de Recursos Humanos en la Corte Suprema de Justicia desde abril de 2023 y fue coordinador administrativo del Banco de Desarrollo de El Salvador (BANDESAL) en 2022.

Bajo la nueva administración, las magistradas también designaron a Karennine Posada de Rivas como jefa jurisdiccional y de procuración. Posada llega al cargo para sustituir a Óscar Antonio Rivera Morales, quien durante los comicios de 2024 fue el responsable de custodiar las llaves necesarias para la activación del sistema de votación desde el extranjero.

Posada de Rivas, además de haber laborado en la Corte de Cuentas de la República, estuvo entre los abogados que aceptaron formar parte del Equipo Ad Hoc para el Estudio y Propuesta de Reformas a la Constitución de la República, coordinado por la Vicepresidencia de la República. Este proyecto de reforma impulsado por Félix Ulloa no logró el apoyo del oficialismo, que había volcado sus esfuerzos en la reelección de Nayib Bukele en 2024.

La jurisdiccional del TSE tiene a su cargo la supervisión de los procesos legales, la aplicación de justicia electoral y las garantías de los derechos políticos de los salvadoreños. Aprovechando estas atribuciones, Posada ha viajado al exterior como parte de una campaña institucional que busca informar a los salvadoreños de la diáspora que votarán en las elecciones generales de 2027.  

El TSE también nombró como director administrativo a Mario César Doratt Artero, quien trabajó en la Corte de Cuentas como coordinador administrativo en el periodo de Roxana Soriano. Según su perfil de LinkedIn, también se desempeñó desde 2003 como encargado de registro de establecimientos en el Centro Nacional de Registro (CNR), mientras fungió como técnico asesor de registro de empresas en el Ministerio de Trabajo. 

Desde su nueva posición en el TSE, ha estado encargado de verificar documentos para licitaciones y procesos de contratación institucional, en reemplazo de Jaime Alfonso Canizales Ramos, quien ostentaba ese cargo desde 2021 y fue degradado a subdirector administrativo.

La Contraloría General, además, fue asumida por César Augusto Peña Menjívar, un exempleado de la Corte de Cuentas hasta junio de 2024. También fue gerente de Auditoría Interna y jefe de Contabilidad del Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (Insaforp) entre 2003 y 2012. En documentación interna reciente, Peña Menjivar firma como jefe de la Dirección Financiera del TSE. 

Al ingresar a la institución, Peña sustituyó al contralor Alfonso Bonilla, quien denunció las fallas en las elecciones generales de 2024. En ese momento, a través de un informe exhaustivo, reveló los errores en la divulgación de datos y la puesta a cero del sistema de escrutinio, y cómo el Organismo Colegiado del TSE restringió el acceso a sus propios auditores internos al Centro Nacional de Procesamiento de Resultados (CNPRE) durante los comicios de ese año. 

Otro cargo que aparece en circulares de la institución es el de la actual directora de Compras Públicas, Lila Margarita Rosa de Lemus, quien también proviene de la CCR.

Rosa de Lemus participó en el proceso de elección para la Corte de Cuentas en noviembre de 2024 —debido a la vacante que dejó Roxana Soriano al renunciar para asumir como presidenta del TSE— y declaró ante la Comisión Política de la Asamblea Legislativa que laboraba como directora de Asuntos Jurídicos de la CCR desde hacía 11 meses. Es decir, fue nombrada en ese cargo durante el periodo de Roxana Soriano.

Esta contratación del TSE se realizó después de que Gema Lucrecia Padilla, exjefa de la Unidad de Compras Públicas, presentara su renuncia de manera voluntaria —sin la solicitud de los magistrados del TSE— el 2 de diciembre de 2024.

El exdirector de Comunicaciones de la CCR, Óscar René Silva —nombrado en ese cargo en el periodo de Soriano—, también fue contratado por el organismo colegiado. Funge, nuevamente, como director de Comunicaciones, esta vez del ente electoral.

FOCOS intentó documentar el alcance exacto de los cambios de personal a través de los mecanismos formales de transparencia. El 21 de octubre de 2025, este medio presentó ante la Unidad de Acceso a la Información Pública del TSE dos solicitudes: una para obtener las actas del pleno, los votos razonados de los magistrados y el detalle de despidos, renuncias y nuevas contrataciones ocurridos desde septiembre de 2024; y otra para conocer la nómina de titulares por dependencia, sus currículos y el número de trabajadores asignados a cada unidad, incluyendo la Dirección de Organización Electoral, el Registro Electoral y los despachos de cada magistrado. No se entregó ninguna información.

Puedes ver las solicitudes de información al TSE en este link: https://www.calameo.com/read/0082247147906a4214f9e

El TSE respondió nueve días después con dos resoluciones. Para las actas del pleno y los votos razonados, la institución dijo que “se están elaborando las versiones públicas”, sin comprometerse con una fecha de entrega. El TSE no ha publicado las actas de las reuniones de los magistrados desde diciembre de 2017. Para el detalle de despidos, contrataciones y estructura de personal —la información que habría permitido verificar de manera independiente la escala de los cambios—, el tribunal invocó la Ley para la Protección de Datos Personales y denegó el acceso.

A pesar de que el TSE se negó a informar sobre los despidos y contrataciones de personal, el presupuesto general del Estado deja un registro parcial de estos datos. Las plazas asignadas al tribunal año con año muestran una caída sostenida: de 604 plazas presupuestadas en 2023, el TSE pasó a 490 en 2024 —año en que Soriano asumió en septiembre, con un presupuesto ya aprobado que no era de su autoría— y a 324 en 2025, el primer ejercicio fiscal diseñado y ejecutado bajo su administración. Esto representa una reducción del 46 % respecto al pico de 2023. 

En 2026, el número subió a 413 plazas, lo que refleja el proceso de recontratación iniciado de cara a las elecciones de 2027. Aun así, la plantilla actual es 32 % menor que la de 2023 y está integrada en su mayoría por personal de reciente incorporación, sin la experiencia acumulada por quienes fueron desvinculados.

FOCOS buscó la versión del TSE y de cada empleado del TSE mencionado en esta investigación. Los descargos fueron enviados por correo electrónico al jefe de comunicaciones de la institución, a los correos de los cinco magistrados propietarios y a la Secretaría General. Ninguno respondió.

Al presentarse en las oficinas del tribunal para entregar los documentos a cada jefe de unidad señalado, la institución se negó a recibirlos. Primero argumentó que se requería copia ampliada del Documento Único de Identidad y teléfono de la persona solicitante; luego, cuando los documentos se presentaron en la ventanilla de la Secretaría General con esos requisitos, la encargada indicó que ninguno de los jefes de área podía bajar a recibirlos porque se encontraban en reuniones. La carta dirigida al organismo colegiado tampoco fue recibida.

Las piezas de Casa Presidencial

No todos los cambios respondieron a la voluntad de Soriano. Algunos ya estaban en el tablero antes de que ella llegara y permanecen en él a pesar de sus intentos de moverlos, relataron extrabajadores del TSE que laboraban en estas dependencias.

Ese es el caso de Ignacio Villagrán, jefe de la Unidad de Servicios Informáticos (USI) del TSE. Aunque Soriano solicitó su renuncia —como lo hizo con el resto de jefes de unidad al inicio de su gestión—, Villagrán no se fue. Fuentes internas del TSE indicaron que fue reubicado tras una reestructuración de la USI, ahora denominada Dirección de Tecnología e Innovación. Ahora funge como subdirector de la misma unidad, una degradación que le permitió mantenerse dentro de la institución.

Villagrán no es un funcionario técnico cualquiera. Antes de llegar al TSE, trabajó en la Secretaría de Innovación de Casa Presidencial desde noviembre de 2019 hasta enero de 2023, vínculo que omitió de su hoja de vida oficial, según documentos a los que FOCOS tuvo acceso en una investigación publicada en febrero de 2024. 

FOCOS documentó que Villagrán llegó al cargo de jefe de la USI a solo cinco meses de las elecciones generales de 2024, y que el equipo técnico que construyó bajo su dirección el sistema de transmisión y divulgación de resultados electorales estaba integrado en su mayoría por exempleados de la misma Secretaría de Innovación de la Presidencia.

El resultado fue el colapso del sistema la noche del 4 de febrero de 2024. Esa noche, Villagrán salió en cadena junto a la magistrada presidenta a declarar que todo marchaba bien. Minutos después, el portal de resultados comenzó a arrojar cifras imposibles: con el 22 % de actas procesadas, los votos contabilizados proyectaban un universo de 5.9 millones de votantes, una cifra superior al padrón nacional completo. El sistema de transmisión falló. El de contingencia también. El país estuvo cuatro días sin resultados electorales oficiales para la presidencia y más de doce para la Asamblea Legislativa, lo que obligó al reconteo manual voto por voto de las papeletas legislativas.

Villagrán no volvió a dar la cara hasta una semana después del colapso, custodiado por policías y sin aceptar preguntas. 

Ignacio Villagrán en el podio
Ignacio Villagrán, en la explicación de la puesta a cero del escrutinio para las elecciones legislativas./Cortesía TSE

La entonces magistrada presidenta, Dora Esmeralda Martínez, sugirió en ese período que podría haber existido un «boicot interno», pero ni ella ni el TSE han presentado denuncias formales ante la Fiscalía General de la República. Hasta la fecha, el tribunal no ha explicado qué falló y por qué.

Que Villagrán permanezca en su cargo, a pesar de la voluntad de la nueva presidenta del TSE de removerlo, es un dato que múltiples fuentes internas interpretan como señal de que su permanencia responde a una decisión tomada desde fuera del organismo electoral.

La pieza más valiosa: el registro de votantes

Si la trayectoria de Villagrán describe la puerta de entrada de CAPRES al corazón técnico del TSE, el perfil de Athalia Elizabeth Ganz Argueta plantea preguntas similares sobre el registro electoral: la nueva subdirectora de esa unidad es sobrina de Javier Argueta Gómez, quien fue asesor jurídico de Casa Presidencial y figura central en la destitución de los magistrados de la Sala de lo Constitucional el 1 de mayo de 2021.

Ganz Argueta, quien laboraba como técnica informática del Registro Electoral desde 2021, fue ascendida a subdirectora de esa unidad tras la renuncia de Xiomara del Carmen Avilés Lizama, quien se mantuvo en ese cargo durante al menos 26 años y lideró la organización de 14 jornadas electorales, desde 1996. 

La salida de Avilés, sin embargo, no fue voluntaria. El 15 de octubre de 2024, a las 5:00 de la tarde, personal del TSE se presentó en la Dirección de Registro Electoral con la instrucción de realizar un «inventario de auditoría de la Corte de Cuentas». Abrieron gavetas, retiraron documentos, decomisaron equipos y levantaron un acta de entrega. 

Avilés salió de la oficina que había ocupado por más de dos décadas escoltada por vigilantes, según extrabajadores del TSE. “La sacaron de su oficina y ellos mismos levantaron un acta de entrega”, comentó una de las fuentes.

René Torres y Xiomara Avilés
De izquierda a derecha: el exjefe de Servicios Informáticos, René Torres, y la exdirectora del Registro Electoral, Xiomara Avilés, reunidos con el expresidente del Registro Natural de Personas Naturales (RNPN), Federico Guillermo Guerrero, previo a las elecciones de 2019. /Cortesía RNPN

Según publicó Diario El Mundo, la presidenta del TSE pidió al pleno que Ganz Argueta fuera nombrada como directora de Registro Electoral; sin embargo, su experiencia laboral y credenciales únicamente le permitieron alcanzar el cargo de subjefa, aclaró una fuente interna del tribunal a FOCOS. 

Ganz Argueta comenzó a trabajar en el TSE el 7 de junio de 2021 como técnica informática del Registro Electoral por parte del despacho del exmagistrado Rubén Meléndez.

FOCOS estableció, a través de documentos del registro civil, que Athalia Elizabeth Ganz Argueta es hija de Ana Elizabeth Argueta de Ganz, hermana de Francisco Javier Argueta Gómez, el exasesor jurídico de Nayib Bukele.

Javier Argueta fue uno de los principales arquitectos del desmontaje institucional en El Salvador. Diseñó la estrategia de Casa Presidencial para la destitución de la Sala de lo Constitucional en 2021 y el nombramiento de magistrados afines que, ese mismo año, dieron luz verde a la reelección de Bukele, en contra de lo que establece la Constitución.

El 3 de septiembre de 2021, la Sala ordenó al TSE permitir la postulación de un presidente para un segundo mandato consecutivo, cambiando la interpretación del artículo 152 que exigía dejar transcurrir un periodo de 10 años antes de volver a competir. 

Argueta se aseguró de que el tribunal cumpliría con esta resolución incluso antes de que fuera pública, según reveló la revista GatoEncerrado

Horas antes de que se publicara la resolución, el asesor de Nayib Bukele convocó a cuatro de los cinco magistrados propietarios del TSE a una reunión en Casa Presidencial para conocer qué pensaban los funcionarios sobre la resolución que la Sala recién impuesta acababa de emitir para habilitar la reelección, un fallo que aún no era público, pero que la Presidencia ya conocía. 

Cinco años después, su sobrina trabaja como subjefa del Registro Electoral, la columna vertebral de cualquier proceso electoral. Esta es la unidad encargada de depurar y auditar, con información del Registro Nacional de Personas Naturales (RNPN) y de las alcaldías, el padrón de ciudadanos habilitados para votar en cada circunscripción. 

Como subjefa de esta unidad, Ganz Argueta puede supervisar la actualización y depuración del registro electoral –el cual define quiénes podrán votar y dónde podrán hacerlo– y colaborar en otras áreas estratégicas, como la elaboración de listados para integrar las Juntas Receptoras de Votos (JRV).

«Tener el control de estos datos es tener el control de la elección», señaló un técnico del TSE que fue desvinculado a finales de 2024.

Una de las fuentes internas del TSE consultadas por FOCOS advirtió, sin embargo, que el riesgo de manipulación del registro no proviene únicamente de la subdirección. El control más amplio sobre el organismo electoral, señalaron, se ejerce hoy desde la Asamblea Legislativa —dominada por Nuevas Ideas— incluso más que desde Casa Presidencial.

El Código Electoral no prohíbe la contratación de familiares de operadores políticos en el registro electoral; pero sí la de “cónyuges o parientes por adopción o dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad, con ninguno de los magistrados del TSE, presidente y vicepresidente de la República, presidente de la Asamblea Legislativa”, así como titulares de la CSJ, FGR y procuradurías.

FOCOS buscó la versión de Argueta Gómez sobre los hechos descritos en esta investigación: su rol en la reunión del 3 de septiembre de 2021 con magistrados del TSE y su vínculo familiar con la actual subdirectora del Registro Electoral. Los cuestionarios fueron enviados mediante mensajes directos a su cuenta de X y a su teléfono personal. Argueta Gómez no respondió al cierre de esta publicación.

También se envió un cuestionario a la subjefa del registro a su correo institucional en el TSE para conocer su versión sobre su proceso de designación, su trayectoria profesional y su vínculo familiar con el exasesor jurídico de Casa Presidencial. No hubo respuesta.

El costo del vaciamiento técnico

El segundo gran pilar afectado por los cambios en el TSE es la Dirección de Organización Electoral (DOE), la unidad técnica responsable de la logística de los comicios: centros de votación, materiales, personal temporal y la capacitación de las Juntas Receptoras de Votos. 

Si bien la unidad existe aún en la jerarquía del TSE, su operatividad fue reducida al mínimo a finales de 2024, según múltiples fuentes internas del tribunal, tras la renuncia forzada del ingeniero José Roberto Gómez Cruz, uno de los técnicos más experimentados del ente. Gómez Cruz acumuló más de dos décadas de trayectoria en el TSE, según memorias de labores publicadas por el organismo. Lideró la planificación técnica e institucional del tribunal entre 1990 y 2011, año en que fue nombrado director de la DOE, y estuvo de forma continua al frente de la logística, distribución de paquetes, cartografía electoral y adecuación de centros de votación durante 13 años.

La decisión, nuevamente, fue tomada de facto por la presidenta Soriano con el apoyo de las magistradas Marroquín, Guandique y Paniagua. 

Empleados de la DOE trabajan en el armado de 4,534 paquetes electorales, correspondientes a 11 departamentos del país, para la elección de presidente de la República y diputados a la Asamblea Legislativa de 2024./Cortesía TSE

La DOE quedó vacía. Una fuente que pidió anonimato señaló que la mayoría de técnicos se acogieron a un retiro voluntario para lograr “llevarse algo” después de décadas de trabajo. Llegó un punto en diciembre de 2024 en el que solo dos personas llegaban a la sede de la Dirección de Organización Electoral, ubicada en el distrito de San Marcos, al sureste de San Salvador. 

La negativa del TSE a entregar información sobre la estructura de personal de la DOE impidió a este medio verificar de manera independiente el número exacto de trabajadores activos en cada dependencia. Las cifras que aparecen en esta investigación provienen de fuentes internas del tribunal que pidieron no ser identificadas.

De cara a las elecciones de 2027, la DOE está volviendo a reactivarse. El TSE ha incorporado personal en distintas áreas, principalmente mediante contratos temporales, y continúa publicando concursos públicos para buscar colaboradores administrativos, encargados de logística, auxiliares de actualización cartográfica, auxiliares de distrito, electricistas y técnicos informáticos. Estas contrataciones se hacen de forma unánime, ante la necesidad urgente de personal. 

Fuentes internas del tribunal describieron a este medio una situación que consideran de alto riesgo: las personas que sabían cómo hacer funcionar una elección —no solo lo que decían los manuales, sino la práctica acumulada en cada detalle logístico— se fueron con los despidos. “Lo que quedó escrito puede copiarse, pero lo que estaba en la cabeza de los técnicos, no. Ellos se lo llevan cuando se van”, aseguró un trabajador que continúa dentro del TSE, pero pidió no ser identificado para evitar represalias.

La misma preocupación alcanza al Registro Electoral y al área de capacitación, dos de las unidades que, según fuentes internas, quedaron más disminuidas en personal técnico con experiencia y que están incorporando nuevos empleados con el calendario electoral ya en marcha.

«Las áreas fundamentales para organizar una elección son la Unidad de Servicios Informáticos, la DOE y Capacitación Electoral», afirmó Malcolm Cartagena, exempleado del área de Capacitación Electoral del TSE y coordinador del Centro de Monitoreo de Acción Ciudadana.

 «La USI es trascendental porque diseña todo el sistema de transmisión de resultados. Capacitación porque es la que forma a las 80,000 o 90,000 juntas receptoras de voto: si no hay experiencia en la elaboración de materiales, en la pedagogía, en cómo dar las charlas, se va a capacitar mal a la gente. Y la DOE porque ahí se definen las rutas de entrega y recepción del paquete electoral, todo el armado, el traslado de materiales y la adecuación de los centros de votación. Todo esto falló en 2024 con gente con experiencia. No digamos ahora con gente sin experiencia al frente.»

La DOE también cuenta con un nuevo delegado: Romeo Auerbach. En mayo de 2026, La Prensa Gráfica reveló que el TSE acordó incorporar al exdiputado de GANA, partido que en 2019 prestó su estructura para que Nayib Bukele llegara a la presidencia. 

Auerbach ejerció como subdirector de Logística Electoral en el propio TSE antes de asumir su curul legislativa. Su contratación, sin embargo, presenta al menos dos problemas legales documentados. 

El primero: en 2022, Auerbach se acogió al decreto de retiro voluntario del TSE, norma que establece una prohibición de cinco años para reingresar a laborar en la institución —plazo que no se cumplirá hasta febrero de 2027, es decir, después de las elecciones generales. El segundo: el artículo 184 del Código Electoral prohíbe a los funcionarios y empleados públicos hacer propaganda política partidista o prevalerse de su cargo para ello. Auerbach, sin embargo, se ha desempeñado simultáneamente como comentador político en medios de comunicación y redes sociales, con posicionamientos sistemáticamente favorables a Nuevas Ideas.

Los registros públicos de sus cuentas en redes sociales y sus transmisiones en YouTube muestran que Auerbach ha continuado ejerciendo ese rol de forma activa ya como empleado del TSE. El 19 de junio de 2026, desde su cuenta de X, respondió a quienes denuncian condiciones desiguales para las próximas elecciones: “Dejen de andar chillando y hablando de que les van a hacer fraude. Mejor busquen con tiempo a los nueve mil vigilantes para las mesas”, escribió, refiriéndose a los partidos de oposición como “chiquitinada”. 

Cuatro días después, en una transmisión en vivo en su canal de YouTube, dedicó media hora a defender la gestión del Gobierno y a sugerir que los votos que aún obtienen ARENA y el FMLN provienen en su mayoría de familiares de pandilleros. “Entre pandilleros, colaboradores y familiares se calcula que hay 500,000 personas (…). Entre ARENA y FMLN sacaron 423,277 votos. Qué casualidad…”, afirmó. Auerbach no aclaró de dónde obtuvo el número de pandilleros activos e ignoró que, según la propaganda gubernamental, más de 92,000 personas han sido capturadas por supuestos vínculos con pandillas durante el régimen de excepción.

Fuentes internas del TSE confirmaron a FOCOS la contratación de Auerbach. El TSE también publicó una fotografía oficial del organismo en la que el exdiputado aparece participando en una prueba interna del sistema de transmisión de Juntas Receptoras de Votos, realizada el 25 de mayo de 2026 de cara a los comicios. 

Auerbach en simulacro de JRV
El exdiputado de GANA y opinador político oficialista, Romeo Auerbach (de gris, a la derecha), durante una prueba interna al Sistema de Transmisión de JRV, el 25 de mayo de 2026./ Cortesía TSE

La contratación de Auerbach no pasó inadvertida dentro de la Junta de Vigilancia Electoral (JVE). Directores de varios partidos con representación en ese organismo cuestionaron formalmente su incorporación en una reunión con la magistrada presidenta. La respuesta de Soriano fue que Auerbach no ocupa un cargo directivo en la DOE y que fue contratado “por sus méritos”. Al cierre de esta investigación, Auerbach continúa en funciones.

FOCOS intentó contactar a Romeo Auerbach a través de mensajes a su teléfono personal para que explicara bajo qué fundamento legal fue autorizada su contratación y si considera que sus posturas políticas no afectan su investidura como funcionario del TSE. No se obtuvo respuesta.

Controlar a quienes fiscalizan: la JVE

El intento de Nuevas Ideas por controlar el proceso electoral no se limita al personal interno del TSE: también alcanzó a la Junta de Vigilancia Electoral (JVE), el organismo integrado por representantes de todos los partidos políticos activos, encargado de supervisar todas las actividades del tribunal, el registro electoral y la contratación de tecnología para la elección.

Según fuentes que conversaron con FOCOS, las decisiones al interior de la JVE se toman en bloque a favor de Nuevas Ideas, con el apoyo del Partido de Conciliación Nacional (PCN), el Partido Demócrata Cristiano (PDC), Fuerza Solidaria y Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA). 

Los principales partidos de oposición, ARENA y FMLN, tampoco tienen una postura que cuestione abiertamente al oficialismo, afirmaron.

En declaraciones previas a Diario El Salvador, el director propietario del FMLN en la JVE, Irvin Sorto, aseguró que existe “accesibilidad” en el organismo colegiado, y especialmente desde el despacho de Soriano. “La señora presidenta nos ha dado un trato muy especial y está respetando todo lo que la ley dice, y nos está dando participación para hacer la fiscalización en el país y afuera (…). Cuando usted deja los colores a un lado, todo sale súper bien”, indicó Sorto.

En la misma publicación del medio de Casa Presidencial, el director de la JVE por ARENA, Selim Alabi, afirmó que la JVE desarrolla un trabajo “coordinado y articulado” con la presidencia del TSE. 

Consultado al respecto por FOCOS, Alabi matizó esa valoración: reconoció que la JVE ha recibido equipo informático y que existe disposición del tribunal para reunirse, pero admitió que “actualmente la Junta de Vigilancia Electoral no cuenta con los recursos materiales, técnicos y financieros suficientes para desarrollar plenamente la función fiscalización que le asigna la ley”.

La principal limitación, dijo, es la falta de recursos para contratar personal especializado y realizar “auditorías informáticas independientes sobre los diferentes componentes del proceso electoral”.

Dos fuentes de la JVE coincidieron en que el organismo colegiado no garantiza todas las condiciones para que los partidos puedan ejercer su fiscalización. “Hay equipo informático para la JVE que está desde 2002. Desde esas computadoras no puede hacerse nada”, indicó una fuente que pidió anonimato por temor a represalias.

Para mejorar sus condiciones, la JVE pidió al pleno un refuerzo presupuestario de $633,172.69, según publicó La Prensa Gráfica. Sin embargo, el organismo colegiado le solicitó disminuir el requerimiento a cambio de otorgar equipos que el TSE ya no utilizará en otras dependencias, puesto que la institución planea renovar todo su inventario. A cambio, la JVE pedirá solo $531,805 adicionales para llevar a cabo sus operaciones hasta diciembre.

El organismo colegiado también ha tratado de intervenir en la contratación de los delegados partidarios de la JVE, según relataron fuentes internas de la junta.

El 20 de febrero de 2026, la JVE fue convocada a una reunión donde la presidenta Soriano expuso un acuerdo —ya firmado con el resto de magistradas— para que fuera el organismo quien contratara directamente a los delegados electorales de cada partido. Esos delegados son, por definición, personas de confianza de cada organización política, designadas para fiscalizar el proceso desde adentro. 

“Lo que nos dijeron fue que se hará a través de una plataforma pública, para garantizar transparencia. Lo pintaron como un avance tecnológico, algo muy bonito y novedoso; pero en el fondo, busca quitar la atribución para contratar a personal de confianza de todos los partidos”, aseguró una fuente, en condición de anonimato.

Magistrada TSE
Magistrada Roxana Soriano encabeza reunión del organismo colegiado con integrantes de la Junta de Vigilancia Electoral (JVE) y cuerpo técnico del TSE el 9 de junio de 2026. /Cortesía TSE.

Otra fuente agregó que la contratación de delegados de la JVE, quienes tienen a su cargo apoyar las labores de fiscalización de los partidos, “siempre ha sido directamente desde los partidos políticos”. “Es para asegurarse de tener ojos en todo el proceso”, explicó.

El representante de ARENA ante la JVE confirmó la presentación de una plataforma administrada por el tribunal para contratar a delegados de partidos desde el organismo colegiado. “Manifesté de forma expresa que el personal técnico que realiza funciones de fiscalización para la Junta debe ser seleccionado por la propia Junta”, dijo. Según Alabi, su posición –respaldada por el resto de partidos opositores– fue acatada y los delegados de la JVE quedaron excluidos del sistema del TSE.

Sin embargo, el propio Alabi reconoció que el organismo colegiado delegó en la presidenta Soriano la facultad de efectuar contrataciones institucionales, y que “existen comentarios y percepciones dentro del ámbito político y del propio Tribunal respecto de que el personal contratado mantiene vínculos o afinidad con el partido oficialista”.

“Si esas percepciones llegaran a confirmarse”, advirtió, “ello podría debilitar el principio de control interpartidario que caracteriza nuestro sistema electoral”.

FOCOS buscó la postura de los representantes de los principales partidos de oposición, ARENA y FMLN, sobre los hechos documentados en esta sección. Ninguno respondió. Una solicitud de entrevista enviada a Manuel Flores, secretario general del FMLN, fue recibida por la unidad de comunicaciones del partido, pero se aclaró que no habría postura oficial debido a que se encontraba enfermo. Al solicitar una declaración de la Comisión Política del partido, la respuesta fue que el único habilitado para sentar postura es Flores. 

Carlos García Saade, presidente del Consejo Ejecutivo Nacional de ARENA (COENA), tampoco respondió. A través de su asistente, indicó que no tenía disponibilidad para atender entrevistas debido a que se encuentra de lleno en la organización de las elecciones internas del partido.

El TSE que viene: sin partidos y sin control

Lo que está en juego en 2027 no es una elección ordinaria. El 31 de julio de 2025, la Asamblea Legislativa aprobó un paquete de reformas constitucionales que rediseñan las reglas del juego electoral a medida del partido en el poder. 

Las reformas habilitaron la reelección presidencial consecutiva e indefinida, ampliaron el mandato presidencial de cinco a seis años, unificaron el calendario electoral para que los comicios presidenciales, legislativos y municipales coincidan desde 2027, y eliminaron el requisito de segunda vuelta, permitiendo ganar la presidencia con mayoría simple.

El efecto combinado es claro: Nayib Bukele puede competir en febrero de 2027, ganar con pluralidad de votos sin necesidad de segunda vuelta y mantenerse en el poder hasta 2033. Si compite de nuevo en 2033 y gana, podría continuar hasta 2039. No hay techo constitucional.

Nayib Bukele
Nayib Bukele confirmó su postulación a un tercer mandato presidencial el 28 de junio de 2026. /Cortesía Nuevas Ideas

Ese es el proceso que supervisará el TSE que hoy gobierna Roxana Soriano, un organismo en el que las decisiones se toman en el décimo piso antes de bajar al pleno, en el que la unidad que organiza las elecciones ha sido vaciada y en el que el registro de votantes quedó bajo el control de alguien del entorno directo del ex asesor jurídico de Casa Presidencial.

Es, además, la última elección que hará un TSE conformado según el diseño constitucional que dejaron los Acuerdos de Paz. 

El 30 de abril de 2026, la Asamblea Legislativa reformó de manera exprés el artículo 208 de la Constitución, el que define cómo se elige a los magistrados del organismo electoral. La iniciativa la presentó Ernesto Castro, presidente del Legislativo, con el argumento de «homologar» la elección del TSE con la de otras instituciones de segundo grado, como la Corte Suprema de Justicia, la Corte de Cuentas, la Fiscalía, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República.

Lo que la reforma hace en la práctica es distinto: elimina el derecho de los partidos políticos a proponer tres de los cinco magistrados del TSE. Hasta ahora, esa facultad garantizaba que las fuerzas en competencia tuvieran voz en la composición del árbitro que las iba a juzgar. 

Con el nuevo texto constitucional, los tres magistrados que antes proponían los partidos serán elegidos directamente por la Asamblea Legislativa a partir de candidatos que presenten sus atestados ante ese mismo órgano. Los dos restantes seguirán siendo propuestos por la Corte Suprema de Justicia, también intervenida desde el 1 de mayo de 2021.

Durante la plenaria, el diputado de Nuevas Ideas Caleb Navarro defendió la reforma argumentando que el sistema anterior era un «reparto de cuotas» en el que los partidos podían imponer a candidatos que «ni siquiera conocían la ley electoral». El argumento omite lo evidente: que la participación de los partidos en la composición del árbitro no era una anomalía del sistema sino su razón de ser.

Malcolm Cartagena, quien desde organizaciones de la sociedad civil ha promovido durante años la despartidización del TSE, estableció una distinción que el argumento oficialista no hace: «Lo que se ha promovido es que el tribunal no responda a intereses de un partido político, no que los partidos no puedan tener representantes en la institución”, señaló.

Hay ejemplos en América Latina de organismos electorales integrados por personeros propuestos por los partidos que funcionan con independencia y buena calificación, como en Uruguay, indicó. Pero lo que está ocurriendo en El Salvador “no es una despartidización, es una partidización a un solo lado”. 

“En un contexto en que el Ejecutivo controla todas las entidades del Estado y no hay balance de poder, quitarles a los partidos la opción de participar en el TSE simplemente refuerza el autoritarismo”, aseguró.

La reforma aplica a partir de 2027, cuando concluyen las funciones de los magistrados actuales, entre ellos Soriano, cuyo periodo fue recortado por las mismas reformas constitucionales de julio de 2025 que adelantaron las elecciones presidenciales y ampliaron el mandato a seis años. 

El TSE que organice las elecciones en las que Bukele busque su siguiente mandato será elegido por la misma Asamblea que aprobó su reelección indefinida.

Esta investigación ha sido retomada de FOCOS, donde fue publicada por primera vez el 2 de julio de 2026.

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Cartas desde el inframundo

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Hola, papá, ¿cómo estás? Decile a mi tía que gracias por sus plegarias. Me alegró mucho saber de ustedes. 

En el paquete me ponen gelatina para el pelo, dos lociones baratas, un par de zapatos talla 9 para jugar fútbol sala, 2 camisas Samias XL, 2 calzonetas blancas con bolsas. Si pueden, háganme ese favor. Regálenle $50 al amigo que les entregue este escrito, por fa.

Cualquier cosa que sepan del proceso, háganmelo saber, por fa. ¿Qué pasará después del 25?, ¿Termina el decreto?, ¿Hay posibilidades de salir libre?, ¿Cómo está la cosa?

Bueno, te voy a contar algo… José ya no está con nosotros. Hace unos días lo llevaron para otro sector, ahí donde entregan ustedes los paquetes. Él está enfermo. Te digo para que le avisen a la familia porque ya días no recibe paquete y aquí yo le ayudaba.

Si pueden hablen con la familia para que lo ayuden hoy que pueden. Ya con flores y con tumbas va a ser por gusto.

Él salió varias veces al Hospital Saldaña y le sacaron agua de los pulmones, eso le provocaba calenturas y dolor y no quería comer esta comida basura que dan acá, macarrones y arroz apestosos a rincón, más de tres años con esto.

Es triste estar abandonado aquí. Sin la familia se sufre bastante. Yo les agradezco. Puya, sin ustedes esta carga sería más difícil.

El paquete y el depósito es un abrazo a la distancia y un mensaje de que están bien. Yo los amo y los extraño cada día.

Bueno, me despido. Los amo. Manden un par de fotos, por fa. Quiero verlos.

***

I. Pruebas de vida

En un país donde el régimen de excepción ya no es excepción, sino parte del paisaje, las cárceles también producen algo escaso: noticias. Son cartas escritas a mano que atraviesan muros de concreto gracias a una red informal que las familias conocen como los cables. Para muchos familiares, esos papeles doblados y gastados, enviados casi siempre por fotos a través de WhatsApp, son la única señal de que alguien sigue vivo.

La lista de encargos —lociones baratas, camisas, calzonetas— no es un simple capricho. Es parte de la vida cotidiana dentro de prisión: una forma de resolver necesidades básicas y de sostener cierta normalidad dentro de un sistema que tiende a reducir a los detenidos a números de expediente.

El equipo de redacción de Ciclos CAP tuvo acceso a cinco cartas de las decenas que reos de distintos centros penales de El Salvador enviaron a sus familias entre 2022 y 2025, en el marco del régimen de excepción, que en mayo de 2026 sumó 51 prórrogas aprobadas por la Asamblea Legislativa. Estas cartas por las que las familias suelen pagar entre cincuenta y doscientos dólares, dependiendo de las condiciones impuestas por los intermediarios, son muchas veces la única prueba de vida de personas encarceladas dentro de un sistema que ha detenido a casi 91,000 personas y en el que, según registros de Socorro Jurídico Humanitario, han fallecido 519 reos bajo custodia estatal hasta marzo pasado.

Leídas en conjunto, estas cartas permiten identificar patrones comunes. Son textos escritos con poco tiempo y bajo vigilancia, donde se mezclan mensajes afectivos con información práctica: pedidos de paquetes o depósitos, consultas sobre el proceso judicial y noticias breves sobre otros detenidos. Se repiten fórmulas tranquilizadoras como “estoy bien” o “no se preocupen”, mientras que casi no aparecen referencias directas a castigos o violencia. En su lugar, se mencionan las condiciones del encierro de forma indirecta: se habla del cansancio, de la enfermedad o de la calidad de la comida.

Las cartas también funcionan como un boletín desde dentro. El aviso sobre un compañero enfermo o trasladado. Ese nombre de quien ya no está con ellos es muchas veces la única forma de alertar a las familias. Mientras afuera el debate público se reduce a dos posturas sin tonos medios como estar a favor o en contra del régimen de excepción, dentro circulan noticias mínimas: quién enfermó, quién fue movido de sector, quién dejó de recibir paquetes.

El preso lo sabe: cuando el paquete o el depósito deja de llegar, la situación puede volverse más caótica. Su súplica por el compañero enfermo —“ya con flores y con tumbas va a ser por gusto”— es también una advertencia para que la ayuda llegue antes que el abandono.

«No me vayan a dejar abandonado. Quiero hallarlas con vida»

Hola, ¿Cómo estás? Espero estés bien. Te escribo de nuevo para decirte que recibí tu respuesta y les escribo para darles las gracias a mi mamá y a mi abuela, y en especial a vos, por estar al pendiente de mí y de mi abuela. Gracias por cuidarla. No tengo cómo pagarte, amor.

Y te escribo para decirte que la respuesta me la dieron en mayo. Aquí yo pagué $15.00 en producto de tienda y el producto lo pagué con los 300 cafés que me mandaron y me vinieron 12 sopas. Solo las prestobarbas no me las dieron, me las robaron. Solo venían los manguillos.

Hoy quiero decirte esto: en mayo llevo audiencia por el proceso anterior de la redada porque me reabrieron el caso. 

Quiero que le digás a mi mamá y a mi abuela que coman, que no pasen solo pensando en mí. Cuando yo salga, espero hallarlas con vida. Les pido por favor, no me vayan a dejar abandonado.

Quisiera saber qué saben ustedes de mi proceso y quiero saber qué se oye del régimen porque aquí no nos dicen nada.

Quiero que me hagás un favor. Aquí está un brother, Esteban, amigo mío que me conoce y conoce a tu sobrino, y él me pide que le hagás un favor: que vayás donde la familia. Decile que el papá del niño manda a decirle que se comunique con los hermanos de mi brother o con la mamá, que le digan que él está bien, pero manda a decir que si le pueden poner paquete cuando puedan y decile que ella le cuide a su niño. Él quiere saber cómo se encuentra su hijo.

Solo $50.00 vas a pagar. Espero tu respuesta, amor. Gracias por todo.

Quiero que me mandés una foto de mi abuela, una tuya y una de mi mamá, para poderlas ver, pero mandalas, solo así las puedo ver. Cuídense mucho.

A veces creo que de aquí no me voy a ir, pero siempre pienso en mi abuela, en mi mamá y en vos y eso es lo que me da fuerzas para seguir adelante.

TE AMO.

Recuerden ponerme un mes al pin y otro mes, paquete.

***

Ante la desesperación por la falta de noticias sobre los detenidos, las familias tienen que pagar por recibir pruebas de vida desde las cárceles salvadoreñas. Ilustración / Diego Orellana

II. Los cables 

Detrás de cada carta que logra llegar a los familiares de los privados de libertad se ha establecido un negocio: intermediarios conocidos de manera informal como “cables”.

¿Quiénes son estas personas? No son una red solidaria gratuita. Son un grupo de empleados del sistema penitenciario que establecen contacto con las familias para proponerles el intercambio de cartas. Son un grupo de operadores que imponen las tarifas y condiciones: «El viernes entro de turno, por si quieren responder», escribió uno de ellos a una de las familias.

Los cables rara vez dejan rastro. Funcionan con otra red de personas, que bien pueden ser amigos, amigas, esposas, o cualquier persona vinculada a ellos de manera directa, sin ser empleados formales del sistema penitenciario —no aparecen en los registros del Seguro Social— y que reciben el dinero en cuentas bancarias sin poner nunca un pie en un penal.

Tal es el caso de la esposa de un custodio que ofrece el servicio, explota la desesperación desde fuera, usando información privilegiada; la familia paga además de la carta por el permiso, que no se dice de manera directa, de no ser delatados.

A pesar de la manera oculta en la que funciona este sistema y de la extorsión por información, la carta que finalmente llega posee una cualidad casi sagrada: es la prueba de que un ser querido sigue existiendo dentro del centro penal. No importa si el texto es un inventario de necesidades o una declaración de amor contenida. En un país donde la Ley de Acceso a la Información Pública fue sepultada con la llegada del gobierno en turno, las cartas se convierten en el único parte médico, el único boletín judicial y la única visita familiar posible.

«Hay un tiempo para abstenerse de abrazar, y luego tiempo de reír y abrazar»

Querida y amada madre: Dios Todopoderoso me la tenga con bien, es mi mayor anhelo. En este día tan especial que Dios trajo al mundo la madre tan única y especial como tú, palabras me hacen falta para expresarte nuestro agradecimiento, de mi hermano y yo, Antonio. Es tan difícil de creer, madre, que este es el quinto cumpleaños de no poder estar a su lado, pero al saber que está bien de salud y pilitas siempre nos alegra el corazón, en todo este tiempo que estamos separados. Tenía esperanza de estar este cumple juntos, pero Dios no lo ha permitido aún. Sin embargo, cuando ese día de nuestro reencuentro suceda tendremos tiempo para recobrar este tiempo ausente; como dice el libro de Eclesiastés, hay un tiempo para llorar, abstenerse de abrazar y luego tiempo de reír y abrazar.

Sé que este proceso ha sido duro para usted y nosotros, y aún a veces sigo sin entender, pero es cuando pido a Dios paz, fortaleza y salud para todos nosotros. En lo personal, estos días me he sentido con sentimientos encontrados, pues aún albergo la esperanza si no esta navidad de que pronto estaremos juntos. He soñado varias veces acerca de este reencuentro y con certeza puedo decir que tendremos tiempos aún mejores que antes. La extraño tanto, hablar con usted, sus regaños, consejos.

Roberto también le manda un beso y fuerte abrazo. Gracias a usted y Caro por no dejarnos y creer en nosotros. Dios la bendiga y me le conceda salud, paz y bendiga el fruto de sus manos. Espero que esta nota le llegue, ya que cuesta un poco poder darle esto a la persona. Se dice que estaremos hasta el 19 de este mes por acá, es que pregunten aquí al muchacho cualquier cosa y me lo hace saber. Este día quiero que se olvide de todo un momento. Le demos gracias a Dios y la pase bien, que pronto todos estaremos juntos. La amamos mucho, madre. La extrañamos y le mandamos un fuerte abrazo. Feliz cumpleaños mi querida mamá.

Roberto y Antonio, sus hijos.

III. Los destinatarios

Quienes escriben son hombres de entre veintitantos y cuarenta y tantos años, detenidos hace cuatro años por algo que nunca quedó claro para la mayoría. Pero lo que no sabe ninguno de ellos cuando escriben desde adentro, es lo que pasa en las afueras. No saben que sus madres han dejado de comer o que la abuela, esa por la que piden que cuiden, ya no necesariamente recuerda todo como antes. O que la tía de alguno ha muerto de alguna enfermedad mientras ellos siguen pidiendo que la mantengan viva hasta su regreso.

Ellos escriben para dar las gracias, para pedir cosas de primera necesidad, para saber del proceso judicial. Quienes reciben esas cartas las leen con ansiedad, las leen a solas, en familia o le piden a alguien de confianza que las lea por ellos. Para estas familias, una carta no es solo un mensaje: es una prueba de que su hijo, padre o compañero de vida sigue existiendo. Es la confirmación de que no está en una fosa común, de que no murió de una infección tratable, de que no desapareció en algún traslado del que nunca se informa. Es lo que los mantiene vivos también a ellos.

La mayoría de destinatarios son mujeres, cuya salud mental depende de esa mínima conexión. Ana, la madre de un privado de libertad, padeció una depresión que la llevó al borde del abismo. Dejó de bañarse, de comer, de peinarse. Pasaba días encerrada, sin querer ver a nadie. Su esposo, lejos de sostenerla, se volvió violento. Su madre, una anciana ciega, tuvo que irse a vivir con la exnuera porque Ana ya no podía cuidar de nadie, ni siquiera de sí misma. Un día Ana intentó suicidarse. No lo logró. Dice que escuchó la voz de su hijo llamándola desde la puerta y eso la detuvo. O tal vez fue solo el instinto.

«Me corté el pelo con una tijera. No me bañaba, no comía, no me peinaba, no quería oír bulla, pasaba solo encerrada. Mi esposo se metió con otra mujer. Yo sentía que no había sido una buena madre para mi hijo. Dudé que Dios existía por tantas cosas que hemos vivido», relata.

No es un caso aislado. En reuniones de comités de familiares, muchas madres describen experiencias similares: depresión, pérdida de peso, problemas de salud y un desgaste emocional acumulado durante años de incertidumbre. En esos espacios comparten la poca información que logran obtener sobre sus hijos detenidos y esperan nuevas noticias. Para muchas, recibir una carta es la única confirmación de que sus hijos siguen con vida.

Delmi, desde Estados Unidos, lo explica con otras palabras: «Yo estoy siendo rentada por el régimen de Bukele. Todo el dinero que yo tenía para mi retiro, todos mis ahorros ahora van para el régimen porque no les da comida a mis hijos. Yo tengo que mandar de mi dinero ahorrado para cubrir la necesidad y cuidar de mis hijos». Ella envía dos mil dólares al mes, paga abogados, sostiene a las esposas y a los hijos que sus hijos dejaron. 

La manera de cubrir las necesidades de los privados de libertad puede ser a través de dos vías: paquetes o pines. Los primeros consisten en bolsas llenas de insumos de primera necesidad, higiene, ropa y comida. Estos paquetes, según relata Ana, están valorados en 120 dólares. Eso debe ser complementado con un depósito de 20 dólares, a través de un pin vinculado a cada reo.

Para Delmi o Ana, así como para muchas otras madres, los montos solicitados resultan inalcanzables y no puede costearse mes a mes, por lo que tiene que fraccionar la ayuda: un mes envían el paquete y al siguiente realizan el depósito con el pin correspondiente, en un intento para que sus hijos no queden en el desamparo.

“A veces he enviado paquetes y no me los reciben porque no están valorados en $120 dólares. Ellos dicen que el sistema no los agarra así. Una vez le pregunté a un muchacho y me dijo que  le piden eso a uno porque hay gente que nadie les trae, entonces, se les saca para darles un poquito a los que no tiene”, cuenta Ana.

Más que el dinero con el que sostienen al régimen de excepción, a estas familias les duele la incertidumbre. Les duele que la única forma de tener noticias de sus familiares sea pagarle a un custodio, arriesgarse a una estafa, o depender de la buena voluntad de un desconocido que un día puede desaparecer con el próximo mensaje.

Las cartas circulan por vías informales. Las familias las leen repetidamente, las guardan y vuelven a ellas cuando pasan largos periodos sin noticias. Para quienes las reciben, esas cartas funcionan como el único vínculo. En un contexto donde la información oficial es escasa y los procesos judiciales avanzan con lentitud, estos mensajes se convierten en la única forma de saber cómo están sus familiares y si continúan con vida.

La mayoría de destinatarias de las cartas son mujeres, que han enfrentado depresión, pérdida de peso, problemas de salud y un desgaste emocional acumulado durante años de incertidumbre. Ilustración / Diego Orellana

«Aquí el café es la moneda de cambio»

Papá, me ponen 200 cafés en el paquete a mí también, por fa. Es que fíjate que aquí el café no es solo para tomarlo: es lo que usamos para todo. Aquí adentro el café es la moneda de cambio: podemos comprar sodas, jugos o cualquier cosa que vendan en la tienda, y también sirve para pagar favores o resolver cosas cuando uno lo necesita. Por eso es que lo mandamos a pedir.

Para que te hagás una idea de cómo funciona, aquí yo pagué 15 dólares en producto de tienda, pero no usé dinero: lo pagué con los 300 cafés Riko que me mandaron. Aquí uno ya no piensa en dólares, sino en cuántos cafés cuesta cada cosa.

Mándelos así, regados en la bolsa grande donde viene el paquete, porque así pasan mejor. Siempre poneme también 4 prestobarbas de doble hoja, que sean de las BIC verdes, de las que traen jabón, o de las Gillette doble hoja. Eso aquí siempre hace falta.

***

IV. El café, la moneda de cambio

Dentro de las cárceles salvadoreñas no circula dinero en efectivo, pero existe una moneda de intercambio: el café. Los sobres de marcas como Musún o Riko se han convertido en el principal medio para comprar o pagar favores dentro de los penales. Los reclusos los utilizan para adquirir comida adicional, artículos de higiene o ropa.

Las familias lo saben y suelen enviarlo en los paquetes autorizados. Los presos piden cantidades específicas y una marca determinada, principalmente Riko, porque es la que tiene mayor aceptación dentro de los penales. En las cartas también se repite una instrucción: enviar los sobres “regados en la bolsa”, es decir, distribuidos dentro del paquete para evitar que sean decomisados durante las revisiones.

El café también se utiliza para pagar favores que permiten la comunicación con el exterior. Una madre relató que su hijo pactó con un supuesto enfermero el envío de una carta a cambio de veinte dólares en café dentro del penal. En la respuesta que ella recibió, su hijo resumió la lógica de ese sistema en una frase: “El café es oro, mamá. Mándeme lo más que pueda”.

La circulación de café sostiene gran parte del intercambio interno. “El café para mí era el dinero. Con el café compramos lo que queremos allá adentro”, relata Miguel, quien estuvo recluido en un penal y recuperó su libertad este año.

Según él, un sobre de café cuesta alrededor de 16 centavos de dólar en la tienda penitenciaria y entre reclusos se intercambia a unos 20 centavos. Los precios de los productos se calculan en sobres: un par de sandalias o una camisa pueden costar unos 15 sobres; una rasuradora, entre 8 y 12.

El café también funciona como una forma de subsistencia para los reclusos que no reciben apoyo familiar. Dentro del penal se les conoce como “rusos”, un término utilizado para referirse a quienes no reciben paquetes ni visitas. 

Muchos de los reclusos venden la comida que reciben en el penal a cambio de café, que luego utilizan para comprar jabón, ropa u otros artículos básicos. “Es triste que por tres miserables cafés tengan que entregar un plato de comida”, recuerda Miguel.

***

“Voy a entrar a ‘Cero Ocio’. Dicen que es cansado, pero uno vuelve a ver el sol”

Hola, mamá, y hola a todos. Por favor, dígale a Raulito que su papá lo ama y que ya estaremos juntos. Ustedes son el amor de mi vida.

Jamás pensé que esto iba a pasarnos, pero tengo la esperanza de que todo acabará algún día y que después se sentirá como un mal sueño. A veces pienso en otros que están aquí y que desde que entraron no han vuelto a saber de su familia. Por eso les agradezco tanto que estén haciendo lo posible por mí.

Me dijeron que voy a entrar a un plan que le llaman “Cero Ocio”. Me alegra al menos poder salir un rato. Dicen que es cansado, pero que uno vuelve a ver el sol, y hasta el calor se siente rico. 

Aquí uno solo espera dos cosas: irse libre pronto o, si no, ir a trabajar un tiempo a la constructora “El Salvador”. 

A veces el cuerpo se siente cansado, pero el corazón no, porque los amo a todos.

Aquí uno ve muchas cosas, barbaridades, pero tengo fe en que eso no me va a pasar. Ore por mí.

Los amo y pienso en ustedes a cada segundo. Abrazos y besos, y gracias por todo lo que hacen.

V. La esclavitud como única salida 

Cuando un preso del régimen de excepción escucha que va a entrar al plan Cero Ocio no celebra un programa de reinserción. Dicho plan, impulsado por el actual Gobierno, incorpora a personas privadas de libertad a trabajos en obras públicas a cambio de reducir sus condenas. 

Pero salir a trabajar no significa salir en libertad. Los sacan en cuadrillas de lunes a viernes, de sol a sol. Los levantan antes del amanecer, los suben a autobuses y los llevan a construir hospitales, fumigar campos, reparar calles. No reciben salario. Cuando el cuerpo se quiebra —la piel llena de hongos por el hacinamiento, los pies infectados por las jornadas—, la solución no llega del Estado sino de las familias que siguen pagando el uniforme, las botas, los medicamentos, incluso la ropa con que los sacan.

Para los privados de libertad es la esperanza desesperada: la esclavitud como única salida. Celebran la posibilidad de ver el sol después de años encerrados entre muros que no dejan pasar ni un rayo. Desde aquel tuit de marzo de 2022 en que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ordenó cerrar todas las celdas veinticuatro/siete, cientos de personas —muchas sin condena— han vivido en un encierro que viola los plazos que la propia ley establece. El Plan Cero Ocio es para ellos, la única vía de escape a un encierro con fecha de salida incierta: la promesa de que, si se portan bien, quizás los dejen salir a trabajar.

Desde entonces, todo ocurre en un vacío. La emergencia máxima, que suspendió las visitas se prorrogó sin control, violando la Ley Penitenciaria. Y las denuncias son escasas. La paradoja es que los reos y sus familias agradecen. Porque salir en esas condiciones significa ver la calle.

Saber de ustedes me mantiene vivo”

Hola, mamá. Aquí la saludo con mucho amor, con mucho cariño. Sepa que me queda mucho cariño para cuando salga, primero Dios.

Quisiera tener noticias de José porque me aflijo más si no sé nada de él. Dígale que no descuide los estudios y que siempre pienso en él.

Todavía seguiré en el programa ese que le dije. Es cansado, pero veo el sol.

Ojalá pudiera verla, pero nunca sé a dónde nos van a mandar. La cosa es que hasta el calor siento rico porque no es lo mismo sentirlo aquí dentro que afuera.

Gracias por las cosas para sándwiches. Fue una gran suerte que las hayan dejado pasar. Para el paquete póngame más sobres de café y también si puede ponerme más jabón del que sea, le agradeceré. De ahí, lo que sea. Total, aquí a uno le dan lo que quieren. 

Yo sueño con todos ustedes y con estar sentados en la sala hasta las once de la noche.

***

El régimen de excepción convirtió la detención provisional en una espera sin fecha de salida. Para miles de personas, la cárcel ya no es una medida temporal, sino una forma de condena indefinida que se renueva mes a mes, sin juicio claro ni garantías. Afuera de las cárceles, las familias organizan su vida alrededor de paquetes, depósitos y la posibilidad, cada vez más costosa, de recibir una carta. Adentro, los detenidos escriben con lo que quieren y necesitan: listas de encargos, preguntas sobre sus procesos, noticias urgentes sobre otros internos.

Hay una preocupación constante: el abandono. “No me vayan a dejar abandonado”, escribe uno. “Cuando yo salga, espero hallarlas con vida”, dice otro. También hay advertencias: “Hablen con la familia para que lo ayuden hoy que pueden. Ya con flores y con tumbas va a ser por gusto”.

Las cartas no hablan abiertamente de violencia, pero sí de desgaste: enfermedades que se agravan, comida insuficiente, años sin cambios. También dejan claro qué sostiene a quienes están adentro: que el paquete llegue, que el depósito se haga, que alguien responda, y que no los den por muertos. La idea de justicia se diluye. Lo único que les queda es una espera que puede durar toda la vida y un espacio donde se aferran a enviar pruebas de vida.

Mamá, dígale a José y a la Tania que no estén tristes. A veces yo pienso que quizás esto nunca se va acabar. Pero a veces pienso que sí. Así que solo esperemos un rato.

Mire, sé que vienen fechas en que una vez más quizás no nos vayamos a sentir muy bien, pero decore la casa, así como le gusta a usted, que la Tania le ayude. Créame que quisiera estar ahí y que sueño con que el otro año va a ser diferente. A veces ya no sé si esto es real o si solo estoy durmiendo mal.

Mi amor hacia José es infinito, así como el que siento por la Tania y sobre todo por usted.

Ustedes son la razón por la que sigo aquí con vida, porque no me han olvidado y porque vienen todos los meses.

Cuando ya se acerca la fecha pienso en que la Tania y usted están afuera, cerca de mí.

No estemos tristes porque ya estaremos juntos. Quisiera decirle más, ya ni sé el qué de tanto. Solo que la amo, y que los extraño. Le mando un beso, mamá y un beso a todos. Cuando se pueda, estaré pendiente para volver a escribir.

Oren por mí y sepan que saber de ustedes me mantiene vivo.

—————–

 *Estas cartas fueron transcritas en su totalidad o por fragmentos, según la petición de cada familia. Los nombres de los remitentes y los destinatarios fueron cambiados. Ellos temen que, si se publican las cartas manuscritas, se identifique la caligrafía de los autores y se rompa el único hilo con el que reciben pruebas de vida.

Este reportaje se realizó como parte del Ciclo de Actualización para Periodistas (CAP) sobre Democracia y Autoritarismos en Centroamérica.

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FOTOS | El Espino: así quedó el terreno deforestado para el nuevo CIFCO

El terreno donde se construirá el nuevo CIFCO muestra amplias áreas despejadas de vegetación. El proyecto es financiado por la República Popular China y se desarrolla en una zona de la Finca El Espino que anteriormente mantenía cobertura boscosa.

Fotografía: GatoEncerrado.
El terreno donde se construirá el nuevo CIFCO muestra amplias áreas despejadas de vegetación. El proyecto es financiado por la República Popular China y se desarrolla en una zona de la Finca El Espino que anteriormente mantenía cobertura boscosa.

Fotografía: GatoEncerrado.
Durante una visita realizada el 28 de mayo, el equipo de GatoEncerrado documentó presencia policial en los alrededores del proyecto, así como los trabajos que avanzan en el terreno destinado al nuevo CIFCO.

Fotografía: GatoEncerrado.
Durante una visita realizada el 28 de mayo, el equipo de GatoEncerrado documentó presencia policial en los alrededores del proyecto, así como los trabajos que avanzan en el terreno destinado al nuevo CIFCO.

Fotografía: GatoEncerrado.
Según expertos, los árboles removidos cumplían funciones ecológicas importantes dentro del ecosistema de El Espino y servían de refugio para diversas especies de fauna silvestre.

Fotografía: GatoEncerrado.
Según expertos, los árboles removidos cumplían funciones ecológicas importantes dentro del ecosistema de El Espino y servían de refugio para diversas especies de fauna silvestre.

Fotografía: GatoEncerrado.
Habitantes de la zona aseguran que en este sector de El Espino era común observar cusucos, cotuzas, tacuazines, aves y reptiles. Las imágenes muestran el estado actual del terreno tras la intervención.

Fotografía: GatoEncerrado.
Habitantes de la zona aseguran que en este sector de El Espino era común observar cusucos, cotuzas, tacuazines, aves y reptiles. Las imágenes muestran el estado actual del terreno tras la intervención.

Fotografía: GatoEncerrado.
Maquinaria pesada trabaja en el área intervenida de El Espino. La construcción del nuevo CIFCO continúa pese a las críticas de organizaciones ambientales y a la campaña ciudadana #SalvemosElEspino.

Fotografía: GatoEncerrado.
La zona sur de la Finca El Espino fue catalogada como área de recarga hídrica. Especialistas han advertido que la pérdida de cobertura vegetal puede afectar la infiltración de agua de lluvia y aumentar el riesgo de inundaciones en sectores cercanos.

Fotografía: GatoEncerrado.
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Gobierno impulsa los intereses comerciales de hermana de la primera dama

Gabriela Rodríguez de Bukele dice que tiene un compromiso con la población con necesidades auditivas desde hace más de 12 años, desde antes de ser la primera dama de la República. “Desde que Nayib era alcalde de Nuevo Cuscatlán, hemos trabajado de la mano con la Fundación Starkey Hearing”, escribió en sus redes sociales el 19 de junio de 2025. “Hoy, ese compromiso crece con la apertura del Instituto Starkey en El Salvador, el primero en Latinoamérica. Desde aquí, formaremos a nuestro personal de salud para identificar y atender a personas con discapacidad auditiva”, añadió.

Aunque la primera dama presenta el Instituto Starkey como un avance en salud pública, ese instituto no está incluido dentro del organigrama del Ministerio de Salud ni de ninguna institución del Estado. Es un proyecto privado y cierra un círculo de intereses familiares y empresariales en el que los productos Starkey que promueve su hermana, Carla Rodríguez de Rondeau, son protagonistas. 

Graduada como audióloga en Nova Southeastern University de Florida, Estados Unidos, en 1997 conoció a William Austin, mejor conocido como Bill Austin,  fundador y CEO de Starkey. Desde entonces comenzó una relación comercial y de amistad con el billonario y su esposa, Tani Austin, según ha declarado en varias entrevistas.

Captura tomada de la página web starkey.com en enero pasado.

La Fundación Starkey es el ala filantrópica de Starkey Hearing Technologies, o Starkey Laboratories, una empresa privada con sede en Minnesota, y uno de los mayores fabricantes de audífonos del mundo. Hasta hace pocas semanas, la foto de la cuñada del presidente de El Salvador aparecía como parte de la junta directiva de la fundación en su página oficial. 

Su pertenencia al “board” también aparece en las declaraciones presentadas en los últimos años ante el Servicio de Rentas Internas estadounidense (IRS, por sus siglas en inglés).

La hermana de la primera dama no es solo una colaboradora en la fundación. También es la representante oficial y distribuidora exclusiva de la marca de audífonos Starkey en El Salvador a través de su empresa Oído Center, una sociedad anónima fundada en 2002, según la web y el formulario de proveedor de la compañía.

Hasta 2018, al cierre del último gobierno del FMLN, el partido en el que se formó Bukele, Oído Center licitaba aparatos Starkey, marca de la cual es representante, a instituciones del Estado como el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) o el Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados a Consecuencia del Conflicto Armado (Foprolyd). A partir de junio de 2019, cuando su cuñado asumió el poder, dejó de aparecer como proveedor en los registros de contrataciones públicas.

Pero eso no impidió que instituciones del Ejecutivo adquirieran productos que distribuye Rodríguez de Rondeau. Entre 2019 y 2025, instituciones como el Instituto Salvadoreño Integral de Rehabilitación (ISRI) y el Instituto Administrador de los Beneficios de los Veteranos y Excombatientes (Inabve) compraron productos Starkey por, al menos, un valor de $304,595, según los contratos publicados por dichas instituciones. El Inabve, en enero de 2023,  mandó al Índice de Información Reservada las actas de reuniones por un periodo de siete años, ocultando así los criterios de selección.

Curiosamente, estas ventas de productos Starkey ya no las realiza Oído Center, sino una empresa llamada Apamo S.A. de C.V. que en la web de la compañía no figura como representante de la marca Starkey en El Salvador y que, en algunos casos, remite a las oficinas de la empresa de la cuñada de Bukele. Pese a esto, Starkey contestó -vía correo- que Apamo sí es una empresa autorizada para vender sus productos. 

El primero de ellos lo obtuvo con el ISRI en noviembre de 2019 por un monto de $21,500 para el suministro de 100 auxiliares auditivos de la marca Starkey. El último contrato para proveer equipo Starkey lo ganó, siempre con el ISRI, por un monto de $52,411, en noviembre de 2025.

Una de las primeras órdenes de compras de aparatos auditivos Starkey adjudicadas a Apamo S.A. de CV. posterior al  1 de junio de 2019

En febrero de 2026, el Ministerio de Salud le otorgó a Apamo, en asocio con otra empresa, un contrato de más de $2 millones para proveer diferentes equipos que servirán para el programa de tamizaje auditivo en la primera infancia, otro de los proyectos insignia que abandera la primera dama de la República.

El artículo 5 de la Ley de Ética Gubernamental indica que los funcionarios deben «excusarse de intervenir o participar en asuntos en los cuales él, su cónyuge, conviviente, parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad o socio, tengan algún conflicto de interés». En los últimos años, la primera dama y el presidente han promovido y autorizado gestiones relacionadas con donaciones de Starkey, un proyecto donde la hermana y cuñada de la pareja presidencial tiene un interés directo como representante de dicha fundación en la región, y de la marca comercial en el país.

Desde que Nayib Bukele dirigía la alcaldía de San Salvador comenzó a participar en los eventos de la Fundación Starkey. La relación y apoyo aumentó al asumir la presidencia en 2019. En esta foto de 2017, aparecen las hermanas Rodríguez en una jornada de donativos.

Apamo: La sociedad desconocida para Starkey hasta 2019

En febrero de 2005, José Roberto Aparicio López y Patricia Moscoso Hidalgo constituyeron la empresa Apamo, S.A. de C.V. con finalidades alejadas del sector salud: comercio de ropa, cosméticos, la representación de franquicias y empresas, importación de maquinarias e incluso compra y venta de inmuebles. Desde entonces, Aparicio López ha participado en al menos 12 empresas más con diferentes cargos en El Salvador y Panamá; pero la que le ha rendido más beneficios ha sido Apamo, según datos mercantiles de El Salvador y Panamá. 

Para 2018, la sociedad declaró activos por $289,833.73 de los que $156,673.27 fueron ingresos por ventas. Sin embargo, a tal cantidad hubo que restarle los costos de venta y costos operativos; así como los impuestos pagados. Según el balance financiero de Apamo, ese año finalizaron con una ganancia de $27,474.72; ya que $45,908.44 fueron los costos de venta y $78,221.94 sus gastos operativos. 

A partir de 2019, sin embargo, Apamo empezó a manejar ingresos millonarios por ventas que, aunque parezca extraño, no aumentaron porcentualmente sus gastos operativos. Sus ingresos por ventas en su último balance financiero disponible, el de 2024, representan 19 veces lo que logró en 2018, $3,060,674.73; pero sus costos operativos fueron de apenas el 5% de esa cantidad. Según los datos de sus balances financieros, en 2018 manejar ingresos de ventas por $156,673.27 le implicó costos operativos por un equivalente al 49% de esa cantidad. 

Resumen de los activos, ingresos por venta, costos de venta y gastos de operación de la empresa Apamo de los últimos siete años, según sus balances financieros presentados al Registro Mercantil de El Salvador.

 La buena fortuna de Apamo no puede entenderse sin los múltiples contratos gubernamentales que ha ganado desde 2019 con diversos hospitales o instituciones autónomas. Según información pública, entre 2014 y 2025, Apamo ha ganado decenas de  contratos en hospitales públicos, casi siempre por montos pequeños, por un total de $744,607. En 2019, fue proveedor de siete hospitales en San Salvador, Cabañas, San Miguel y Santa Ana; y del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación Integral (ISRI). Con este último tuvo su contrato más grande de 2019 por $21,500. Pero el año de la pandemia marcó un giro para la empresa. 

El 23 de marzo de 2020 la Asamblea Legislativa aprobó un decreto  para las compras de emergencia a raíz de la pandemia por Covid-19. En la práctica, esto permitió obviar todos los procesos de licitación y evaluación de proveedores; la valoración de las mejores ofertas y la idoneidad de cada proveedor, y comprar de manera directa. 

Menos de 24 horas después de la emisión del decreto, el 24 de marzo de 2020, Apamo le vendió al Ministerio de Obras Públicas (MOP) termómetros infrarrojos por un valor de $20,100; y trajes de protección para el Hospital Cifco (hoy Hospital El Salvador) por $1 millón 552 mil, bajo la modalidad de compras por emergencia. 

Un mes después, en abril, el ISSS  le otorgó  $5,230,500 para suministrar 150 ventiladores para cuidados intermedios que servirían para equipar el Hospital Cifco. La Prensa Gráfica reportó anomalías por la forma en que se emitió esta y otras contrataciones directas. El ISSS argumentó que hubo lineamientos especiales para que el Consejo Directivo no tuviera que conocer y aprobar cada proceso, como manda la Ley del ISSS, y se hiciera de forma exprés. Posteriormente, el Consejo validó el listado de compras ya efectuadas.

Hasta 2024, Apamo logró vender al Estado salvadoreño unos $300 mil dólares en distintos insumos hospitalarios, como catéteres y sondas, así como $304,595.00 en aparatos auditivos; pero el mayor volumen monetario lo alcanzó vendiendo componentes químicos para el tratamiento de agua potable a la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), con más de $3 millones entre los años 2021 y 2024 en apenas seis contratos, según los documentos que han podido rastrearse para esta investigación. 

Al menos cuatro de esos seis se realizaron vía contratación directa y varios de ellos son para proveer sulfato de aluminio para tratar agua para consumo humano, a utilizarse en la Planta Potabilizadora Torogoz; que suple al área metropolitana de San Salvador. La planta fue inaugurada en 2021. Antes de la inauguración de la planta,  no se encontraron otros contratos de Apamo como proveedor de ANDA. 

Aparicio López ya tenía, al menos desde 10 años atrás, participación en empresas enfocadas en temas de agua potable, tanto en El Salvador como en Panamá, bajo el mismo nombre, Voda Solutions. Dicha empresa está investigada por el Tribunal de Cuentas de ese país por dejar proyectos comunitarios de agua inconclusos. 

Oficio del Tribunal de Cuentas de Panamá que establece que Voda Solutions Panamá está siendo investigada por proyectos de agua comunitarios que dejó sin terminar, pese a recibir pago por ello. 

Apamo también ha participado en otros rubros comerciales. Según información de plataformas para analizar el comercio internacional, como Import Genius, Import Yeti y Panjiva, esta empresa ha realizado unas 141 exportaciones de cargamentos de bebidas carbonatadas desde Centroamérica hacia los Estados Unidos. El mayor volumen de importaciones ocurrió entre 2021 y 2024. 

Aparicio López, por su parte, participa de empresas fundadas recientemente y que pertenecen a rubros como Inteligencia Artificial y transporte público, y que tienen participación de extranjeros.

“Grupo Apamo”, según su página web oficial, está conformado por Apamo y otras dos empresas: Solmedica y Kalas Boutique. Solmedica fue fundada por Aparicio López y Patricia Moscoso Hidalgo en diciembre de 2020. Aunque su finalidad registrada fue la importación y venta de equipo médico, hasta la fecha la compañía refleja poca operatividad en sus balances financieros. Incluso, pérdidas para el año 2023. Algunas plataformas de inteligencia de comercio internacional, como Volza, detallan que la empresa ha realizado varias importaciones, en su mayoría de ropa y textiles. 

En la página web de Apamo se reseñan todos los logos de las instituciones públicas, y algunas privadas, con las que ha mantenido contratos.

Apamo no es una clínica audiológica listada oficialmente por Starkey, En el sitio web de esta compañía estadounidense, detallan que en El Salvador el único centro autorizado es Oído Center, ubicado en calle La Mascota #140. Efectivamente, en la fachada de ese local están instalados el logo de la empresa y el de Starkey.

Uno de los pilares de comercialización de Starkey es la exclusividad a través de especialistas, diferenciándose de los audífonos de consumo general. Opera globalmente a través de distribuidores y centros audiológicos. Según sus políticas, la venta de audífonos exige una evaluación y adaptación por parte de un profesional, por lo que la empresa trabaja exclusivamente a través de clínicas y especialistas en cada uno de los más de 100 países donde tienen presencia.  

Starkey solo suministra a clínicas, hospitales o centros especializados. Para ser aliado de Starkey se necesita cumplir una serie de requisitos financieros y, sobre todo, técnicos para pertenecer a la red. En el acuerdo de proveedor se especifica que los servicios de adaptación deben ser realizados por audiólogos u otorrinolaringólogos certificados. 

Solicitamos a la empresa Starkey información de si Apamo S.A. de C.V.  forma parte de su red de distribuidores y desde cuándo. Además, cómo explican que Apamo sea proveedora de productos Starkey con el gobierno, si estaban enterados de estos contratos que ha ganado Apamo con instituciones públicas y hasta qué punto estaría violando los protocolos de seguimiento y garantía técnica de la marca; y que también proporcionaran una copia del convenio de autorización entre Starkey Technologies y la empresa Apamo. 

El 25 de mayo a través de correo electrónico, Claudia Londoño, quien se identificó como representante de ventas para Centroamérica y el Caribe de la empresa Starkey, contestó que Apamo sí es un “distribuidor autorizado de productos Starkey en El Salvador, operando bajo un acuerdo válido” y aseguró que están al tanto de las operaciones de sus productos en el país. Además, enfatizó que Starkey Technologies es una entidad diferente de la Fundación Starkey; añadiendo únicamente que “consideramos este asunto aclarado y no agregaremos más”. Sin embargo, ambas entidades fueron fundadas por Bill Austin.

La representante no proveyó copia del acuerdo entre la empresa Starkey y Apamo ni contestó las otras preguntas formuladas: desde cuándo funge como distribuidor, y si el hecho de que no sea una empresa especializada en el tema no viola los protocolos establecidos.

Hasta este lunes 25 de mayo, el único distribuidor al que Starkey refiere -en su página web- como distribuidor de sus productos en El Salvador es Oído Center. En todos los países se especifica si hay más de un proveedor para adquirir un producto Starkey. No es el caso de El Salvador

Apamo aliado con Oído Center

En agosto de 2024, Apamo ganó un contrato para proveer aparatos auditivos al Inabve. El valor del contrato fue de $99,650 y en el apartado de adjudicación se reseña que Apamo proveerá: “Otoamplífonos retroauriculares (digitales). Incluye: Audiometría/logo audiometría, evaluación/selección personalizada del aparato auditivo (…), molde hecho a la medida (…), capacitación del paciente sobre uso y mantenimiento del aparato auditivo, (…) controles post adaptación al mes, tres meses, seis meses y doce meses”. 

Para esta investigación se tuvo acceso a documentación oficial de esta contratación, la cual incluye las fotografías que un consejo evaluador designado por el Inabve tomó de los locales de Apamo, para determinar si la empresa cumplía con los requisitos para la atención de pacientes y si, como había sido solicitado en la licitación, poseía al menos tres sucursales para atender a los beneficiarios: San Salvador, Santa Ana y San Miguel. 

La fotografía del local de Apamo para San Salvador muestra la fachada de la empresa Oído Center, la compañía distribuidora de la marca de aparatos Starkey en El Salvador y dirigida por Carla Elisa Rodríguez de Rondeau, hermana de la primera dama de la República. 

Según el contrato del Inabve con Apamo, todos los aparatos auditivos a adquirir son modelos de la marca Starkey. 

Ninguna de las fotografías fue identificada con la dirección exacta de su ubicación, pero el supuesto local de Apamo en San Miguel es mostrado con un lobby, dos elevadores y la fachada de una oficina con el nombre de un médico otorrinolaringólogo que ejerce sus funciones en el Hospital San Francisco, un centro de salud privado con más de 60 años de existencia. 

Al buscar los números de teléfono de ese consultorio, una de las secretarias contestó que no conocen la existencia de la empresa Apamo. Al explicarle que se trataba de una investigación sobre un contrato que Apamo ha ganado con el Inabve para proveer aparatos auditivos a veteranos indicó que la clínica no tiene nada que ver con esos pacientes. Que solo alquilan el local para alguna medición o colocación de los mismos. “Pero todo eso es en San Salvador. Del Inabve le avisan a Oído Center y de Oído Center nos avisan a nosotros cuándo van a venir”, indicó. Es decir, el referente para la ejecución de estos procesos es Oído Center, a pesar de que no fue la empresa ganadora ni firmó el contrato.

Las fotografías de la supuesta sucursal de Apamo en Santa Ana solo muestran una pequeña recepción de lo que parece ser una oficina; y un parqueo para vehículos con piso de tierra. 

De todas las direcciones de Apamo registradas en el Registro de Comercio no hay ninguna que esté ubicada en la zona oriente u occidente del país. Tampoco posee credenciales para ejercer especialidades médicas o la capacidad de realizar estudios médicos, como audiometrías. 

Un año antes, en julio de 2023, Apamo ya había vendido 240 aparatos auditivos marca Starkey al Inabve, por un monto de $56,400, a través de un contrato de libre gestión que también incluía exámenes de audiometría, moldes hechos a la medida y cuatro controles posteriores a la entrega de los aparatos.

Un mes después, en agosto de 2023, Apamo también le vendió cientos de aparatos auditivos marca Starkey al ISRI, según órdenes de compras públicas, por un total de $37,365. Al igual que en el caso del Inabve, el contrato incluyó controles de pacientes posteriores a la entrega de los aparatos. 

El 28 de julio de 2022, el ISRI firmó una orden de compra para la adquisición de 144 aparatos auditivos marca Starkey que, igualmente, incluyó controles de pacientes postentrega de los auxiliares, también a favor de Apamo, por $35,280. Preguntamos al ISRI sobre los procesos que aplicaron para verificar la idoneidad y por qué resolvieron entregarle a Apamo esos contratos sino cuenta con clínicas ni especialista en el ramo, pero no se obtuvo respuesta.

También se enviaron consultas a Apamo de cómo se convirtió en proveedor de audífonos Starkey, tomando en cuenta que el único proveedor autorizado por la empresa estadounidense es Oído Center; además, que explicar cómo está haciendo para cumplir con los contratos de seguimiento a los pacientes, pero tampoco se obtuvo respuesta al cierre de esta investigación.

La última venta de aparatos auditivos que pudo ser rastreada para esta investigación que Oído Center realizó con estas instituciones fue un contrato de mayo de 2019 con el Foprolyd, por un monto de $13,700. La compra incluía el diagnóstico del paciente, el suministro de los aparatos, la reparación de aparatos y la entrega de baterías. 

La junta directiva de la institución dejó por escrito en el acta del 10 de marzo de 2021 que el contrato quedaba extinguido “por mutuo acuerdo”, sin que se planteen otras razones. El contrato con Oído Center fue extinguido cuando solo faltaban por pagar $946 de los $13,700.

Tanto la antigua Ley de Adquisiciones y Compras, como la nueva Ley de Compras Públicas, aprobada en 2023 , prohíben que participen como oferentes o contratistas del Estado los funcionarios de elección popular, sus cónyuges, convivientes y las personas con vínculo de parentesco hasta el segundo grado de afinidad con estos funcionarios. Es la relación de Rodríguez de Rondeau con el presidente Nayib Bukele, quien tomó posesión, por primera vez, en 2019; y, de manera inconstitucional, el 1 de junio de 2024.

La relación de negocios Rondeau-Bukele

La sociedad Oído Center, fundada en el año 2002 por Rodríguez de Rondeau, sí detalla en sus balances financieros la existencia en inventarios de audífonos, moldes, baterías para audífonos, equipo audiológico y otros; a diferencia de Apamo, que no posee ninguno de esos activos listados. 

Entre los años 2020 y 2024, Oído Center refirió en sus balances financieros a Laboratorios Starkey como su único proveedor del exterior; y como sus únicos accionistas a Rodríguez de Rondeau y Frederic Rondeau, su esposo. En los balances financieros de Apamo, Starkey no aparece, ni como proveedor, ni como deudor, ni de ninguna manera. 

Los márgenes de ganancia o utilidades de la empresa, contrario a su nivel de exposición pública, reflejan apenas sobrevivencia: un año con pérdidas, y otros dos en los que ganó $280 y $3 mil. Sus gastos operativos, según esos balances, prácticamente consumieron los fondos que ingresaron. 

Rodríguez de Rondeau ha participado en la junta directiva de otras tres empresas, fundadas por su esposo  —de nacionalidad canadiense y con ciudadanía salvadoreña—, pero que no han tenido mayor operatividad, según se desprende de sus balances financieros. Las tres sociedades fueron registradas en 2013 – TUPC, Soleco y Northern Lights -, y en los tres casos su último balance financiero corresponde al año 2017, sin registrar ventas, préstamos, empleados o pago de impuestos. 

Frederic Rondeau también ha estado vinculado a otras dos empresas: Obermet y NRA, ambas sociedades dedicadas al rubro publicitario, y que fueron fundadas y administradas por los hermanos Bukele. En 2010, Rondeau fungió como apoderado de ambas compañías para realizar actividades administrativas a nombre de la empresa, tales como participar en contratos, recibir notificaciones de instituciones públicas o presentar documentación.

En 2024, una publicación en redes sociales del Puerto de Manta (Ecuador), identificó a Rondeau como miembro de la Agencia de Desarrollo y Diseño de Nación de El Salvador (ADDN) de la Presidencia de la República de El Salvador, una oficina a cargo del estadounidense David Rivard, que según su página web oficial funciona en “el exvacunatorio” del Centro de Ferias y Convenciones (CIFCO), y de la que no existen datos públicos sobre proyectos y uso de fondos públicos. 

Publicación de Instagram en la que se identificó a Frederic Rondeau (camisa azul) como funcionario de El Salvador

En años previos, según información abierta de sus redes, Rondeau asegura haberse desempeñado como director internacional de la Starkey Hearing Foundation. 

Las redes sociales oficiales de la primera dama, Gabriela Rodríguez de Bukele, poseen decenas de fotos sobre las donaciones de aparatos auditivos entregados por dicha fundación, al igual que en las redes sociales de instituciones como el ISRI y la oficina de Bienestar Social; pero en ninguna de estas publicaciones se establece el vínculo familiar entre ella y su hermana. En las fotografías, incluso, posan juntas y, en algunos eventos, aparece junto al presidente Bukele, su cuñado. 

El 12 de noviembre de 2025, Rodríguez de Bukele publicó: “Como cada año, realizamos la entrega y colocación de aparatos auditivos en coordinación con la Fundación e Instituto Starkey Hearing, ISRI, Ministerio de Salud, Oído Center y Bienestar Social. La alegría de cada niño, cada joven y cada adulto al recuperar su audición es el motor de todo el trabajo que hacemos para lograrlo”. El nombre de cada institución y la fundación están etiquetados. Menos el de Oído Center, la empresa de su hermana mayor. 

Post publicado el día en que se realizó la última entrega de donativos en 2025, entre la Fundación y empresa que dirige su hermana y distintas instituciones públicas.

“Para que El Salvador pueda oír”

Lejos de las entregas inundadas con banners de la Fundación Starkey, salones con aire acondicionado y fotografías de niños sonrientes, la discapacidad auditiva se vive diferente. 

En una zona rural del norte de El Salvador vive a quien llamaremos Antonio. No quiso ser identificado para evitarse problemas. Es excombatiente y vive desde hace décadas con discapacidad auditiva, producto de su pasado entre enfrentamientos y metralla. 

Los últimos audífonos los recibió en 2021, como beneficiario de Foprolyd. Antonio y una familiar relatan que esta institución les funcionaba: no tenían que esperar semanas para obtener una cita, y eran diligentes en la atención de pacientes. 

Desde esa entrega uno de los aparatos se le ‘quemó’ y el otro ha dejado de funcionar recientemente. Solicitó información al Inabve, pero solo obtuvo como respuesta que en la actualidad no hay aparatos y que “le avisarían” cuándo llegar para un reemplazo. 

Antonio relata que cuando recibió su último par de audífonos en 2020 acudió a una primera cita para que le tomaran medidas de sus oídos y sacaran un molde; y en 2021  a otras dos citas para entrega y control de adaptación de los aparatos. Las citas, según muestra en la documentación de su expediente clínico que guarda celosamente, fueron en Oído Center y los auxiliares auditivos recibidos de la marca Starkey. 

Documentos que guarda un excombatiente que ha recibido seguimientos en Oído Center.

El excombatiente explica que la entrega de los aparatos y las citas que tuvo en Oído Center fueron costos cubiertos por Foprolyd. “Me mandaron con la empresa y que después de que terminara todo, ellos se iban a encargar de darme a mí la atención, pero ya era pagado”, dice. 

Antonio y su familia se sienten vejados. Según la pariente, Foprolyd antes contaba con especialistas para atender cada uno de los padecimientos que los lisiados de guerra tienen. “Pero ahí nos sorprendieron, que desapareció el Fondo de Protección y empezó aquello de que iba a asumir Inabve. Sin ningún aviso, ni nada, violentando nuestros derechos”, dice la familiar. 

Olga Serrano es directiva de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES), y exmiembro de la junta directiva de Foprolyd, y explica que para algunos veteranos la desaparición de esta institución los mantiene en una situación crítica: con prótesis de miembros inferiores que debían haber sido reemplazadas desde hace cuatro años. La vida útil de las prótesis, dice, es de dos años. 

Según la exdirectiva, la absorción de Foprolyd por parte del Inabve está afectando directamente la salud de los veteranos. Diálisis que no se realizan, ausencia de controles de enfermedades crónicas, escasez de medicamentos y la falta de renovación de prótesis y aparatos auditivos. 

A pesar de que el 7 de enero de 2026 ALGES logró sostener una reunión con el director del Inabve, para encontrar mecanismos más expeditos para la atención de veteranos, según Serrano “no están resolviendo los casos”. 

Hasta febrero de 2026, Antonio no había recibido respuesta del Inabve para reemplazar sus audífonos. En las clínicas asistenciales de esta institución ni siquiera le quisieron proveer el medicamento para un padecimiento crónico recién descubierto. En hospitales nacionales, dice, no le dan atención por no tener un expediente ahí; y en el ISRI también le explicaron que debe realizar un proceso largo para la apertura de expediente y espera para cuando hayan aparatos. 

El lugar preferido de Starkey

Cuando el 19 de junio de 2025 la primera dama dijo que estaba feliz porque estaba naciendo el Instituto Starkey para formar al personal de salud que trabajará en detectar problemas auditivos, no dijo que, con ese empuje, estaba ayudando a cumplir las metas y sueños de la Fundación Starkey de abrir su primer instituto de formación en Latinoamérica. 

Carla Rodríguez de Rondeau, su hermana, ocupa el cargo de directora clínica del Instituto Starkey en El Salvador y se reúne frecuentemente con el personal de la oficina que la primera dama dirige: Bienestar Social. En los últimos años, esta oficina junto al personal del ISRI se encarga de preparar el terreno y organizar toda la logística para montar los eventos de donación de aparatos de la fundación. En las décadas anteriores, las donaciones eran eventos más modestos acompañados por otras organizaciones como el Club de Leones. En Guatemala, las entregas son a través de alianzas con el Benemérito Comité Pro Ciegos y Sordos. En Honduras, el apoyo logístico lo han recibido de alianzas puntuales, como con la Fundación Teletón el Centro Universitario Regional del Litoral Atlántico (CURLA).

Carla Rodríguez de Rondeau, primera de la izquierda, se dirige a personal de Bienestar Social, el área que dirige su hermana, Gabriela de Bukele. La reunión fue en Casa Presidencial en enero 2026.

El Salvador se ha convertido, a través de la intercesión de las hermanas Rodríguez, en uno de los lugares donde la Fundación Starkey (o Starkey Hearing Foundation) ha ganado más protagonismo en los últimos años. 

En su sitio web oficial, la fundación asegura que llegó por primera vez al país en 1997. Para esta investigación se consultaron bases de datos públicas sobre el registro de asociaciones y fundaciones sin fines de lucro; así como entidades extranjeras registradas en el país, entre los años 1997 y 2019, pero no se encontró registro de la Fundación Starkey, como lo establece el artículo 58 de la Ley de Asociaciones y Fundaciones Sin Fines de Lucro. 

El Ministerio de Gobernación contestó a una solicitud de información, en mayo de 2026, sobre las entidades extranjeras registradas y activas en el país. En este listado tampoco aparece la Fundación Starkey.

Sin embargo, esta omisión administrativa no ha sido obstáculo para el trato especial que los Bukele les han dispensado desde que están en cargos de poder. 

Un mes después de asumir como alcalde de San Salvador, el 9 de junio de 2015,  Nayib Bukele otorgó un reconocimiento a la entidad por su “labor en pro de la población que padece problemas de audición”. El reconocimiento fue una pequeña obra del pintor Fernando Llort. El evento se realizó en un hotel capitalino en donde también se entregaron donaciones de aparatos auditivos. 

Apenas cuatro años después, en octubre de 2019, y con Bukele recién iniciando su primer período presidencial, el Ministerio de Relaciones Exteriores otorgó la medalla al mérito diplomático “Doctor José Gustavo Guerrero” a los directores de la Fundación, William Austin y Tani Austin, por “su sobresaliente labor, enfocando su esfuerzo en el impulso y apoyo del programa que por más de 22 años ha entregado audífonos a personas con problemas auditivos”, según consta en el Diario Oficial del 13 de febrero de 2020. 

Menos de seis meses después de iniciar su segundo período presidencial, en noviembre de 2024, Bukele volvió a entregar a los Austin otro reconocimiento por “su labor humanitaria”, en una ceremonia lujosa en los salones de la Casa Presidencial.

El 24 de noviembre de 2024, Tani y William Austin recibieron otro reconocimiento de parte del gobierno de El Salvador. Por su parte, los fundadores de Starkey Hearing Foundation también entregaron al presidente Nayib Bukele y la primera dama, Gabriela de Bukele, una placa por su compromiso con la salud auditiva.

Bill Austin es identificado como un billonario en publicaciones especializadas en finanzas. Las relaciones sociales y de apoyo son parte de la estrategia de los Austin para las recaudaciones de fondos. Durante años han realizado el evento Starkey Gala, que incluye a celebridades del cine y la música como los actores Michael Madsen, Billy Crystal o Leslie Nielsen; cantantes como Alice Cooper, Ozzy Osborne o Katy Perry; y políticos como Bill Clinton y Tony Blair. 

En El Salvador, en cada evento filantrópico no solo se menciona el nombre de la empresa estadounidense sino también el de la empresa salvadoreña propiedad de la cuñada del presidente, como puede evidenciarse en una donación de aparatos auditivos realizada el 13 de junio de 2021 a 24 niños pacientes del ISRI. En las fotografías y la reseña del evento se detalla que los aparatos fueron donados por la Fundación Starkey/Oído Center, a través del despacho de Bienestar Social de la Primera Dama, Gabriela Rodríguez de Bukele. 

Starkey Laboratories fabrica la mayor parte de sus aparatos en los Estados Unidos. Pero, según información publicada por ellos mismos, también manufactura en México, Italia, Francia, Australia, Alemania, Canadá y Reino Unido. 

Para esta investigación se consultaron bases de datos de importaciones; así como el archivo histórico de comercio exterior del Banco Central de Reserva (BCR) para conocer el monto en dólares de aparatos auditivos importados, ya que el BCR no transparenta las compañías importadoras o exportadoras. 

Según estos datos, entre 2019 y 2026 hubo importaciones de aparatos auditivos desde los Estados Unidos, por cantidades que van desde los $3,533.33 en el año 2020; hasta el máximo de $61,589.79, en 2024. Excepto 2024, ninguna de las importaciones alcanza para cubrir las ventas que Apamo realizó de audífonos Starkey a instituciones como el Inabve o el ISRI, cuyos contratos van desde los $35 mil hasta los $90 mil.

De las importaciones de otros países, únicamente las de México, Australia y Alemania fueron significativas, con valores que oscilan entre los $14 mil y los $90 mil. En los tres países, sin embargo, también se venden o manufacturan la mayor parte de marcas reconocidas de aparatos auditivos a nivel mundial, como Phonak, Oticon y Signia, que también tienen presencia comercial en El Salvador. 

La Memoria de Labores del Ministerio de Salud (MINSAL) de los años 2022-2023 reseña la entrega “de más de 1,500 aparatos auxiliares auditivos, con una inversión de $35,280”. El documento agrega que la jornada fue organizada “por la Primera Dama Gabriela de Bukele, junto con la Fundación Starkey Hearing y el ISRI”.

Curiosamente, ese es el mismo costo que el ISRI pagó a Apamo ese año por la compra de 144 audífonos, no 1,500 como refiere el documento del MINSAL, ya que el precio unitario para cada aparato fue de $245. Dicha cifra, además, coincide con otras compras de audífonos realizadas por instituciones del Estado, que sitúan el precio por unidad entre $230 y $400, para audífonos más especializados. Las cifras planteadas por el MINSAL en su Memoria de Labores implicaría que el costo de cada aparato es de $23.52 

Una exageración similar ocurrió durante una entrega de aparatos ocurrida el 9 de octubre de 2019 en la anterior sede del CIFCO. En ese evento participaron  el matrimonio Austin, la primera dama, su hermana y Nayib Bukele, quien aseguró que cada aparato “vale 2 mil dólares”; y que la donación ascendía a “2.4 millones de dólares”. Es decir, Bukele les puso un valor de 700 % más a cada audífono, o unas 8 veces más que el precio que normalmente se ofertan al Estado.

Foto publicada por Gabriela de Bukele el 12 de noviembre de 2025. “La alegría de cada niño, cada joven y cada adulto al recuperar su audición es el motor de todo el trabajo que hacemos para lograrlo”, escribió. Su hermana, Carla Rodríguez de Rondeau, a la derecha.

$2 millones para Apamo

El lema de la fundación Starkey: «Para que el mundo pueda escuchar» («So the World May Hear») ahora es parte del eslogan del trabajo de la primera dama, a través de la oficina de Bienestar Social. Gabriela de Bukele lidera la Política Nacional de Apoyo al Desarrollo Infantil Temprano “Crecer Juntos” y la “Ley Nacer con Cariño”. Parte de las acciones y políticas impulsadas tienen como objetivo también “Que El Salvador pueda oír”. La fusión de la identidad de la marca comercial con la identidad del Estado es total. 

Dos meses antes de la pandemia, en otra de las entregas de donativos de Starkey, se manejó que ya estaba listo el Plan Nacional de Audición. Pero lo único que ha salido a la luz fueron los Lineamientos técnicos para la detección temprana de la hipoacusia que el Ministerio de Salud publicó en 2023. En el mismo se establece el tamizaje auditivo universal para identificar a recién nacidos con pérdidas auditivas.

En 2024, el ministro de Salud, Francisco Alabí, firmó un contrato por US$250,363.99 con CEDI Europe b.v., una sociedad de Países Bajos, para adquirir 29 equipos digitales para tamizaje auditivo que serían distribuidos en el mismo número de hospitales. En octubre de 2025, el Ministerio de Salud lanzó otra convocatoria para adquirir 137 aparatos digitales más, junto a otros productos como timpanómetros y audiómetros. Nuevamente volvió a aparecer como proveedora Apamo que, en asocio con la empresa Serviequipos, fue la ganadora de la mayoría de lotes para esta licitación que será financiada con otro préstamo del Banco Mundial, como muchos de los componentes del Proyecto Creciendo Saludables Juntos. El monto otorgado y firmado por Alabí, el 12 de febrero de 2026, fue de US$2,105,123.07. 

Ambas empresas se juntaron bajo la figura mercantil de Unión de Personas (UDP). Datos del contrato, publicado por el MINSAL, arrojaron que la otra compañía corresponde a Servicios y Equipos Biomédicos, Sociedad por Acciones Simplificadas (S.A.S.), oriunda de Colombia y constituida en 2018. 

Apamo S.A. de C.V, en unión con otra empresa,. ganó una licitación millonaria para proveer equipo auditivo. La resolución la firmó el ministro de Salud, Francisco Alabí, en febrero pasado.

La apuesta de recursos y la hoja de ruta de la política de salud auditiva la tiene muy clara la hermana de la primera dama. “Acá lo que va a cambiar, en este país, y con esta nueva ley es la detección temprana. Que los vamos a detectar en el momento en que nacen”, declaró Rodríguez de Rondeau, el 16 de septiembre de 2025, a radio YSKL, en una de las actividades para informar del avance del diplomado que Starkey, apoyados por el Instituto Nacional de Salud (INS)  y la Universidad José Matías Delgado, lanzaron en julio para capacitar a enfermeras del sector público.

Según el Análisis sobre la situación de las personas con discapacidad en El Salvador (2023), las discapacidades cambian según el ciclo de la vida. En la niñez, las dificultades más comunes son las intelectuales (42%), seguidas por las psicosociales (22.3%) y las del habla (22.7%). El informe estima que en El Salvador hay aproximadamente 1.14 millones de personas con alguna limitación identificada como discapacidad; cerca de una quinta parte de ese grupo presenta dificultades auditivas. Y  los tres tipos más frecuentes son la visual, la motriz y la intelectual. 

Las intervenciones del gobierno están priorizando el cuarto problema más frecuente, de la mano de los amigos norteamericanos. El 18 de febrero de 2026 arrancó el segundo diplomado en el Instituto Starkey de Latinoamérica, que incluye no solo a profesionales salvadoreños sino también de Guatemala. Estudiarán el modelo Wide-Frequency Audibility (WFA) que la Fundación Starkey ha diseñado como programa comunitario de salud auditiva, y que el gobierno salvadoreño ha asumido con entusiasmo.

Los otros dos institutos Starkey están en Zambia (África), inaugurado en 2016, y en Filipinas (Asia), que comenzó a funcionar en 2024.

En El Salvador no existe un edificio propio del Instituto Starkey Latinoamérica. Las instalaciones del Instituto Nacional de Salud (INS) se ocupan como sede para algunas de las reuniones del diplomado. Después de haber graduado la primera promoción en noviembre de 2025, los esposos Austin también asistieron al inicio del segundo diplomado. 

Foto publicada por Tani Austin, la esposa del CEO de Starkey en febrero pasado. En las instalaciones del Instituto Nacional de Salud Pública se han superpuesto las banderas de El Salvador y de Estados Unidos junto a la leyenda en inglés «Starkey Hearing Institute Latin America El Salvador Class of 2026». El montaje en un edificio público confiere formalidad y respaldo oficial.

*Para esta investigación también solicitamos, vía correo electrónico, entrevistas y aclaración de dudas con el Inabve, el despacho de la Primera Dama y las empresas Oído Center y Apamo. Ninguna de estas solicitudes fue respondida.

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Honduras: donde 20 defensores ambientales fueron amenazados de muerte entre 2015 y 2025

Quienes viven en el sur de Honduras son testigos de que ahí donde el extractivismo llega con la promesa de llevar desarrollo, provoca grietas. Las concesiones del sur son el recordatorio más crudo de que ahí donde el oro sale en camiones, el agua es contaminada y las promesas de consulta previa y licencia ambiental se quedan en papeles que nadie hace cumplir.

Cuando quienes habitan las zonas donde esos recursos son extraídos protestan o se oponen a nuevos proyectos de extracción, empiezan las amenazas y la persecución judicial. Según datos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos de Honduras (CONADEH) entre 2015 y 2025, recibió 32 quejas presentadas por personas defensoras del territorio por diferentes modalidades violatorias, entre las que la más frecuente ha sido la amenaza de muerte, según datos a los que tuvo acceso Fuera del Camino.

El Congreso Nacional de la República aprobó en febrero del 2025, la Ley Especial para la Protección de Defensoras y Defensores del Ambiente (Decreto Legislativo que reforma y amplía la ley de 2015). Esta norma incluye explícitamente a los defensores ambientales, obliga al Estado a implementar programas de alerta temprana y prevención en zonas de conflicto socioambiental, promueve el reconocimiento de su labor y busca prevenir riesgos. Incluye a periodistas que cubren temas ambientales. Sin embargo, organizaciones como Contra Corriente y la Plataforma por la Defensa de la Tierra y el Territorio la han calificado de “simulación legislativa” o “compromisos a medias”: no adopta el Acuerdo de Escazú, no resuelve el financiamiento del mecanismo y no crea tribunales ambientales especializados.

El Acuerdo de Escazú (ratificado por Honduras en 2022, pero con implementación lenta) es clave: obliga al Estado a proteger a defensores ambientales, garantizar acceso a información, participación pública y justicia en asuntos ambientales. Incluye medidas específicas contra ataques, investigaciones imparciales y sanciones a violaciones. La CIDH y la ONU lo han invocado en casos hondureños para presionar por cumplimiento.

Sin embargo, de las 20 amenazas de muerte por las que se presentaron quejas ante el CONADEH entre 2015 y 2025, solamente un caso ha sido cerrado.

La realidad ambiental

Choluteca no es un paraíso verde. Es un testimonio de resistencia, donde la naturaleza se dobla, pero no se rompe del todo, donde el sol quema para recordar que la vida aquí se gana gota a gota. El departamento respira un aire caliente y polvoriento, con manglares que susurran contra el golfo y sierras que guardan silencio. Pero bajo esa quietud late la amenaza del cambio. Menos lluvia, más calor, ecosistemas que se desplazan o desaparecen. Choluteca, al final, no es sólo geografía: es un recordatorio de que en el trópico seco la abundancia es ilusión y la sequía, la verdad más antigua.

En la zona sur, donde el sol funde la línea transversal del horizonte y el aire caliente se enrosca en los huesos, la defensa del medio ambiente ha dejado de ser una gesta romántica para convertirse en un expediente judicial de alto calibre.

En el departamento de Valle, los casos de judicialización suelen girar en torno a la recuperación de tierras y la defensa de los manglares frente a proyectos extractivos o fotovoltaicos. Criminalización a defensores en zonas como la Península de Zacate Grande quienes han enfrentado décadas de expedientes ensangrentados. Se les acusa de usurpación por defender el acceso a playas.

La isla Zacate Grande está en tierra firma, al sur de Honduras. Desde ahí se tiene acceso al Golfo de Fonseca a través de la bahía de San Lorenzo. Imagen de Google Maps
Península de Zacate Grande está al sur de Honduras. Desde ahí se tiene acceso al Golfo de Fonseca a través de la bahía de San Lorenzo. Imagen de Google Maps

En departamentos donde la pobreza alcanza al 63 % de la población y el corredor seco estrangula la existencia, la tierra es el único asidero. Sin embargo, para los defensores de la península de Zacate Grande o los pescadores que custodian el mangle y las playas, la ley se ha vuelto una geografía fragmentada.

La judicialización en el sur no es un error de cálculo; es una herramienta de control social. Según datos de la International Land Coalition, más de 120 líderes comunitarios en el sur tenían medidas sustitutivas en 2019. No hay un dato actualizado, pero la medida sigue siendo aplicada a decenas de personas, quienes tiene prohibido salir del país, están obligadas a firmar cada viernes ante un juzgado y, sobre todo, han sido despojadas de su derecho a la protesta.

Defensores del ambiente criminalizados

Así lo confirma Abel Pérez, vecino de la península de Zacate Grande, comunidad Playa Blanca. “Actualmente somos cinco personas criminalizadas, somos los únicos que estamos criminalizados después de que había 117 expedientes de criminalización por el delito de usurpación, actualmente solo habemos cinco en proceso, en audiencia y con solicitudes de audiencia, tres mujeres y dos hombres».

Abel Pérez, María Hernández, Oneyda Cardenas, Jessica Cruz, Santos Hernández y Abel Pérez están acusados por los delitos de usurpación por oponerse a la venta de su territorio, un territorio que consideran «ancestral» porque «ha sido de las comunidades”.

Pero esa situación, no solo se vive en Zacate Grande, también ocurre en Namasigüe, como lo testimonia Darwin Pineda, miembro de la   Plataforma de Comunidades Afectadas por las Industrias Extractivas en el sur de Honduras. Quien asegura que tuvieron 32 personas criminalizadas por la empresa fotovoltaica Scatec Solar y que ahora son solamente nueve: «No, vamos a reconciliarnos con la empresa porque aquí quien nos ha venido a dañar la estabilidad comunitaria ha sido la empresa fotovoltaica Scatec Solar, aquí en Namasigüe. Estamos hablando de don Leonardo Amador, Marlén Pastrana, Don Erasmo Pastrana, Anselma Escobar, Olga Pastrana, Noesis Gómez, Zulema Mendoza, y una persona que tuvo que salir del país porque fue hostigado y que lo amenazaron a muerte, que fue el compañero Félix Pastrana”.

Un joven descansa bajo la sombra de un jícaro cerca del parque fotovoltaico Los Prados. Foto José Onorio Cruz
Un joven descansa bajo la sombra de un jícaro cerca del parque fotovoltaico Los Prados. Foto José Onorio Cruz

Por su parte, Fidelina Pérez, coordinadora del Movimiento Ambientalista Social del Sur por la Vida (MASSVIDA), confirma que los defensores judicializados en el municipio de Namasigüe son ocho y que llevan siete años yendo a firmar a los juzgados, mientras que el proyecto contra el que protestaron “continúa ahí”. Desde MASSVIDA temen que con el actual gobierno se reactiven las acusaciones. El movimiento considera que las empresas fotovoltaicas dañan el medio ambiente y la vida a su alrededor. Eso ha motivado a MASSVIDA a acompañar a las personas que han sido judicializadas. El 4 de enero pasado se cumplieron 10 años desde las primeras protestas y en diciembre se tuvo una audiencia en la que se esperaba que se le suspendiera la medida de ir cada semana a firmar al juzgado.

Pérez explica: “Pretendíamos que se le suspendiera, para que firmaran una vez al mes. Eso más bien nos afectó porque es más fácil ir de Los Prados a Choluteca que ir de Los Prados a Namasigüe, y los trasladaron para Namasigüe que les queda mucho más difícil. Si van para Choluteca solo abordan un bus y para ir para Namasigüe tienen que abordar tres medios de transporte. Entonces, es más difícil ahora”.

Los diferentes conflictos que se han dado en la zona han dejado a las personas defensoras enfrentado la justicia como lo manifiesta, German Chirinos: “El número de defensores se mantiene, la criminalización sí aumentó un poco en el tema de las luchas por el acceso a la tierra de la zona de El Tulito, también hubo un conflicto por parte de las empresas azucareras. Hay tres o cuatro personas en la cárcel”. Chirinos asegura que la minería continúa generando conflictos y que las autoridades “nunca quisieron tomar decisiones contundentes”.

Namasigue
Los habitantes de Choluteca, Namasigüe, El Corpus y El Triunfo enfrentan acusaciones por «usurpación» cada vez que se oponen a la minería y la instalación de plantas fotovoltaicas. Imagen Google Earth

En el caso de la minería en El Corpus y Nacaome, donde hay declaraciones municipales que la prohíben, la explotación continúa. “Nos hemos reunido con todo mundo para evitar que se siga dando esto, pero no hemos podido encontrar a las autoridades para que se pueda aplicar la normativa”, agrega Chirinos.

En San Marcos de Colón, lo que les preocupa es la deforestación, pues el Instituto de Conservación Forestal (ICF) ha autorizado un plan de manejo o de cosecha a la cooperativa El Jicarito y que se está ejecutando “de manera inmisericorde” en el área protegida La Botija. Tanto eso como las concesiones que tienen que ver con las fotovoltaicas, preocupan a quienes integran MASSVIDA.

Pero la criminalización, no sólo se ha venido dando contra los defensores y defensoras del medio ambiente, sino también contra aquellos que trabajan en las Radios Comunitarias, quienes realizan su misión desde una cabina, pero en articulación con las organizaciones comunitarias. Así lo confirma Amada Ponce, Directora de la organización C – Libre: “La criminalización en contra de las radios comunitarias viene por diferentes razones, casi siempre utilizan acusaciones de delitos como usurpación (…). Las querellas que son los delitos de difamación o los conocidos como delitos contra el honor  son las formas frecuentes de criminalización a medios comunitarios”.

Ponce agrega que hay estigmatización y sanciones administrativas. Estas tienen que ver con la falta de acceso a frecuencias comunitarias en todo el país. “En Honduras hay cerca de 70 radios comunitarias activas”, explica, “pero menos de 20 tienen regularizada su situación ante CONATEL”.

Debido a eso menos del 30 % de las radios comunitarias operan de forma regular ante el Estado y la normativa no ha cambiado, pese a las recomendaciones de la Relatoría Especiales de Libertad de Opinión y Expresión de la ONU para que esta normativa garantice la plena existencia de los medios comunitarios en el país.

“Existe persecución administrativa, estigmatización. Los actores, generalmente locales o municipales, hablan de que estas radios operan de forma irregular pese a que muchas o la mayoría de ellas están reglamentadas por el convenio 169 de la OIT”, recuerda Ponce.

La injusticia que produce la explotación minera

Choluteca y Valle no son solo departamentos; son una geografía fragmentada donde la vida de un estanquero o un pescador se desdibuja ante el poder de las camaroneras y las plantas solares. El delito favorito que esgrime contra ellos el sistema es la usurpación. Bajo ese cargo, líderes comunitarios son observados con un ojo ceñido y el otro incrustado en la redondez de la mira de los tribunales.

El municipio de El Corpus, en el departamento de Choluteca, sur de Honduras, lleva siglos oliendo a oro y a polvo. Desde la época de la colonia se extrae metal precioso de sus cerros. Se extrajo primero con pico y pala, después con rastras y mercurio, y en las últimas décadas con maquinaria que devora montañas enteras. Pero en el 2026 el aire ya no huele solo a riqueza mineral: huele a traición institucional, a agua enferma y a promesas rotas.

En febrero de 2022 la expresidenta Xiomara Castro firmó el decreto que declaraba a todo el territorio hondureño libre de minería a cielo abierto. Un anuncio que sonó a trompetazo de júbilo para las comunidades que durante décadas habían visto sus ríos teñirse de cianuro y mercurio. Sin embargo, en El Corpus la maquinaria pesada nunca paró.

La división es visible y dolorosa. Hay familias que dependen directamente de los jornales que paga la empresa o de la minería artesanal que orbita alrededor. Otros, organizados en Comité Municipal de Defensa de la Naturaleza de El Corpus (Comudenc), llevan años en protestas, bloqueos y denuncias formales. En 2025 las manifestaciones se intensificaron; vecinos cerraron accesos, gritaron consignas contra las concesiones y exigieron el cierre definitivo de operaciones que violan el decreto presidencial de 2022. Pero la maquinaria sigue trabajando.

Dolor ante la destrucción

Gissel Baquedano recuerda con nostalgia cómo era el municipio de El Corpus, mientras ella disfrutaba, siendo niña, las maravillas de su tierra: “Somos un pueblo totalmente minero. Fuimos descubiertos en el año de 1585 precisamente cuando se descubre una veta de oro, un jueves de Corpus Christi y encontraron pequeños fragmentos de oro del tamaño del tamarindo y de ahí cuando Cholula fue nombrado Villa de Jerez de la frontera y Mis Reales Tamarindo. Siempre hemos crecido y vivido con la minería”.

Baquedano recuerda que El Corpus era un pueblo tranquilo, sin conflictos. El clima era fresco, a pesar de que es un municipio del sur de Honduras. La zona siempre ha sido caliente, pero El Corpus era un pueblo muy fresco, al igual que San Marcos de Colón.

Pero la tranquilidad en la que nacían, crecían y vivían los vecinos de este pintoresco municipio de El Corpus se vio interrumpida con la minería.

Baquedano, defensora del ambiente, asegura que con el surgimiento de defensores y defensoras del ambiente la empresa Cerros del Sur ha utilizado diferentes estrategias para dividir la población corpeña: “Hay personas que trabajan en la minería artesanal y en la minería industrial.  Hay disputas entre estas personas, ha habido conflictos, porque, aunque son también habitantes del municipio reciben un salario de la empresa minera”.

Según Baquedano, la empresa ha utilizados a quienes se dedican a la minería artesanales en la zona de la Cuculmeca, en la aldea de San Juan Arriba, diciéndoles que quienes se oponen a la empresa minera están en contra total de la minería. “Incluso hubo una manifestación, una marcha el 10 de julio del 2025 convocada por la empresa Cerros del Sur, donde les decían a los artesanales que se tenían que unir porque nosotros queríamos parar la actividad minera dentro de El Corpus Centro”, afirma ella.

En un país donde la pobreza afecta al 64 % de la población (datos oficiales 2023) y la desigualdad medida por el índice de Gini ronda el 0.51, el oro de El Corpus no ha traído prosperidad colectiva. Ha traído fractura social, estrés hídrico que afecta especialmente a las mujeres (quienes cargan con la búsqueda de agua potable cada vez más escasa), y un patrimonio histórico que se hunde centímetro a centímetro.

  • El Corpus
  • Minería metálica

El templo católico del año 1600 se agrieta. Las casas se inclinan. Los ríos llevan más arsénico que peces. Y mientras tanto, la empresa sigue extrayendo, las autoridades miran para otro lado y el decreto de 2022 parece un papel mojado guardado en algún cajón de Tegucigalpa.

En El Corpus ya no hay más oro que agua, como se solía decir. Ahora hay más silencio que justicia. Y el silencio de los tribunales tiene como respuesta protestas o derrumbes. Ciudadanos corpeños aseguran que ambas cosas están ocurriendo al mismo tiempo.

El Corpus lleva siglos siendo devorado por su propia riqueza. Desde la colonia, cuando los españoles clavaban picos en los cerros hasta este 2026 que huele a diesel quemado y promesas incumplidas, el oro sigue saliendo, pero el agua ya no. Y el decreto que iba a salvarlo todo —ese papel firmado por Xiomara Castro en febrero de 2022 declarando Honduras libre de minería a cielo abierto— según las organizaciones no se ha cumplido.

Un abuso que motivó a protestar

Baquedano recuerda que en octubre de 2024, vio el video que una amiga compartió en una red social. Las imágenes mostraban una casa muy cerca de la suya, donde estaban trabajando las máquinas de la empresa Cerros del Sur. “Era una de las casas más bonitas que había en nuestro pueblo”, dice.

La casa era conocida porque tenía prácticamente un bosque pequeño en toda su propiedad. “Estaba a escasos metros del parque, eso para mí fue impresionante, (…) Esa noche no dormí, lloré y sentí miedo. ¿Por qué? Porque yo sabía de quién era esa casa. Era de una señora que en mi adolescencia, yo vi cómo luchaba en contra de (la empresa) Cerros del Sur”.

En 2006, Dalila Pinel, la dueña de la casa, presentaba denuncias ante los medios escritos de Honduras. Para 2024, decidió vender su casa. Entonces, Baquedano sintió miedo y pensó: “Aquí esta gente ya nadie la va a poder parar», refiriéndose a la empresa Cerros del Sur. Entonces decidió: “Tengo que hacer algo».

Las consecuencias de defender el territorio

Choluteca y Valle no solo sufren sequías y ríos enfermos, también son territorios donde se criminaliza a quienes se atreven a nombrar los problemas que ahí se enfrentan. Los defensores del medio ambiente terminan en los juzgados por el delito de denunciar lo que todos ven, pero pocos dicen en voz alta.

En abril de 2021, siete defensores ambientales fueron criminalizados por alzar la voz contra la contaminación del río Choluteca. Denunciaron descargas de aguas sucias y desperdicios industriales que envenenaban el cauce —el mismo que riega cultivos y da de beber a comunidades enteras—. La respuesta no fue una investigación seria, fue un proceso penal que los convirtió en acusados en lugar de defensores del medio ambiente.

Amada Ponce, de C – Libre, comenta la experiencia que han tenido como organización: “La mayoría de las agresiones documentadas por C-Libre en los últimos años tienen que ver con la presencia de concesiones extractivas: minería, zonas especiales de desarrollo o presencia de grupos criminales”. Según ella, en estos lugares, zonas que deberían ser protegidas por su riqueza natural, es donde suelen estar las radios comunitarias. Estas se caracterizan por depender de la sostenibilidad de sus voluntarios y de sus propias comunidades y enfrentan situaciones graves.

Cándido Gómez, director de la radio comunitaria Estéreo Namasigüe subraya que han procurado aprender qué es la justicia y cómo deber ser impartida: “Después de tantas audiencias nos preguntamos ‘¿qué investigó este Ministerio Público antes de ir a esa audiencia?’”. Gómez asegura que los acusaban de daño al medio ambiente y a la propiedad privada, presentando evidencia de quemas ocurrida en otros lugares del departamento de Valle.

Fidelina Pérez, coordinadora MASSVIDA, comenta sobre esta realidad que viven las personas defensoras del ambiente: “La empresa privada, hablando de minería y fotovoltaicas, viene ofreciendo muchos beneficios para las comunidades y al final nos damos cuenta que todo es falso (…) Lo que queremos es que antes que se instalen que se nos consulte a las comunidades”.

Darwin Pineda, pertenece a la Plataforma de Comunidades Afectadas por las Industrias Extractivas en el sur de Honduras. Esta organización trabaja desde 1999 con los comités de defensa de la naturaleza (CDN) que fueron organizados en la región sur de Choluteca y Valle con apoyo de la pastoral social Cáritas. Pues ya se escuchaba decir que llegarían muchos proyectos extractivos al sur. Los CDN fueron organizados para poder defender el medio ambiente.

En el sur de Honduras, defender el medio ambiente no es un acto de heroísmo sino una necesidad de quienes viven en la zona. Una necesidad que luego es convertida en un delito que se paga con expedientes, audiencias interminables y el peso de la ley. Así lo afirma Pedro Canales, un defensor de la Península de Zacate Grande, en Amapala, departamento de Valle.

Él recuerda que hasta el año 2000, él y sus vecinos vivían una vida tranquila, “normal”, dedicándose a diferentes actividades. Pero todo cambió cuando el club social Coyolito empezó a crecer y vieron cómo esto afectó sus vidas y su trabajo.

“Hoy en día la faena pesquera no es lo suficiente para el sostén diario de la familia, es decir, nadie puede vivir con 5 libras de pescado que saque al día”, asegura. Canales se involucró tanto en la defensa de los recursos naturales de Zacate Grande que las constantes visitas a juzgados y la preocupación por diferentes demandas y acusaciones deterioraron tanto su salud que desarrolló diabetes.

Pedro Canales aparece en este mural en las instalaciones de la emisora La Voz de Zacate Grande, desde donde él y otras personas de la comunidad denuncian el cierre de los accesos a la playa. Foto / José Onorio Cruz
Pedro Canales aparece en este mural en las instalaciones de la emisora La Voz de Zacate Grande, desde donde él y otras personas de la comunidad denuncian el cierre de los accesos a la playa. Foto / José Onorio Cruz

El CONADEH, en su informe de labores 2025, reconoce que “la combinación de concentración territorial; recurrencia de ataques, hostigamiento y detenciones; presencia de hechos letales; y, señalamiento reiterado de actores estatales (principalmente policiales), configura un riesgo estructural para la defensa de derechos en asuntos agrarios, territoriales y ambientales”.

De las 32 quejas presentadas ante el CONADEH entre 2015 y 2025, 2 de cada 3 fueron presentadas entre 2022 y 2025. La situación de vulnerabilidad de los defensores del medio ambiente parece tender a agravarse. Mientras los llamados de la ONU y organizaciones locales para derogar el decreto 93-2021, que es utilizado para criminalizar a quienes defienden el territorio y los recursos naturales, siguen sin ser atendidos por el gobierno.

Este trabajo fue realizado para la Red Centroamericana de Periodistas, a través de su programa PARIIS 2026, gracias al apoyo de Reporteros Sin Fronteras y la mentoría editorial de Lilian Martínez.

Becas PARIIS, Red Centroamericana de Periodistas y RSF

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Anatomía de un cerco: irse para sobrevivir, quedarse para resistir en El Salvador

“El mejor de los escenarios es que nos capture el Estado”. Ángel Flores lo dice sin temblor, como quien enumera opciones posibles y elige la menos grave. Y no lo dice por heroísmo, es una conversación sobre meras probabilidades. Una conversación cada vez más recurrente en El Salvador desde mayo de 2025, el mes en que el gobierno del presidente Nayib Bukele provocó una salida masiva de periodistas y defensores de derechos humanos. Los que quedaron saben —o creen poder calcular— cuál es el costo de su resistencia.

Ángel se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la defensa de la tierra en el oriente del país. Es coordinador regional del Movimiento Indígena para la Articulación de las Luchas de los Pueblos Ancestrales de El Salvador (MILPA), una de las organizaciones más vocales en la lucha contra el despojo del territorio por la construcción de megaproyectos del Estado.

Desde 2021, cuando el Gobierno de Bukele anunció la construcción del Aeropuerto del Pacífico en La Unión, al oriente del país, Ángel se convirtió en una presencia incómoda. El megaproyecto prometía desarrollo, pero las comunidades preguntaban por sus casas, por sus cultivos, por el agua, por la compensación del Estado. Ángel empezó a organizar reuniones, a tender puentes entre cantones dispersos, a explicar derechos que existen solo en papel pero en la práctica se negocian: vivienda, indemnización justa, consulta previa, medio ambiente. Derechos básicos.

Después del acompañamiento en cada fase del desalojo contra cientos de familias en las comunidades de El Condadillo y Flor de Mangle, ubicadas en zonas estratégicas para el proyecto estatal, el nombre de Ángel Flores saltó a otros espacios.

Primero vinieron los ataques en redes sociales. Después detectó seguimientos: vehículos que aparecían demasiado seguido, rostros desconocidos en reuniones comunitarias, policías tomándole fotografías a los campesinos, agentes de la Fiscalía preguntando por líderes locales, y hasta restricciones en procesos judiciales por la tenencia de la tierra.

Pero la represión escaló desde el día uno del régimen de excepción, la medida más publicitada del “modelo Bukele” de seguridad. El 27 de marzo de 2022, día en que la Asamblea Legislativa afín a Bukele le dio poderes excepcionales al Estado, la Policía Nacional Civil capturó a dos defensores de MILPA: José Abel Claro Martínez, un miembro de la Asociación de Desarrollo Comunal (ADESCO) de Nuevo Amanecer; y a Walter Francisco Paz, activista de la comunidad.

El 9 de junio de 2023 la Policía capturó a uno de los fundadores de MILPA, Óscar René Martínez Iglesias, un pescador a quien acusaron sin pruebas de pertenecer a pandillas. Los tres defensores se oponían a la construcción del Aeropuerto.

Ni la Policía ni la Fiscalía General de la República explicaron los delitos de los que se acusa ni los motivos tras la captura de los defensores.

Óscar René Martínez Iglesias, padre de dos niños pequeños, es integrante de la comunidad Nuevo Amanecer, en territorio Lenca de La Unión, emblemática por su lucha por la tierra y el acceso a vivienda digna. / UNT.

El régimen de excepción, prorrogado ya decenas de veces por cuatro años consecutivos, suspende tres garantías constitucionales y permite detenciones sin una orden judicial. Organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han advertido que el régimen ya dejó de ser una medida excepcional, y expertos independientes sostienen que la medida ha propiciado violaciones masivas de derechos humanos: capturas arbitrarias, asesinatos, torturas, violencia sexual y desapariciones forzadas, que podrían constituir crímenes de lesa humanidad.

La represión estatal no ocurre en el vacío. Para Ángel, esta se articula con otros actores que disputan el control del territorio: grupos empresariales y estructuras del crimen organizado que aprovechan la inacción institucional para avanzar sobre tierras de comunidades indígenas y campesinas.

Un mes después del arresto del fundador de MILPA en la comunidad de El Icacal, el 12 de julio de 2023, la empresa Desarrollos Turísticos del Pacífico, S.A. de C.V. comenzó a cercar amplias zonas de la playa, declarándolas propiedad privada. Entre las áreas intervenidas hay manglares registrados oficialmente como Área Natural Protegida, así como terrenos costeros habitados históricamente por familias locales. El objetivo: desarrollar un proyecto turístico en la zona.

En paralelo a este proceso, la persecución contra la resistencia comunitaria se intensificó. Hasta la fecha, seis pescadores vinculados a la defensa de esa comunidad han sido arrestados, y cinco de ellos continúan en prisión.

Pero la violencia también escaló por otras vías. En noviembre de 2023, hombres encapuchados que se movilizaban en un pick-up gris irrumpieron en la vivienda de una familia de la comunidad. Les apuntaron con armas de fuego y los amenazaron: si no se van, serán asesinados.

Porque en los territorios se vive esto, Ángel insiste en que el mejor escenario es que lo capturen. Porque es consciente que hay otros peores: la violencia del crimen organizado y empresarios privados que ya les han mostrado su fuerza y sus recursos; y un Estado que no protege, sino que amordaza, persigue y criminaliza.

Nayib Bukele ha negado rotundamente la existencia de represión o persecución a voces críticas en su gobierno. En septiembre de 2024, ante las Naciones Unidas, aseguró: “En El Salvador no encarcelamos a nuestra oposición, no censuramos opiniones, no confiscamos bienes de quienes piensan diferente, no arrestamos a las personas por expresar sus ideas”.

Su discurso contrasta con la realidad: desde 2019, el gobierno salvadoreño ha impulsado ataques y la estigmatización de voces críticas, ha ahogado legalmente a las organizaciones de la sociedad civil que fiscalizan sus acciones, ha arrestado a más de una treintena de personas defensoras de derechos humanos y ha provocado el exilio de cientos de salvadoreños por motivos políticos.

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Cómo se cerró el cerco: deslegitimar, asfixiar y perseguir

El modelo de seguridad de El Salvador se ha vuelto un referente para la región. El país pasó de ser nombrado como la “capital mundial de homicidios” en 2015, con una tasa récord de 105 asesinatos por cada 100,000 habitantes; a alcanzar un mínimo histórico de 1.3 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2025.

Citando estas cifras, líderes políticos en toda Latinoamérica proponen la estrategia de El Salvador como la única vía para combatir el crimen organizado. La receta, sin embargo, incluye arrestos masivos, otorgar poderes excepcionales al Estado, y eliminar los pesos y contrapesos para concentrar el poder.

Políticos como Javier Milei en Argentina o Daniel Noboa en Ecuador han elogiado la “mano dura” de Bukele. Incluso Donald Trump lo ha llamado “su persona favorita”, “un gran aliado”, y ha alabado sus cárceles de máxima seguridad.

En 2025, tras un acuerdo con Bukele, la administración Trump envió a decenas de migrantes salvadoreños y venezolanos al Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) en El Salvador, la mayoría sin proceso ni condena judicial. Los horrores de las cárceles de El Salvador inundaron las páginas de medios internacionales cuando, finalmente, los migrantes fueron liberados y enviados a Venezuela.

Un informe de Human Rights Watch (HRW) y Cristosal recogió cientos de testimonios de torturas, abusos sexuales y desapariciones forzadas cometidas en contra de los migrantes durante su estancia en el país centroamericano. Para ese entonces, ya habían más de 3,000 denuncias por violaciones de derechos humanos en las más de 20 cárceles salvadoreñas que no son noticia en el exterior.

Pero los abusos del gobierno de Bukele no iniciaron con el régimen de excepción. Una línea de tiempo construida por FOCOS a partir de testimonios con víctimas, organizaciones de la sociedad civil y expertos independientes documentó cómo se cerró el espacio cívico en El Salvador: desde la confrontación retórica y deslegitimación inicial, hasta la instauración de una represión estatal institucionalizada.

En 2020 ocurrieron las primeras salidas. Exfuncionarios de distintos partidos, funcionarias de instituciones clave ahora bajo control del oficialismo y una decena de periodistas que, según la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), decidieron callar su exilio.

Con la llegada del partido de Bukele Nuevas Ideas en 2021, la Asamblea Legislativa dio el tiro de gracia a las últimas instituciones que podían frenarlo: su primera decisión fue destituir a los magistrados de la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General, Raúl Melara, quien investigaba presuntos actos de corrupción cometidos por sus funcionarios durante la pandemia.

El engranaje legal también comenzó a afinarse. Los diputados de Bukele aprobaron reformas judiciales para remover o trasladar a jueces incómodos, inducir renuncias y nombrar a abogados afines en tribunales estratégicos, consolidando un sistema de justicia sometido y sin capacidad de contrapeso y allanando el camino hacia el régimen de excepción.

Esta medida llegó en respuesta a una masacre de 87 personas desatada por el rompimiento del pacto del gobierno con las pandillas, según ha documentado exhaustivamente El Faro. Desde hace cuatro años, los salvadoreños mantienen una suspensión de garantías constitucionales que permite detenciones sin orden judicial, procesos judiciales opacos y escuchas telefónicas sin la intervención de un juez.

Según datos oficiales, más de 91,000 salvadoreños han sido detenidos bajo el régimen de excepción, más del 1.4 % de la población. Organizaciones de derechos humanos han documentado la muerte de 500 personas bajo custodia estatal, más de 400 desapariciones forzadas y más de 800 casos de tortura y malos tratos, que incluyen golpizas, descargas eléctricas, violaciones sexuales, desnudez forzada y violencia psicológica.

Con el régimen, además, regresó la práctica de perseguir y encerrar a opositores políticos y voces críticas, que había quedado atrás con la firma de los Acuerdos de Paz de 1992. Un informe de Cristosal, una de las organizaciones de derechos humanos más influyentes en Centroamérica que ha sido perseguida en El Salvador, documentó 245 víctimas de patrones de persecución, hostigamiento y criminalización entre 2019 y 2025. De estas, 86 personas siguen detenidas sin acceso a juicio y sólo siete han sido condenadas en procesos sin garantías mínimas.

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El punto de no retorno: mayo 2025

Mayo de 2025 se sintió como un punto de quiebre. Las amenazas de detención contra los periodistas de El Faro, el encarcelamiento de prominentes defensores de derechos humanos, junto con rumores que ya no se podían desestimar, crearon un ambiente de saturación que culminó en un exilio masivo de defensores de derechos humanos, abogados y periodistas.

En audiencias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) las organizaciones denunciaron que al menos 130 defensores y periodistas habían salido forzados al exilio.

Más de 80 personas se fueron después de la noche del 18 de mayo, tras la captura de Ruth López, jefa de la Unidad Anticorrupción de Cristosal y reconocida defensora de derechos humanos, nombrada una de las 100 mujeres más influyentes del mundo por la BBC en 2024. Por eso, cuando el Estado decidió ir tras ella, el mensaje era claro: nadie está exento de la represión del régimen.

El 7 de junio se sumó la captura del abogado constitucionalista Enrique Anaya, un férreo crítico del gobierno quien solo dos días antes había expresado en televisión abierta su temor a ser capturado por sus opiniones: “todos los que nos atrevemos a criticar lo hacemos con temor, con miedo”.

En ese momento quedó claro que no eran casos aislados: Bukele había empezado la ola represiva más grande desde el fin de la guerra civil.

Un día después de la captura de Anaya, el 8 de junio, la Policía preguntaba a trabajadores agrícolas por un “agitador que genera desorden en las comunidades” de La Unión. Ángel Flores cree que lo buscaban a él. Lo confirmó semanas después.

Video Ángel Flores

El 23 de julio, patrullas de la Policía irrumpieron en la localidad de La Lima, en La Unión, por un proceso judicial de desalojo iniciado en el Juzgado de Intipucá. Separaron a mujeres y hombres, y les obligaron a mostrar sus documentos de identidad. En ese grupo estaba Ángel, quien acompañaba una concentración de familias que pedían explicaciones a agentes de la Fiscalía por una inspección sin orden judicial en siete de sus viviendas.

Después de tomar fotos de la multitud, los agentes se detuvieron en Ángel. Le hicieron fotografías a su identificación al revés y derecho, y lo ficharon en una libreta.

Las comunidades de La Lima y El Icacal denunciaron este hecho ante la Fiscalía, acusando a los agentes policiales de la delegación de Intipucá de irrumpir violentamente en la comunidad. Denunciaron también al juez de Paz del distrito por posibles actos arbitrarios contra las familias campesinas.

Pero la respuesta de las autoridades fue investigar a las víctimas. Agentes de la Fiscalía llegaron a Intipucá una semana después, preguntando por Ángel y ocho de sus compañeros de MILPA. Acudieron a la oficina del registro familiar del distrito para consultar información personal como actas de nacimiento, actas de defunción de sus parientes, actas matrimoniales e información sobre patrimonio y bienes.

Pese a que los nueve investigados solicitaron a la Fiscalía conocer si había procesos penales activos en su contra, se les notificó en una constancia emitida el 22 de octubre, que no existía ningún proceso penal contra los líderes comunitarios. Por eso, Ángel sostiene que “la Fiscalía ha solicitado información nuestra sin existir una base legal que la respalde”.

FOCOS solicitó postura a la Policía Nacional Civil y a la Fiscalía General de la República sobre las denuncias de seguimientos, vigilancia, capturas de defensores comunitarios y posibles irregularidades en investigaciones relacionadas con líderes de MILPA. Al cierre de esta publicación, ninguna de las instituciones respondió a las consultas.

Ángel Flores tiene claro que el régimen de excepción es la principal herramienta de represión estatal contra los defensores en el territorio. La Mesa por el Derecho a Defender Derechos identifica a las personas defensoras de organizaciones de base o territorio como las más agredidas en El Salvador. En 2024 los casos de agresiones contra defensores en el territorio aumentaron hasta un 56 %.

Aún así, ha decidido seguir en el territorio que defiende. Anda los mismos caminos donde se proyecta construir la pista de aterrizaje del Aeropuerto del Pacífico. Sabe que cada reunión de comunidades puede ser —y estará— vigilada y que cada declaración suma un punto en un expediente, una lista negra que no ha visto.

“Mi posición personal es no salir del país, es seguir ejerciendo la lucha”, dice. “A diferencia de otros sectores en lucha que defienden derechos humanos meramente, la defensa de los territorios sólo tiene sentido si se ejerce desde los territorios mismos”.

Ángel permanece en las grietas del espacio cívico, sintiendo que su lucha está intrínsecamente ligada a la tierra que protege. “No somos defensores de la naturaleza, somos naturaleza defendiéndose”, concluye.

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La vuelta de la minería y el costo de la resistencia

Vidalina Morales recuerda bien que oponerse a la minería en El Salvador significa jugarse la vida. Fue en 2004, en Cabañas, en la zona norte de El Salvador, cuando lo descubrió. La empresa canadiense Pacific Rim buscaba explotar el oro del subsuelo, y encontró una resistencia feroz en las comunidades. Entonces comenzaron las presiones, las amenazas y la violencia que culminó en los asesinatos de ambientalistas del Comité Ambiental de Cabañas (CAS), que continúan en la impunidad.

En el año 2009, primero mataron al activista ambiental y líder comunitario Marcelo Rivera, después a Ramiro Rivera. Luego a Dora Sorto, quien tenía ocho meses de embarazo. Este último crimen marcó a Vidalina para siempre.

“Esos momentos me han marcado mucho mi coraje, mi fuerza”, dice Vidalina una mañana de 2025, a 17 años de los asesinatos que siguen impunes. “Esta lucha está manchada con sangre de compañeros que creyeron que la minería traería impactos negativos en la salud, el medio ambiente, en el agua, en la tierra”.

Pero ni siquiera la violencia logró detener el movimiento antiminero. Durante años, ADES, junto a organizaciones comunitarias, iglesias y universidades impulsaron una resistencia ciudadana que logró algo inédito: en 2017, El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en prohibir la minería metálica por su impacto en su estrecho territorio de 21 mil kilómetros cuadrados y en el río Lempa, que cruza el país de norte a sur.

Por eso, cuando Nayib Bukele quiso que su Asamblea Legislativa revirtiera la ley y trajera de vuelta la minería, sabía que encontraría territorios organizados.

Vidalina Morales ha sido la mujer con voz más fuerte en la lucha antiminera. Fue de las primeras en alertar sobre el interés del Gobierno por revivir la minería. Y cuando la Fiscalía capturó a cinco líderes ambientalistas de la comunidad de Santa Marta, ella no dudó en denunciarlo.

La madrugada del 11 de enero de 2023, la Fiscalía controlada por el oficialismo capturó a Teodoro Antonio Pacheco, director de ADES, al asesor jurídico Saúl Agustín Rivas, y a otros tres líderes comunitarios en Santa Marta: Miguel Ángel Gámez, Alejandro Lainez y Pedro Antonio Rivas. Los acusó de cometer asesinar a una mujer en 1989, cuando eran guerrilleros que combatían contra el Ejército salvadoreño. El proceso, sin embargo, se basó en la declaración de un testigo que negó haber presenciado el crimen, y un cuerpo que tampoco fue encontrado.

Vidalina asumió la vocería de ADES. Encabezó protestas y conferencias de prensa donde declaró que los líderes de Santa Marta fueron criminalizados por defender el medio ambiente.

El 16 de mayo, la relatoría de las Naciones Unidas sobre los defensores de derechos humanos condenó los arrestos como un “intento de intimidar” a los ambientalistas, y exigió su liberación. Al día siguiente, el gobierno de Bukele reaccionó capturando al hijo de Vidalina Morales bajo el régimen de excepción.

«He visto la muerte de Marcelo, he visto la muerte de Ramiro, de la compañera Dora”, recuerda. “Pero cuando me capturan a mi hijo fueron las horas más difíciles que he vivido. Lo que pretendían era que dejara de hablar, que me apartara de la lucha”.

Veinticuatro horas después de la captura, su hijo fue liberado sin explicación alguna y tras la presión de organismos internacionales. Pero el hostigamiento no paró: Vidalina denunció vigilancia, personas merodeando por la noche en su vivienda, gente no identificada preguntando por ella en las comunidades, en las oficinas de la organización, seguimientos en la calle.

Pero nada de eso la hizo callar. En octubre de 2024, un tribunal absolvió a los cinco ambientalistas de Santa Marta, y la comunidad celebró la decisión, nuevamente, con un discurso de Vidalina.

El Tribunal de Sentencia de Sensuntepeque absolvió por unanimidad a cinco líderes antiminería de Santa Marta. Después de 13 meses de arresto, se determinó que la Fiscalía no probó el asesinato de una mujer ocurrido durante la guerra. / Cortesía ADES Santa Marta.

La alegría duró poco. Una Cámara ordenó repetir el juicio mientras, al mismo tiempo, el presidente Bukele pidió a sus diputados revertir la ley que prohibía la minería y confeccionar una que la permitiera. El 23 diciembre de ese año, en la víspera de Noche Buena, la Asamblea oficialista aprobó exprés la nueva norma.

Para Vidalina, ese momento terminó de confirmar lo que sospechaba. “Ahí se desenmascara el verdadero propósito”, dice. “La intención era apartar del camino a todas las voces que han estado pronunciándose contra la minería”.

Sin embargo, la decisión del gobierno fue impopular. Por primera vez desde que Bukele gobierna, una de sus políticas enfrentó un rechazo mayoritario en las encuestas, con más de un 72 % de los salvadoreños oponiéndose a la minería. Durante los primeros meses de 2025 se organizaron varios plantones ciudadanos para manifestar el descontento. Vidalina los acompañó y luego volvieron las advertencias.

“Justo previo a la captura de Ruth (López), yo había recibido algunas advertencias de gente de confianza. Me advirtieron que era una de las mujeres que estaba en una lista, junto Ruth e Ingrid Escobar (Socorro Jurídico)”, cuenta. Desde entonces toma algunas precauciones, aunque no ha dejado de hablar.

En septiembre de 2025, otro tribunal volvió a absolver a los ambientalistas de Santa Marta. Aun así, en la comunidad temen que la Fiscalía intente reabrir el caso una vez más.

“Yo sí estoy convencida de que no somos eternos en esta vida”, dice. “Pero también estamos convencidas de que las causas que defendemos son causas justas. Mientras haya injusticia, yo creo que lo que menos podemos hacer es callar nuestras voces”.

FOCOS consultó a la Fiscalía General de la República sobre los fundamentos de las capturas de los líderes ambientalistas de Santa Marta, así como sobre las denuncias de criminalización vinculadas a su oposición a la minería metálica. Hasta el cierre de esta publicación, no se obtuvo respuesta.

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Irse para sobrevivir

Malcolm Cartagena trabajó por veinte años en el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Nunca fue funcionario con poder decisión, pero sí fue formador electoral y, al inicio de su carrera, asesor técnico del entonces magistrado Eugenio Chicas, exmiembro del FMLN y uno de los presos políticos de Nayib Bukele.

Entre los trabajadores del despacho de Chicas estaba también Ruth López, la abogada anticorrupción y defensora de derechos humanos de Cristosal capturada irregularmente el 18 de mayo de 2025. Malcolm la conoce desde hace años, y de ella aprendió casi todo lo que sabe sobre derecho electoral. “Es como mi hermana”, dice.

Con su apoyo se volvió formador electoral. Enseñó a cientos de ciudadanos, miembros de juntas receptoras de votos, a policías, a fiscales y a personal de la Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos cómo debía funcionar, en teoría, una jornada democrática.

Malcolm Cartagena trabajó en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) durante más de una década. En esa institución conoció a Ruth López, presa política del régimen de Nayib Bukele. / Cortesía.

Por eso, cuando Bukele impulsó las reformas para cambiar la fórmula con la que se reparten los escaños de la Asamblea Legislativa, reducir el número de diputados y combinar municipios, Malcolm tenía claro que las elecciones de 2024 dejarían un país menos democrático. Y así fue. Las presidenciales de 2024 le concedieron la reelección a Bukele –en contra de lo establecido en la Constitución de la República–, y las elecciones de diputados le dejaron una mayoría casi absoluta en el Congreso, con 54 de 60 diputados.

Junto a Ruth, Malcolm Cartagena fue una de las voces que criticó abiertamente estas reformas por el retroceso que representaban en materia de derechos civiles. Durante el proceso electoral, ambos documentaron las denuncias de fraude presentadas por la oposición, señalaron irregularidades durante el conteo de votos, y ofrecieron su análisis técnico. Todo mientras eran atacados en redes sociales por haber trabajado en el TSE.

Por el grado de las amenazas y la estigmatización, Ruth sabía que la podían capturar. Malcolm recuerda que se lo dijo. Pero ambos reconocían que no había forma: no tenían poder de decisión, de administración de fondos, o de firmar. Su labor había consistido en asesorar, capacitar y explicar procedimientos. Lo hablaron demasiadas veces. Pero Ruth ya había decidido quedarse.

Para él, la respuesta no era tan sencilla: Malcolm padece insuficiencia renal crónica en etapa cinco. Hasta antes de salir de El Salvador, se hacía diálisis peritoneal diaria en casa. El Seguro Social le llevaba los insumos cada mes. Tenía nefrólogo, nutricionista, psicólogo. Pagaba una cuota mensual de apenas $30 USD.

Si lo detenían, sabía lo que podía ocurrir. “Hay personas enfermas que han muerto bajo custodia estatal”, dice. “Si me capturan, me dejan morir”.

La noche de la captura de Ruth, el primero en enterarse fuera de la familia fue Malcolm. La hija de Ruth lo llamó a las 10:30 p.m., y él atendió creyendo que necesitaba ayuda para reparar su computadora. Cuando supo lo que había pasado, tenía la certeza de que esa noche llegarían por él. No pudo dormir.

Un mes después, el 25 de junio, tres policías armados tocaron su puerta. Dijeron que realizaban un censo. Preguntaron cuántas personas vivían en la casa, si tenía internet, si tenía vehículo; sin embargo, anotaban en una hoja suelta. El vehículo en el que se movían no tenía placas. Y en El Salvador los censos no los hace la Policía.

Malcolm dice que sólo visitaron su casa en todo el pasaje. Más tarde regresaron y preguntaron a los vecinos cuántas personas vivían allí. El mismo libreto ya había aparecido en otras casas de defensores y opositores: preguntas vagas, presencia intimidante, y semanas después, una captura. Malcolm entendió el mensaje.

Salió del país sin hacerse diálisis durante tres días. Cuando llegó a su destino, los médicos lo ingresaron de inmediato: tenía los pulmones llenos de líquido. Pasó tres días hospitalizado.

FOCOS solicitó comentarios a la Secretaría de Prensa de la Presidencia sobre las denuncias de hostigamiento contra voces críticas del sistema electoral. Al cierre de esta publicación, no se recibió respuesta.

Malcolm se llama a sí mismo exiliado del régimen. No tiene un proceso penal abierto, no enfrenta una sentencia, y aun así no puede volver. Él sabe cómo El Salvador llegó a este punto. Lo ha estudiado. En El Salvador se torcieron las reglas electorales, se cerraron espacios, se persiguió a críticos. Sabe que las dictaduras no empiezan con grandes proclamaciones; empiezan con ajustes técnicos, con reformas discretas. De esas que él tanto ha tratado de explicar.

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La carrera del desgaste

La captura de Ruth López es un episodio visible de una historia más larga.

En octubre de 2020, durante una cadena nacional, Nayib Bukele mencionó por primera vez a Cristosal. Acusó a la organización y a Tutela Legal “María Julia Hernández” –defensores de las víctimas y sobrevivientes de la masacre de El Mozote en el proceso penal contra más de una docena de militares retirados–, de ser “grupos fachada” del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), partido de oposición fundado por los excombatientes de la guerrilla tras los Acuerdos de Paz de 1992.

Cristosal operaba en El Salvador desde mucho antes de la llegada de Bukele al poder. En 2014, se dedicaba a la atención a personas desplazadas por la violencia de las pandillas, llegando a documentar más de 1,000 casos entre 2017 y 2018. Presentaron leyes y crearon mecanismos para proteger a víctimas de desplazamiento forzado interno, un fenómeno que el gobierno de ese momento, el del FMLN, se rehusaba a reconocer.

La tensión con los gobiernos de turno era habitual, pero en la administración de Nayib Bukele fue cuando el Estado comenzó a perseguirlos. El punto de ruptura fue el 9 de febrero de 2020, cuando Bukele se tomó la Asamblea Legislativa con militares, asegura Abraham Ábrego, defensor de derechos humanos desde hace tres décadas y actual jefe de Litigio Estratégico de Cristosal.

Antes de esa fecha, sostenían reuniones con funcionarios de Casa Presidencial. Pero después de participar en una conferencia rechazando la acción militar de Bukele, fueron vetados de cualquier espacio de diálogo con el Gobierno. “A partir de ahí empezó un discurso contra oenegés y no nos volvimos a reunir con ellos”, asegura Ábrego.

Abraham Ábrego, director de Litigio Estratégico de Cristosal (derecha), acompaña a familia de Ruth López durante una conferencia de prensa para informar sobre su captura el 18 de mayo de 2025./ Cortesía.

Fue durante la pandemia del COVID-19 que Cristosal decidió ampliar su línea estratégica e incluir en su marco de actuación el registro de violaciones de derechos humanos y la lucha anticorrupción. “Nos dimos cuenta de que era otro estilo de gobierno, uno de carácter autoritario”, afirma Ábrego.

Un estudio presentado por una decena de organizaciones salvadoreñas en 2023, encontró que en El Salvador existen graves transgresiones a los derechos a la asociación, a la participación y a la libertad de expresión. El informe detalla que 71 organizaciones habían denunciado acoso policial y militar a sus miembros y obstáculos a espacios de reunión.

Desde 2021 comenzó la presión administrativa contra Cristosal. El Ministerio de Hacienda inició una auditoría exhaustiva sobre las cuentas de la organización desde 2019. Aunque la administración entregó toda la documentación solicitada, en diciembre el gobierno retiró una exención fiscal que había tenido durante años. La decisión llegó en la víspera de Navidad, cuando las instituciones públicas estaban a punto de cerrar por vacaciones.

Cristosal presentó recursos legales y los tribunales se declararon incompetentes para resolver. El proceso quedó atrapado en un laberinto administrativo mientras la organización invertía tiempo y recursos en responder.

Cuando detuvieron a Ruth López, el terreno ya estaba preparado. Auditorías, requerimientos, cuestionamientos contables, estigmatización pública que los señalaba de “defender a pandilleros”. Cada acción por sí sola parecía un procedimiento legal de rutina, pero en conjunto, iban estrechando el margen de operación de Cristosal y el resto de organizaciones de la sociedad civil.

El 28 de abril de 2025, mientras Cristosal desarrollaba una conferencia de prensa junto a Kerry Kennedy, presidenta de la organización estadounidense Robert F. Kennedy Human Rights, agentes de la Policía Nacional Civil ingresaron a las oficinas de la organización en San Salvador. No hablaron con nadie, solo caminaron por las instalaciones, tomando fotografías de los vehículos y las oficinas.

Hasta la captura de Ruth, Cristosal no se había planteado su salida de El Salvador. “Cuando comenzaron en mayo las capturas contra transportistas, contra los ambientalistas de la Cooperativa El Bosque, comenzamos a ver la cosa más complicada”, asegura Ábrego. “Pero todavía no teníamos la decisión de salir. Fue hasta después que capturaron a Ruth”.

FOCOS consultó a la Policía Nacional Civil y a la Secretaría de Prensa de la Presidencia sobre las auditorías, inspecciones policiales y señalamientos públicos contra Cristosal, así como sobre las denuncias de persecución contra sus integrantes. Al cierre de esta publicación, no se obtuvo respuesta oficial.

El 17 de julio de 2025, Cristosal anunció el cierre de su oficina en San Salvador y el traslado de su operación a Guatemala. Después de años de presión constante, el margen para trabajar dentro del país se había vuelto inhabitable.

La decisión de la oenegé fue una respuesta a la escalada de criminalización en contra de defensoras y defensores de derechos humanos, así como la imposición de la Ley de Agentes Extranjeros (LAEX), aprobada por la Asamblea Legislativa a petición de Nayib Bukele el 20 de mayo de 2025.

La Ley de Agentes Extranjeros impone dos requisitos principales a las organizaciones sociales que reciben fondos o donaciones del extranjero: establece un impuesto del 30% sobre dichos fondos; y exige la inscripción en un nuevo registro. Este registro cuenta con amplias facultades para determinar qué tipo de actividades pueden ejercer en el país.

Además de Cristosal, otras organizaciones de la sociedad civil han anunciado su disolución o salida de El Salvador. La Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (FESPAD) y la Fundación para el Desarrollo de las Ciencias Sociales (FUDECSO) anunciaron a finales de 2025 su disolución después de décadas de trabajo.

Mientras la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), la principal gremial de periodistas del país, anunció su salida de El Salvador señalando que las actuales condiciones políticas impiden continuar con su labor.

Organizaciones ambientalistas como la Asociación Centro de Estudios Aplicados en Ecología y Sustentabilidad Ambiental (ECOS El Salvador) han cerrado operaciones de forma permanente tras la escalada de persecución y criminalización en 2025.

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“Me fui para poder seguir hablando”

Angélica Cárcamo no salió huyendo de El Salvador, salió por prevención. La expresidenta de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), cofundadora del medio independiente Infodemia y actual directora de la Red Centroamericana de Periodistas (RCP) lleva casi un año fuera del país. Cuando se fue, a finales de mayo de 2025, no pensaba quedarse. Empacó para dos semanas.

“Yo no quería irme”, dice. Pero en esos días se intensificaron las alertas: habían capturado a la abogada y activista anticorrupción Ruth López, a líderes comunitarios y ambientalistas, y frente a su casa, la presencia policial dejó de parecer una rutina. Empezó a sentirse como advertencia de lo que seguía.

La decisión fue calculada: salir antes de que tocaran la puerta. Una medida preventiva. El plan era regresar a mediados de junio, pero en esos días detuvieron al abogado constitucionalista Enrique Anaya, férreo crítico del oficialismo. Entonces entendió que volver ya no era una opción segura.

“Entrar a El Salvador no es posible, no es seguro y no es una garantía si querés seguir hablando”, asegura. “Regresar a El Salvador tiene como moneda de cambio el silencio, o saber que en algún momento van a tocar la puerta de tu casa, va a ser la policía”.

Desde APES habían visto el cambio de tendencia con datos en mano: entre 2020 y 2022 el Estado pasó a encabezar las agresiones contra periodistas, desplazando a pandilleros y al crimen organizado, según registros de la asociación. Las denuncias incluyen restricciones en conferencias de prensa, bloqueos de acceso a la información pública y campañas de estigmatización. Angélica fue una de las voces más visibles en esas denuncias.

La APES ha mantenido una postura crítica frente a distintos gobiernos. Sin embargo, según Cárcamo, el contexto actual se caracteriza por una mayor concentración de poder y un entorno mediático marcado por el temor y la autocensura.

El informe “La curva del silencio”, elaborado por la APES, documenta que al menos 43 periodistas salieron del país entre marzo y junio de 2025, en lo que constituye un fenómeno sin precedentes en décadas recientes.

El punto más crítico ocurrió en mayo, cuando 31 periodistas abandonaron El Salvador en un solo mes, “prácticamente uno por día”, según el informe.

La mayoría no salió por amenazas directas consumadas, sino por anticipación: más del 85 % de los casos reportados señala que la decisión estuvo motivada por el temor a una posible orden de captura.

Además, el perfil del exilio revela una pérdida significativa para el ecosistema informativo: más del 60 % de quienes se fueron eran periodistas con más de una década de experiencia y carreras consolidadas en medios, en su mayoría digitales e independientes.

Hasta noviembre de 2025, al menos 53 periodistas salvadoreños habían salido del país, según datos de la Red Centroamericana de Periodistas. La cifra ya sube a 59 al cierre de esta investigación. Este grupo incluye a periodistas de medios escritos, digitales y comunitarios.

Angélica Cárcamo, actual directora de la Red Centroamericana de Periodistas, salió del país tras las capturas de defensores de derechos humanos en mayo de 2025. Al menos 59 periodistas han dejado El Salvador en casi un año. /RCP

A este contexto se suman nuevas restricciones legales. La Ley de Agentes Extranjeros, aprobada por la Asamblea Legislativa, establece un impuesto del 30 % a fondos de cooperación internacional, multas de hasta $250,000 USD y limitaciones para que organizaciones aborden temas políticos. Este fue un golpe directo a los medios que dependían de donaciones o financiamiento extranjero para operar en el país. “No es una ley para todas las organizaciones. Tiene destinatarios claros”, sostiene Angélica.

El impacto ya es visible. La mayoría de periodistas que han salido del país emigró de forma regular a la región, y algunos han iniciado trámites formales de refugio. Además, medios como FOCOS y la Revista GatoEncerrado han cesado sus operaciones en El Salvador, trasladándose a Costa Rica.

FOCOS consultó a la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia y a la Policía Nacional Civil sobre las denuncias documentadas por organizaciones de periodistas respecto a agresiones, hostigamiento y limitaciones al ejercicio de la prensa. En reiteradas ocasiones, el Gobierno ha rechazado estos señalamientos y ha afirmado que en El Salvador existe plena libertad de expresión. Al cierre de esta publicación, no se obtuvo respuesta.

Angélica ha dado seguimiento a todos estos casos. Ha recibido llamadas de madrugada, de noche o de día. Periodistas que piden ayuda para salir después de recibir amenazas, o de ser vigilados por la policía en sus casas. Otros le han escrito porque necesitan atención psicológica urgente, por el duelo no resuelto de haber dejado su país, sus hijos, sus parejas, sus mascotas. Y con ellos, Angélica revive su propio duelo.

Por eso, la palabra “exilio” tardó en instalarse. Dice que fue hasta finales de 2025 cuando cayó en cuenta de que no era una pausa. El golpe más fuerte, dice, no fue el día que se fue. Fue el día que entendió que no podía volver.

Angélica siente a veces culpa. Hay periodistas y defensores que todavía permanecen en El Salvador. Algunos están expuestos en zonas rurales. Ruth López está presa. Ella, en cambio, está libre y fuera, y esa libertad también le resulta una carga pesada.

Se pregunta si hizo lo correcto. Luego recuerda una frase que alguien le dijo antes de salir:

“¿Dónde sos más útil? ¿Adentro, con riesgo de ir a prisión, o afuera, donde podés seguir trabajando?” Eligió seguir hablando.

***

Sindicalismo bajo castigo

Durante más de dos décadas, Sonia Viñerta acompañó a mujeres víctimas de violencia desde el Estado. Hoy, es una de las cientos de trabajadoras públicas despedidas en un contexto que organizaciones laborales describen como un retroceso en la libertad sindical en El Salvador.

Sonia es sindicalista, integrante del Movimiento por la Defensa de los Derechos de la Clase Trabajadora (MDCT) y extrabajadora del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), una de las pocas instituciones estatales enfocadas en la atención a mujeres víctimas de violencia, que ha sido debilitada en el gobierno de Bukele.

Durante 26 años trabajó con comunidades empobrecidas, empleadas públicas y trabajadoras del campo. En ese tiempo, fundó la Unión Sindical de Trabajadoras y Trabajadores del ISDEMU, uno de los más de 50 sindicatos que han desaparecido bajo la gestión de Nayib Bukele.

Su caso no es aislado. En la primera administración de Nayib Bukele, el Movimiento de Trabajadores Despedidos (MTD) denunció más de 21,000 despidos de empleados públicos por supresión de plazas y cierre de instituciones estatales.

La Confederación Nacional de Trabajadores Salvadoreños (CNTS) reporta que al menos 60 sindicatos fueron desarticulados y que cientos más han enfrentado amenazas. Según esta organización, al menos 500 dirigentes sindicales han sido despedidos desde la llegada de Bukele, entre ellos Sonia Viñerta.

Sonia Viñerta se manifiesta junto a trabajadores organizados que han sido despedidos sin seguir el debido proceso. /Cortesía.

La presión no se limitó a los despidos. En 2022, tras la implementación del régimen de excepción vigente, comenzaron las capturas en contra de sindicalistas. El 28 de abril de ese año, previo a la conmemoración del Día Internacional del Trabajo, el ministro de Trabajo, Rolando Castro, amenazó con aplicar el régimen a quienes participaran en marchas. Los calificó como “terroristas”.

Sonia Viñerta salió a marchar ese y los tres años siguientes. También continúa brindando declaraciones públicas, pese a advertencias que se sienten cada vez más cerca. Antes de ser despedida, un asesor de la jefatura de ISDEMU le advirtió: “deje de dar entrevistas, deje de salir en los medios”. No lo hizo.

Entre mayo y julio de 2024, denunció públicamente despidos de mujeres embarazadas en el sistema de salud junto a otros sindicatos. El 23 de diciembre de 2024 despidieron a 104 trabajadores del ISDEMU. 101 eran mujeres y Sonia estaba entre ellas.

“Yo sabía que tarde o temprano iba a pasar, pero igual duele”, asegura. Desde entonces vive con una pensión mínima y con las consecuencias del desgaste. Dice que ha desarrollado diabetes. Ha tenido episodios depresivos. Ha tenido que buscar atención psicológica.

El golpe más fuerte, sin embargo, no fue perder el empleo. Fue el estigma. “Te llaman ladrona, enemiga del país”.

Ese título, dice, suena mucho más desde que acudió ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para denunciar violaciones a la libertad sindical y despidos en el sector público. Su confederación es una de las pocas que ha mantenido activas estas denuncias a nivel internacional.

La dirigente sindical participó en la 113ª Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra, donde expuso la situación laboral del país ante representantes de distintos Estados y organizaciones sindicales. “Tuve cinco minutos de gloria horribles”, dice. “Les digo horribles porque hablar de la problemática sindical en cinco minutos, es imposible”.

En su intervención denunció que ha sido despedida de su cargo y que enfrenta impedimentos para ejercer funciones sindicales. Habló sobre los 19 sindicalistas detenidos de manera arbitraria durante el régimen de excepción. Uno de ellos, Leonidas Bonilla, falleció en custodia del Estado el 3 de septiembre de 2022, y su cuerpo presentaba señales de tortura según denunciaron sus familiares.

FOCOS solicitó postura al Ministerio de Trabajo y a la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia sobre los despidos de personal, las denuncias de afectaciones a la libertad sindical y los señalamientos de persecución contra dirigentes gremiales. Hasta el cierre de esta publicación, no se recibió respuesta.

Sonia afirma que, pese a los intentos del Gobierno por retirar o debilitar las denuncias de los sindicatos, El Salvador se mantiene bajo observación en la Comisión de Normas de la OIT debido a los señalamientos presentados por organizaciones laborales y sus aliados internacionales.

Añadió que han continuado enviando documentación y pruebas sobre el incumplimiento de convenios internacionales en materia laboral, con el objetivo de evidenciar ante instancias internacionales la situación de los derechos de los trabajadores que, insiste, son también derechos humanos.

Sonia dice que el país vive un retroceso, pero también cree —o quiere creer— que hay grietas. Habla de redes sociales, de gente que empieza a hablar. De indignación.

Pero casi nadie se anima, ni siquiera dentro del movimiento sindical, a seguir denunciando. “El problema no es lo que se piensa”, dice. “Es dar la cara”.

“En las marchas siempre son las mismas caras”, insiste. Pero aún así, siguen.

Cuando le preguntan si tiene miedo, responde sin pensarlo demasiado: “Sí. Pero me puede más la indignación”, dice. “Como dice Ruth, esto no va a durar para siempre. Cuánto va a durar es lo que no sabemos. Mientras tanto nosotros hemos decidido seguir alzando la voz”.

***

El brazo del régimen cruzó las fronteras

Lo que comenzó como un viaje de incidencia internacional terminó convirtiéndose en un caso de persecución que, según organismos internacionales, ejemplifica la expansión de la represión más allá de las fronteras salvadoreñas.

Ivania Cruz no salió de El Salvador con la intención de exiliarse. En noviembre de 2024 viajó a Europa con una agenda definida: denunciar ante parlamentarios y organizaciones de derechos humanos las consecuencias del régimen de excepción, incluyendo capturas masivas, falta de garantías procesales y afectaciones a comunidades enteras. Su retorno estaba previsto para el 3 de marzo de 2025..

Nunca ocurrió. El 25 de febrero, mientras se encontraba fuera del país, la Fiscalía General de la República (FGR) giró una orden de captura en su contra y allanó su vivienda y las oficinas de la Unidad de Defensa de Derechos Humanos y Comunitarios (UNIDEHC), organización que integra.

UNIDEHC agrupa a abogados independientes y líderes comunitarios que inicialmente acompañaban a personas desplazadas por demandas de desalojo y despidos arbitrarios; pero desde 2022, comenzaron a documentar y defender a personas detenidas bajo el régimen de excepción.

Según denunció Ivania, el día del operativo, su madre estaba sola en su casa, junto a su hijo menor de edad. Agentes de la Policía Nacional Civil y la FGR derribaron dos puertas metálicas sin mostrar ninguna orden judicial, según muestran las cámaras que Ivania tenía instaladas en su sala.

Apuntaron con un arma a una mujer con enfermedades crónicas y le exigieron el celular. Revisaron la casa antes de que llegara el abogado. Una hora después enseñaron un documento que ni siquiera mencionaba el nombre de su madre ni el de Ivania. Buscaban a Rudy Joya, dijeron.

Ese mismo día, autoridades también capturaron a integrantes de UNIDEHC y a líderes comunitarios vinculados al caso de la comunidad La Floresta, en San Juan Opico, donde la organización había acompañado denuncias por intentos de desalojo de más de 200 familias.

El primer detenido fue Fidel Zavala, quien se había sumado a la organización tras haber sido capturado durante el régimen de excepción. Amnistía Internacional ha señalado que su vida corre peligro al interior de las cárceles, debido a que denunció ante la Fiscalía a los custodios y al director de Centros Penales, Osiris Luna, por las torturas que vivió en las cárceles del régimen.

La explicación de las autoridades sobre este caso es limitada. La Fiscalía ha señalado a Zavala, a Ivania Cruz y a su colega Rudy Joya por delitos como agrupaciones ilícitas y comercialización irregular de lotificaciones, acusándolos de liderar una supuesta estructura criminal. “Este es un caso diseñado para silenciarnos”, asegura Ivania.

La abogada lo vio todo desde lejos, a través de las cámaras instaladas previamente en su casa y oficina. Desde 2021, asegura, había documentado vigilancia constante: vehículos estacionados durante horas frente a su casa, personas durmiendo dentro de carros con placas vinculadas a empresas inexistentes y policías tomando nota de sus movimientos.

Fuentes fiscales le habían confirmado que las autoridades habían levantado expedientes con fotografías descargadas de redes sociales. Estaban preparados para el seguimiento: habían aprendido a moverse, a no dormir siempre en el mismo lugar, a repartirse entre varias personas los documentos sensibles. Pero esa tarde, desde otro continente, mirar no servía de nada.

Ante la orden de captura, regresar al país implicaba, según Cruz, una detención inmediata. “No fue una decisión heroica, fue la única posible”, afirma.

Mientras, su familia seguía en El Salvador. Su madre fue advertida sobre posibles cargos por obstrucción durante el allanamiento, lo que posteriormente la llevó también a salir del país. Sin embargo, la salida no detuvo la persecución.

Al no presentarse a los tribunales en El Salvador, el juzgado solicitó alerta roja a la Policía Internacional (INTERPOL). Y aunque la Fiscalía envió la acusación sin el expediente completo, las autoridades transnacionales emitieron la alerta. La policía española citó a Rudy Joya. Lo detuvieron más de 30 horas mientras la Audiencia Nacional evaluaba la solicitud. Ivania se presentó voluntariamente al día siguiente, y fue detenida.

Ambos abogados salieron con medidas cautelares como la entrega de pasaportes, una firma quincenal en un juzgado y restricción de movilidad. Organismos internacionales comenzaron a observar el caso. Naciones Unidas habló de represión transnacional: persecución que cruza fronteras y el uso de mecanismos internacionales para intimidar o forzar retornos. Amnistía Internacional también acompañó el proceso.

De acuerdo con una comunicación enviada en noviembre de 2025 por la Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la situación de personas defensoras de derechos humanos y otros expertos, el proceso contra Cruz y Joya presenta indicios de criminalización vinculada a su labor de defensa.

La alerta de INTERPOL fue retirada en diciembre de 2025, y el Gobierno de España admitió la solicitud de asilo en favor de ambos hasta el pasado 3 de marzo de 2026; sin embargo, el proceso penal en El Salvador continúa.

El Tribunal Quinto contra el Crimen Organizado prorrogó por seis meses la fase de instrucción del caso, programando así una posible audiencia para marzo de 2026 lo que mantiene el riesgo de una posible extradición contra los defensores.

Ivania Cruz es vocera de la Unidad de Defensa de Derechos Humanos y Comunitarios (UNIDEHC). Salió de El Salvador en febrero de 2025 y no pudo regresar por una orden de captura girada en su contra. /UNIDEHC.

“En mi país, una defensora de derechos humanos puede correr peligro por su voz de denuncia, y esta resolución lo confirma”, aseguró Ivania. El objetivo del exilio forzado, dice, es el silencio. Pero esto no es opción para ella. “Si quienes denuncian se van y dejan de hablar, la narrativa oficial queda sin contraste”.

Su caso, señala, se ha convertido en un precedente legal para la nueva generación de exiliados salvadoreños. “Ahora ya hay un antecedente jurídico a favor de la protección. (La persecución) no le funcionó, al menos en el Estado español”, asegura.

Los expulsados de El Salvador tienen cada vez menos opciones para refugiarse. El endurecimiento de las medidas migratorias en Estados Unidos tras la llegada de Trump ha provocado que las Cortes de Inmigración rechacen los casos de asilo con más frecuencia. Durante 2025, un 71% de las solicitudes de asilo presentadas ante un juez fueron denegadas, según datos oficiales del Departamento de Justicia.

Costa Rica, un país que hasta hace algunos años contaba con una fuerte tradición de protección internacional y refugio en Centroamérica, también ha endurecido sus políticas migratorias, recortando fondos destinados a su sistema de asilo en un 41 %. La decisión afectó, sobre todo, a los desplazados del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, en Nicaragua.

A esto se suma el respaldo político de países como Estados Unidos y Costa Rica al gobierno de Nayib Bukele. “No te va a proteger un estado que esté aliado a Bukele, que avale sus políticas. Al contrario. En Estados Unidos están rechazando las visas, los asilos a los exiliados que han llegado allá”, advierte Ivania.

Esta redacción consultó a la Fiscalía General de la República (FGR), a la Policía Nacional Civil (PNC) y a la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia sobre las órdenes de captura, los allanamientos en contra de organizaciones de la sociedad civil y defensores de derechos humanos. Al cierre de esta publicación, ninguna de las instituciones respondió a las consultas.

Desde Euskadi, lejos de San Salvador pero aún pendiente de los procesos penales contra UNIDEHC y las decenas de casos que acompañan, continúa con su trabajo: hablar, denunciar, documentar el país que tuvo que dejar.

Visite el especial «Anatomía de un cerco»

Una investigación de FOCOS por Andrés Dimas y Gabriela Villarroel.

Esta historia cuenta con el apoyo del programa Impact Reporting del Institute for War & Peace Reporting ((iwpr.net), que ayuda a periodistas locales de todo el mundo a generar un impacto.

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¿Te alcanza para comprar una casa en El Salvador? Spoiler: probablemente no

A los 28 años, Ana Mercedes se paró frente a una ventanilla del Fondo Social para la Vivienda (FSV) preguntando cuál era el precio de las casas más baratas y lo que necesitaba para comprar una. Era mediados de los años ochenta. Ganaba 151 colones en una fábrica de licores y ese salario apenas le alcanzaba para cubrir alimentos y el alquiler de una vivienda pequeña en Colón, La Libertad.

El Fondo tenía entonces casi diez años funcionando como institución autónoma, creada para facilitar el acceso a la vivienda a los trabajadores. Sin embargo, detrás de aquella ventanilla, la respuesta para Ana Mercedes fue tajante: ‘su salario no es suficiente para las ofertas que tenemos’. 

Volvió treinta años después a tocar la misma puerta. Ya no era una joven obrera; esta vez llegó siendo empleada del propio Estado, con algunas décadas cotizadas y un ingreso cercano a los $450 dólares mensuales. Tenía casi 60 años.

Pero la realidad volvió a ser la misma. Debido a su edad, el tiempo en el que podía pagar el crédito era muy corto y la cuota muy alta, al punto que no era pagable para ella. Entonces volvió a quedarse sin la oportunidad de tener una vivienda.

“Yo dije ‘esto es imposible, me voy a quedar alquilando siempre’. La esperanza de uno es poder tener una vivienda donde pase uno sus últimos días, en su camita… pero ya tengo 70 años. No lo logré”, dice resignada.

Entre esos dos “no” se le fueron más de tres décadas de trabajo, de mudanzas y de sueldos que apenas le alcanzaron para vivir ella y su hijo, pero que nunca fueron suficientes para construir un patrimonio. Según el Censo de Población de 2024, cinco de cada diez salvadoreños no tienen casa propia. 

En El Salvador las opciones para comprar vivienda son pocas: un crédito del Fondo Social, un préstamo bancario, dinero propio o construir poco a poco.

Infraestructura deteriorada y viviendas improvisadas forman parte del paisaje cotidiano en comunidades invisibilizadas por el Estado salvadoreño, en Colón, La Libertad. Fotografía La Astilla, 2026.
Infraestructura deteriorada y viviendas improvisadas forman parte del paisaje cotidiano en comunidades invisibilizadas por el Estado salvadoreño, en Colón, La Libertad. Fotografía La Astilla, 2026.

Créditos más caros, oferta limitada

El Fondo Social para la Vivienda fue creado en 1973, durante el gobierno del coronel Arturo Armando Molina, en una etapa marcada por gobiernos militares en el país. La institución fue creada en un momento en que las ciudades crecían rápidamente por la migración del campo a la ciudad y la expansión del empleo urbano. Entonces, el Estado decidió crear esta política pública orientada a facilitar crédito hipotecario para trabajadores formales que buscaban adquirir vivienda en las zonas urbanas.

Según la encuesta de evaluación del sexto año de gobierno de Nayib Bukele de junio de 2025 —realizada por el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas—, nueve de cada diez salvadoreños consideran “difícil” y “muy difícil” acceder a una vivienda. Dando una calificación de 5, en una escala del 1 al 10, al Ministerio de Vivienda.

En los últimos 20 años, el Fondo ha aprobado 125,653 créditos de vivienda nueva, usada y recuperada —excluyendo lotificaciones y remodelaciones—, según datos obtenidos por este medio a través de la Unidad de Acceso a la Información Pública. Sin embargo, la serie anual muestra que el número de préstamos no ha crecido de forma sostenida, incluso cuando la población económicamente activa aumentó en casi medio millón de personas.

Lo que sí aumentó es el monto promedio que el Fondo presta por familia. 

En 2005, el Fondo prestaba alrededor de $9,000 dólares por crédito. En 2025, ese promedio ya superó los $32,000 dólares y la media supera los $37,000. Es decir, el valor del crédito se triplicó, mientras que el número de créditos concedidos, en cambio, se ha mantenido sin un crecimiento sostenido. Lo que significa que la vivienda que hoy financia la institución es más cara que la de hace veinte años, mientras la cantidad de familias que logran acceder a estos préstamos no aumenta al mismo ritmo.

Viviendas recuperadas por el Fondo Social para la Vivienda se ofertan actualmente entre $56,000 y $68,900, según el portal oficial de activos extraordinarios de la institución.

Elí tiene 21 años y aunque pertenece a una generación distinta de Ana Mercedes cuenta la misma historia. Él creía que encajaba en el perfil ideal para obtener un crédito con el Fondo. Tiene un empleo formal, gana más de 1,000 dólares —más de tres salarios mínimos— y lleva casi dos años trabajando. Revisó los requisitos para obtener una casa, llamó al Fondo y en menos de diez minutos le dijeron que sí podía optar a un crédito cercano a los $32,000 dólares.

Estaba contento porque tenía una sola tarea: encontrar una vivienda dentro de ese rango. Fue entonces cuando se topó con un muro. 

Elí creció en el cantón Lourdes, en Colón, donde por años la presencia de las pandillas determinaba las reglas del barrio y con ello el valor de lo que les rodeaba. Algunas casas en las colonias como El Botoncillal o Villa Lourdes podían comprarse desde $10,000 o $15,000 dólares y alquilarse por $50 dólares al mes. Varias se beneficiaron con créditos del Fondo debido al precio que tenían las casas en ese momento. 

Otras colonias en el departamento de San Salvador, como La Campanera, un bastión de la pandilla 18 y donde fue grabado el documental La Vida Loca, de Christian Poveda, las casas, incluso, eran ofertadas desde los $5,000, pero nadie que no fuera de la zona podía acceder a ellas.

Sin embargo, tras el régimen de excepción impuesto por el gobierno de Nayib Bukele en marzo de 2022, las pandillas perdieron el territorio y las dinámicas del mercado en esas zonas fueron cambiando. Esas casas que antes valían $5,000 o $10,000, ahora se ofertan en $40,000 dólares o más. Un precio más alto al que Elí puede pagar. 

“Aunque tengo un trabajo formal y sigo siendo joven, es muy complicado conseguir una casa. Yo gano más que el salario mínimo y aun así no alcanza. Entonces me imagino que para alguien que gana el mínimo debe ser prácticamente imposible”, agrega Elí quien aún vive en casa de sus padres a pesar de tener una pre aprobación para un crédito por $32,000. 

Las casas nuevas más económicas que financia el Fondo Social están en el proyecto Marsella, en San Juan Opico, con precios desde $40,000. Un crédito por ese monto, a 25 años y con una tasa del 7.5 %, implica una cuota cercana a $300 mensuales. Para que ese pago no supere el 30 % del ingreso, la persona tendría que ganar al menos $1,200 al mes, unos tres salarios mínimos.

“A mí solo me dan $32,000. ¿Quién me va a prestar los $8,000 que me faltan para comprar una en Marsella, por ejemplo? No veo quien. No tengo nada que ofrecerle a un banco como garantía de pago”, agrega Elí.

Y es que el Fondo Social no construye viviendas: financia lo que produce el mercado privado. Si los proyectos parten de los $40,000, esos son los créditos que termina financiando.

De los 125,653 créditos aprobados en los últimos 20 años, solo 36,804 fueron créditos para vivienda nueva. El resto fue para vivienda usada y recuperada. Además, en el mercado de segunda mano, el valor de la casa depende de la negociación. Hay personas que venden sus viviendas más caras de lo que el Fondo las valúa. 

La plataforma del Fondo Social para la Vivienda exhibe propiedades cuyos precios reflejan un mercado cada vez menos accesible para trabajadores de bajos ingresos.
Fotografía La Astilla, 2026.

Para Edgard Granados, ingeniero civil especialista en cartografía y urbanismo, el problema es estructural: la demanda de vivienda supera la oferta disponible. Ante la escasez de proyectos nuevos de interés social, muchas familias terminan recurriendo a viviendas usadas.

“El gobierno hace bastantes años no desarrolla proyectos de vivienda de interés social y normalmente las personas que se abocan al Fondo Social son de un nivel económico que necesita este tipo de viviendas”, agregó.

Los barrios como Zacamil, Montserrat o la colonia Modelo en San Salvador fueron desarrollados por el Instituto de Vivienda Urbana (IVU) antes de la creación del Fondo Social para la Vivienda. Según Granados, ese modelo funcionaba porque el Estado no solo financiaba la vivienda, sino que también desarrollaba directamente los proyectos habitacionales, ampliando la oferta de vivienda accesible.

“El gobierno debería generar una ley para apoyar a desarrolladores privados que construyan proyectos de vivienda de interés social, pero a la vez, ese apoyo debe ir acompañado de mecanismos claros de control que garanticen que estas viviendas lleguen realmente a las familias que lo necesitan”, agregó.

Según medios locales, la Cámara Salvadoreña de la Construcción (CASALCO) en El Salvador estima que hacen falta alrededor de 400,000 viviendas para cubrir la demanda. Esto incluye familias que no tienen vivienda y viviendas en mal estado.

Frente a esa brecha, el pasado 25 de febrero el gobierno anunció un proyecto de vivienda social en La Paz Oeste, a aproximadamente una hora de la capital San Salvador, con el que prevé construir 1,400 viviendas. 

Un negocio rentable 

Aunque el Fondo Social para la Vivienda no fue creado como un banco, con los años se ha ido pareciendo más a uno. 

Antes de calcular una cuota estimada, el simulador del FSV exige autorización para verificar identidad y realizar análisis crediticio, incluyendo evaluación de riesgos.

Con casas que parten desde los $40,000, el Fondo Social para la Vivienda opera en un mercado cada vez más caro, y muchos trabajadores con bajos ingresos o empleo informal quedan fuera.

El propio simulador hipotecario del Fondo lo confirma. En sus términos y condiciones establece que, antes de calcular una cuota aproximada, recopila información personal y crediticia “incluyendo la verificación de identidad, el cumplimiento de regulaciones legales, la evaluación de riesgos y el análisis crediticio”. Además, la institución está supervisada por la Superintendencia del Sistema Financiero. 

Como resultado de ese modelo, el nivel de mora es bajo. En agosto de 2025, la ministra de Vivienda, Michelle Sol, dijo a los medios locales que el índice de mora del Fondo es del 0.97 %. Es decir que de cada mil personas que tienen un préstamo con el Fondo, menos de diez presentan atrasos en sus pagos. 

Y es que el Fondo no se arriesga mucho. Ocho de cada diez de los créditos aprobados para vivienda nueva, usada y recuperada en los últimos 20 años fueron otorgados a personas que ganan hasta cuatro salarios mínimos —alrededor de $1,600 dólares mensuales tomando como referencia el salario mínimo actual de $408 dólares—. 

Además, el 83 % de los préstamos fueron aprobados a trabajadores del sector formal. Lo que contrasta con la situación laboral del país donde siete de cada diez trabajadores están en la informalidad, según declaraciones hechas en julio de 2025 por el ministro de Trabajo, Rolando Castro.

Esa lógica también se refleja en sus resultados financieros. Según un informe de Moody’s Local de octubre de 2025, el Fondo “posee una robusta estructura patrimonial”. Su rendimiento sobre el patrimonio alcanzó el 8.3 % a junio de 2025, lo que significa que por cada 100 dólares de capital, genera más de 8 dólares de ganancia al año. 

Para la economista Stefani Hernández, de la Universidad Dr. José Matías Delgado, el modelo opera de forma “estructuralmente excluyente” en un país donde la mayoría de trabajadores está en la informalidad.

Y es que los requisitos cambian según el tipo de trabajador que busque el crédito. Los empleados formales pueden acceder a tasas cercanas al 7.5 % y plazos de hasta 25 años. En cambio, los trabajadores informales enfrentan tasas más altas —de hasta 9.99 %— y plazos más cortos para pagar el crédito.

“Es un programa que requiere una reestructuración que le permita llegar efectivamente a su población objetivo. Debido a que opera bajo un diseño estructuralmente excluyente al imponer requisitos poco asequibles para las personas del sector informal donde se encuentra una gran parte de la población con ingresos bajos”, dijo.

Según la economista, incluso dentro del sector formal persiste una brecha: muchos trabajadores pueden calificar para un crédito, pero el monto aprobado no alcanza frente a los precios del mercado. Es el caso de Elí, que ha dejado de buscar vivienda pese a que su salario casi triplica el mínimo.

La vivienda está más cara

El aumento en el precio del suelo urbano es una de las razones por las que la vivienda se ha encarecido en el país, según la Cámara Salvadoreña de la Construcción (CASALCO). La gremial también señala el alza en materiales de construcción y mano de obra: insumos como el hierro y el acero han subido hasta un 40 %, mientras cemento y concreto mantienen incrementos constantes. A esto se suma la presión de una demanda impulsada, en parte, por las remesas.

“Estamos compitiendo contra personas que viven en Estados Unidos y ganan 20 o 30 dólares la hora. Ellos pueden pagar $50 o $60 mil dólares por una casa que aquí uno no puede ni pensar que pagará”, agrega Elí. “No es que uno no quiera trabajar. Es que el precio ya no corresponde a lo que se gana aquí”.

Los proyectos de vivienda que hoy se promocionan a través del Fondo muestran hacia dónde se ha movido el mercado. Residenciales en Chalchuapa, San Juan Opico, Metapán o Santa Ana parten desde los $40,000. Mientras que en la capital, los proyectos habitacionales privados ya superan los $200,000.

Este medio solicitó una entrevista con un funcionario del Fondo Social, vía prensa gubernamental, para indagar sobre la concentración del financiamiento en vivienda usada, las diferencias en condiciones entre sector formal e informal y lo que se está haciendo para atender el déficit habitacional. Sin embargo, la institución no atendió a la solicitud. 

Mientras el Fondo mantiene estabilidad financiera y baja mora, miles de trabajadores quedan fuera de su esquema. Para quienes no logran superar el filtro del crédito o pagar los precios del mercado, el sueño de la casa propia sigue siendo eso: un sueño.

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Hermanos a medias, la odisea de migrar de uno a otro país de América Central

“Tenés una semana para desaparecer o te desaparecemos”. Con esas palabras, enviadas por la pandilla que dominaba la zona cercana al Ministerio de Hacienda, donde había instalado una cafetería después de graduarse como chef, Iris Chávez** salió huyendo de El Salvador en 2016 y compró un boleto de avión que la llevó a Costa Rica, donde ya vivía un familiar. Allá pidió ser reconocida como refugiada y esperó tres meses, sobreviviendo con ayuda de su familia, para recibir el permiso que le permitió empezar a trabajar en distintos locales de comida, ya no como propietaria, sino como empleada.

El año en que Iris llegó al extremo sur de Centroamérica, fue el segundo año más violento en El Salvador desde que se firmó la paz, con una tasa de homicidios de 84 por cada 100,000 habitantes y superado solo por 2015, con una tasa de 106. Esto ocurrió después de que el entonces presidente, Salvador Sánchez Cerén, ordenó implementar lo que llamó “medidas extraordinarias de seguridad” que dieron paso, de forma velada, a una guerra contra las pandillas. Para 2021, la tasa de homicidios se había reducido a 17. Este ya era el tercer año de la presidencia de Nayib Bukele, cuyo gobierno había negociado con las pandillas la reducción de homicidios, según informó el medio digital El Faro, una práctica a la que también recurrieron los antes partidos gobernantes ARENA y FMLN.

Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en Cartago, Costa Rica.
Iris vivía sola en Costa Rica. Por eso, sus padres hicieron lo posible para ir a visitarla. En la imagen, ellos el día que conocieron la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago, Costa Rica. Fotos / Cortesía

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Iris no recibió el estatus de refugiada la primera vez que lo solicitó. Le dijeron que no había motivo para dárselo, porque la situación de inseguridad por la que había salido de El Salvador “ya era diferente”.

Como Costa Rica le negó el refugio, Iris apeló.  Costa Rica le negó el refugio dos veces más, una en 2017 y otra en 2019. Lo que resultó costoso. Entonces, decidió solicitar la residencia temporal. Iris recuerda haber gastado 5,000 dólares aproximadamente, entre el pago de abogados, solicitudes, apelaciones, el envío de documentos apostillados desde El Salvador y el pago de tasas. “Entonces dije: ‘¡Ya suficiente!’. Y me regresé el primero de enero a El Salvador”.

Sobre el tiempo necesario para que una solicitud de residencia temporal sea aprobada o denegada, Diana Alfaro, del área de valoración técnica de la Dirección General de Migración y Extranjería de Costa Rica, le dijo a La Astilla que la mayoría de los retrasos en la resolución de una solicitud se debe a que la documentación del trámite no se presenta completa desde un inicio.

Lo que La DGM ha identificado es que las personas buscan regularizarse, pero no han llevado consigo todos los documentos que necesitan para hacerlo. Así que inician la solicitud con los documentos que tienen a la mano, como fotos y pasaporte. Pero no han llevado consigo la partida de nacimiento ni los antecedentes penales apostillados, que deben mandar a tramitar y esperar que les sean enviados desde sus países. “Eso va generando un abismo, digamos, entre la respuesta y el trámite. ¿Por qué? Porque la mayoría de los casos se presentan de esta forma”. De esa forma, explicó Alfaro, una solicitud que podría haber sido aprobada termina recibiendo una prevención. Una advertencia de que faltan documentos que presentar. Para eso, el solicitante tiene 10 días como plazo. “Ese trámite posiblemente se rechace y tienen que volver a empezar de cero. Es un fenómeno que la administración a través del ejercicio de su autorregulación ha tratado de cambiar, pero es el común diario de nuestros trámites”, reconoció Alfaro.

“Nunca me sentí en casa”

Iris se rindió ante la tramitología y ante algo más: “Nunca me sentí en casa, nunca me sentí en mi hogar”.

Estuvo 10 años en Costa Rica. Los primeros 3 años, Iris consiguió trabajar en restaurantes donde fue cocinera y ayudante de chef, pero que terminaron siendo cerrados. El lugar “más estable” fue su último trabajo.

Durante 7 años, su jornada laboral empezaba a las 7:00 am y terminaba a las 9:00. Sin vacaciones, sin días libres. “Yo prácticamente no tenía vida, así, literalmente. Y esa era la forma de subsistir, porque si yo no tenía ese horario, no ganaba lo suficiente para sobrevivir”. 

 Ella era la responsable de que todo funcionara en el restaurante. Ni siquiera enferma faltaba al trabajo. “Mi jefe sabía que yo no tenía ni refugio ni residencia”, recuerda, “cuando yo comentaba que estaba cansada de tanto trámite y que pensaba regresar a El Salvador, mi jefe me decía: ‘Usted no puede irse, usted es mía. Sin usted este restaurante ¿cómo va a funcionar?’”.

La cocina de Iris tenía éxito entre los clientes, “el sazón salvadoreño”, asegura, “le gusta a los ticos”. Según Iris, esto se debe a que la comida de Costa Rica tiene influencia caribeña y, en su opinión, puede resultar insípida. “Su comida es el gallo pinto, que es un casamiento (arroz con frijoles)”, recuerda. El sazón que ella le ponía a la comida y el trabajo que hacía administrando el negocio, le consiguió varias ofertas de empleo, que por presiones de su jefe nunca aceptó. 

Iris preparaba distintas recetas «con sazón salvadoreño» que tuvieron éxito entre la clientela del restaurante donde trabajó en Costa Rica durante 7 años. Fotos / Cortesía

Ella llegó a estar tan mal, que de la depresión, pasó un mes sin poder dormir. Cuando sus padres lo supieron le dijeron que se regresara a El Salvador: “Venite, aquí vamos a ver cómo le hacemos, pero venite”.

“Hasta la familia de mi jefe me decía que solo me viniera, que no presentara renuncia, porque si lo hacía, capaz mi jefe iba al aeropuerto a buscarme”, recuerda ella.

Por eso, mientras miles de personas se recuperaban de las consecuencias del desvelo, el baile y la cena de la fiesta para recibir el Año Nuevo, aprovechando que el restaurante estaba cerrado, Iris salió hacia el aeropuerto con su boleto de ida a El Salvador el 1 de enero.

“La verdad es que nunca había dormido como dormí el primer día de regreso aquí. Yo vine el primero de enero a las 11 de la noche. Casi a las 2 de la mañana vine a la casa de mis papás. Despertarme al día siguiente fue una paz indescriptible. Me desperté y con el calor que hacía yo sabía que estaba aquí. ¡Ah, qué rico sentí! Porque allá hacía frío”.

La negativa de refugio para Iris probablemente fue una de las 1,058 solicitudes denegadas en 2016; de las 1,287 denegadas en 2017 y de las 1,064 denegadas en 2019 a salvadoreños. Después de la pandemia (2020 y 2021). Entre 2022 y 2023, el número de solicitudes presentadas, aprobadas y denegadas tendió a ser menor… Hasta el año pasado cuando de 55 en 2024 pasaron a 75 en 2025. Pero esa es otra historia.

“Crecimiento, nostalgia, incertidumbre, soledad”, así define Iris su experiencia en Costa Rica.

Los centroamericanos migran hacia otros países del istmo desde antes de que fueran definidas las fronteras ahora conocidas de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica. Quienes lo hacen, no buscan cambiar de país para luego emigrar a México o Estados Unidos, sino para establecerse en busca de trabajo, cuando no lo han encontrado en su país,  o en busca de refugio, cuando su vida y su libertad han sido amenazadas.

Frontera Valle Nuevo
La migración de centroamericanos a otros países del itsmo no es algo nuevo. Sin embargo, lo que suele ser más visibilizado son el turismo y el comercio entre países de la región. En la imagen, turistas guatemaltecos y salvadoreños hacen fila en la frontera de Valle Nuevo, Guatemala, la mañana del sábado 31 de enero durante un congestionamiento en esa frontera. Foto / La Astilla

El muro de la desconfianza

En el extremo norte de Centroamérica, en Ciudad de Guatemala, una familia salvadoreña sale cada tres meses hacia El Salvador, no solo para ver a los abuelos, hermanos y sobrinos que viven allá, sino que principalmente para obtener el sello en los pasaportes que les sirven como único documento de identidad válido en un país en el que están a punto de cumplir 10 años de vivir, trabajar, estudiar, pagar impuestos y hacer amigos. Ir y volver es costoso para una familia de cuatro integrantes, dos adultos y dos menores de edad. Por lo que a veces se limitan a ir a la frontera, almorzar pupusas en un punto cercano a esta en El Salvador y regresar.

La familia Ramos* emigró a Guatemala, porque el padre tenía meses sin encontrar trabajo en su país de origen. Desde que emigraron, dependiendo de cuántos días de visa les dieron en la frontera, van a su país los fines de semana o cuando hay algún puente en el calendario civil de Guatemala. De lunes a viernes, su rutina inicia a las 5:00 a.m., cuando Carlos, el padre, saca a pasear Max, el perro que hace unos años encontraron deambulando en el parque del templo de San Francisco El Grande. Un sacerdote de ese templo católico les digo que alguien había dejado abandonado al perro y que, si querían, se lo podían llevar a la casa. Al principio, Carlos no quiso, pero tras la insistencia de sus hijas y al ver que los seguía por las calles empedradas de Antigua Guatemala, se lo llevaron.

Cada mañana, después de tomar café y desayunar algo muy ligero, como “mosh” (avena) o cereal, Carlos lleva a sus hijas al colegio y luego inicia su jornada laboral. Eugenia, la madre, aborda el transporte público hasta la zona 12. Max se queda echado, ladrando de vez en cuando, desde el balcón del apartamento.

“La principal traba que hemos tenido para conseguir la residencia es la falta de un garante”, explica Eugenia (ella y su familia también piden omitir sus nombres). La mayoría del tiempo que llevan en Guatemala, Eugenia se ha quedado trabajando en casa, para estar con sus hijas, mientras que Carlos ha trabajado para diferentes empresas locales que, aunque lo han valorado como profesional, nunca han estado dispuestas a ser garante de Carlos y su familia ante el Instituto Guatemalteco de Migración (IGM).

El garante tiene que ser una persona o una empresa guatemalteca que garantice ante el IGM que quien solicita la residencia temporal podrá solventar sus propias necesidades, en caso de quedarse sin trabajo.

Eugenia y Carlos creen que el garante tiene que tener un nivel de ingresos aceptable para el IGM. Este garante puede ser una persona natural o una entidad jurídica, es decir, una empresa. En su caso, ya han pedido a diferentes personas que sean garante. Pero nadie ha estado dispuesto a serlo, pues esto implica presentar un balance general (ingresos y egresos) firmado por un contador ante el IGM.

“Hasta el momento nadie ha querido ser nuestro garante, porque como los ingresos son algo bien privado y, como buscamos garantes que tengan buen nivel económico, cuando les preguntamos si podrían ser nuestro garante, la respuesta es ‘no’, porque no quieren hacer públicos sus datos”, reconoce Eugenia con una mezcla de decepción y comprensión.

IGM
Quienes solicitan residencia temporal o permanente en Guatemala, tienen que presentar su solicitud y los documentos necesarios ante el Instituto Guatemalteco de Migración, en la zona 4 de la ciudad capital. Foto / La Astilla

En el edificio del Instituto Guatemalteco de Migración, en la zona 4 de la Ciudad de Guatemala, decenas de personas esperan sentadas para entregar los documentos necesarios para solicitar sus residencias temporales o permanentes. Ahí, Sofía Hernández, jefa del Departamento de Residencias de la Subdirección de Extranjería del IGM, reiteró a La Astilla que una persona (natural o jurídica) puede ser garante siempre y cuando “tenga la capacidad económica de poder sostener al residente (temporal)”. El garante también se convierte en “la conexión” entre el IGM y la persona residente. Si el IGM no puede contactar al residente, el garante es el enlace para localizarlo y estar al tanto de su situación.

Sobre la falta de disponibilidad de las empresas para ser garantes ante el IGM, el subdirector de Extranjería, Aaron Argueta, cree que eso se debe a desinformación y a falta de confianza. “Hemos tenido casos en los que hay ciertas empresas que prefieren mejor que (los trabajadores migrantes) no se regulen. Porque entonces los manipulan en ciertas situaciones o a trabajar de más”, añadió.

Empresas grandes y reconocidas en Guatemala como Corporación Multi Inversiones (IMC) y Cementos Progresos son garantes de algunos de sus trabajadores extranjeros ante el IGM. Por lo que Argueta tiene una hipótesis: que las empresas que no han aceptado serlo todavía son pequeñas o medianas, que posiblemente “no estén bien” ante la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) de Guatemala. “No quiero tampoco decir que en el caso que usted nos plantea así es, pero sí es desconocimiento de los procesos”, aclaró.

Lo que ganan y lo que pierden los migrante irregulares

Vivir en Guatemala sin estatus migratorio, significa que aunque trabaja en una empresa privada muy bien establecida, Carlos no tiene derecho a prestaciones y tampoco acceso a crédito. ¿Y si se enferman? “Que nos atiendan o no en un hospital público, depende de quién esté en la recepción”, reconoce Eugenia: “Cuando nos dio COVID, no nos quisieron hacer la prueba porque no teníamos estatus migratorio regular. Solo teníamos el pasaporte sellado y el papelito de entrada como turistas. Tuvimos que hacernos la prueba en un laboratorio privado”.

Eugenia y Carlos Ramos** emigraron, porque en El Salvador él no tenía trabajo y un conocido le ofreció uno en Guatemala. “No regresamos porque lo que gana Carlos aquí por su trabajo no lo ganaría en El Salvador”, explica ella.

La diferencia en el salario mínimo y el costo de la vida se nota el bolsillo de los migrantes e influye en su decisión de permanecer en un país donde no tienen estatus migratorio regular. El salario mínimo en El Salvador, para el sector servicios, es de 408.80 dólares americanos, en Guatemala es de $485.29 y en Costa Rica es de $729.86. Cuando los Ramos emigraron en 2016, el salario mínimo en El Salvador era de $251.70, en Guatemala de $352 y en Costa Rica de $480.

Además de las diferencias en el salario mínimo, Eugenia y Carlos han notado que el dinero les abunda más cuando van a un mercado en Ciudad de Guatemala. “Con 60 dólares aquí ya se come una semana, porque aquí las verduras, las frutas, la comida es más barata en el mercado. Mucho más barata”, subraya ella. “La última semana del mes ya sabemos que vamos solo verduras y fruta, pero no te quedas sin comer, pues; no tenés que endeudarte con tarjeta de crédito ni nada”.

Otra punto que los mantiene en Guatemala es el costo de la vivienda. Actualmente, los ramos pagan $700 por un apartamento que, consideran, no podrían pagar en El Salvador porque allá sería el doble o el triple de alquiler. Su apartamento es pequeño y acogedor, y el edificio donde está tiene vigilancia y parqueo, incluso un área común para el esparcimiento de las familias con televisión, mesa de ping pong, juegos para niños y área para asar carne.

Atardecer en ciudad de Guatemala
Vista de la zona sur de la Ciudad de Guatemala desde el balcón del apartamento donde vive la familia Ramos. Los precios del alquiler de apartamentos en Guatemala suelen ser más bajos que en El Salvador. Lo que beneficia la economía de quienes han migrado allí por motivos laborales. Foto / La Astilla

No contar con un estatus migratorio regular, no significa que Carlos no aporte a la economía de Guatemala. Para poder recibir un salario, debe tener un Número de Identificación Tributaria (NIT) ante la SAT. El trabajador debe pagar un impuesto del 5% de sus ingresos. La empresa, por internet, reporta cuánto pagó al empleado. “Si vos no reportás eso que ingresaste ese mes, el siguiente mes ya no podés facturar, te bloquean el NIT y cuando tu jefe te quiere pagar, no puede”, explica Eugenia.

Unos días antes de la Navidad de 2025, Eugenia sintió que se moría. Un insoportable dolor en la parte derecha del abdomen la hizo sudar helado. “Como no teníamos para pagar un hospital privado le dije a Carlos: ‘Llévame a El Salvador’. Porque no me quería arriesgar a ir a un hospital público y que me dijeran que no me podían recibir”. Si no hubiera sido por una amiga de la familia que vive en Estados Unidos, la pareja no habría tenido cómo pagar el hospital privado donde operaron a Eugenia de la apendicitis. Ella cree que sin la ayuda de esa amiga, “y la de Dios”, estaría muerta.

Informado sobre el caso de esta familia salvadoreña, el subdirector de Extranjería del IGM, Aaron Argueta, pidió que se acerquen a la institución: “Nosotros invitamos a regularizarse. Porque mientras tanto no tengas una residencia, no existes en Guatemala”.

“Creo que donde tenemos que atacar ese fenómeno es en la desinformación y un poquito también la desconfianza”, concluyó. Desde el IGM subrayan que no hay intermediarios en los trámites para obtener la residencia temporal o permanente.

Como Iris, Eugenia y Carlos, cientos o miles de personas nacidas en Centroamérica que buscan en otro país de la región la seguridad, la libertad y el trabajo que en su país de origen no encontraron, sin un estatus migratorio regular, se convierten en blanco fácil de abusos laborales y se ven expuestos, a no tener atención médica en establecimientos públicos.

La migración interna en la región: invisible e ignorada

Abelardo Morales, investigador y profesor universitario, adscrito a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Costa Rica, explicó que la migración interna en Centroamérica no es un fenómeno reciente: “Los movimientos de población entre los pueblos centroamericanos han existido inclusive desde antes de que se constituyeran los estados nacionales. Los movimientos, desplazamientos de personas, los intercambios de población, las redes de familiares, los vínculos familiares y comunitarios existen en este istmo desde antes de que se establecieran las fronteras”.

El paso de personas de un país a otro de la región fue visto siempre como algo natural y cotidiano. Tanto así, que regularizar ese ir y venir de centroamericanos de uno a otro país nunca estuvo en la agenda política. En 1991, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua firmaron el Convenio Centroamericano de Libre Movilidad, conocido como CA-4. Desde entonces, es posible para los ciudadanos de los 4 países firmantes viajar sin presentar pasaporte, sino sólo con su documento nacional de identidad. 

Sin embargo, el investigador considera que el CA-4 regularizó el paso de mercancías, pero no la movilidad de personas. En palabras de Morales: “Se ha intentado hacernos creer en Centroamérica, que el tratado de CA-4 facilita la movilidad de personas en Centroamérica y eso es falso. Inclusive a los costarricenses nos acusan de no estar adheridos al CA-4. Pero el CA-4 no es un tratado de integración regional que facilite la libre movilidad de las personas como se hace pensar. El CA-4 es un tratado que permite la libre movilidad de agentes económicos”.

Desde el punto de vista del investigador y académico, lo que el CA-4 facilita es el paso de comerciantes, turistas o consumidores: “Si usted está en San Salvador y va a Ciudad de Guatemala dice que va a ir a centro comercial, que va a ir a comprar, o va a ir a un concierto o va a ir a tal cosa, le dan una visa para que usted cruce la frontera y regrese con sus maletas llenas de mercancías. Pero no facilita la libre movilidad de trabajadores”.

Prensa Libre de Guatemala
La migración de que más se habla en los medios de Guatemala y del resto de Centroamérica es la que tiene por destino Estados Unidos. Poco o nada se dice sobre la migración interna en Centroamérica. Foto / La Astilla

Morales recuerda que, una vez que viajó en bus desde la capital de El Salvador hasta la capital de Honduras, conoció a varios trabajadores salvadoreños que iban a trabajar en la construcción de edificios y de un centro comercial en Tegucigalpa.

“El único que no iba a trabajar era yo. Y les dije: ‘Bueno, pero entonces ustedes tienen permiso laboral’. ‘No’, me respondieron, ‘vamos de contrabando’”.

Esa realidad, el ir y venir de trabajadores (obreros, técnicos y profesionales), estuvo presente a lo largo del siglo XX, pero el auge de la migración hacia Estados Unidos en los años 70, 80, 90 y subsiguientes. Morales considera que esa migración “opacó cualquier fenómeno regional que tuviera que ver con desplazamiento de trabajadores, con excepción de la migración de Nicaragua hacia Costa Rica”.

En 2011, Morales y otros investigadores de FLACSO usaron el término “migración de relevo”, para referirse a ese ir y venir de trabajadores de uno a otro país de la región.

Campaña para migrantes que van en tránsito a EE.UU.
A pocos kilómetros de los pasos fronterizos de Anguiatú (en El Salvador), y La Ermita (en Guatemala), quienes viajan rumbo a Esquipulas pueden ver este rótulo dirigido a los migrantes que van en tránsito hacia México y Estados Unidos. Foto / La Astilla

El académico recuerda: “Nos comenzamos a dar cuenta de que el fenómeno era importante. Había marchantas salvadoreñas que iban a vender a los mercados de Guatemala. Trabajadores agrícolas de Honduras que iban a trabajar a la agricultura y a la construcción en El Salvador. El Salvador se había convertido en algún momento un punto atracción de migrantes, sobre todo hondureños y nicaragüenses”.

Él y sus colegas conocieron casos de salvadoreños que enviaban dinero para que sus familias construyeran casas y quienes las construían, quienes mezclaban el cemento y pegaban los ladrillos, eran los nicaragüenses.

Tras esos hallazgos, Morales recuerda: “Nos dimos a la tarea de proponer en el SICA la aprobación de un tratado que reconociera la movilidad de personas y la movilidad de trabajadores como una dimensión de la integración centroamericana”.

Hubo un momento en el que El Salvador apoyó la iniciativa, en otro momento lo hizo Costa Rica. Sin embargo, no prosperó.

Los obstáculos para lograr que se reconociera la movilidad de personas y trabajadores como parte de la integración del istmo, fueron, según Morales: El desconocimiento de la clase política centroamericana sobre el fenómeno, la falta de voluntad para tratar de entender cuál era la realidad y hacer propuestas; y, en tercer lugar, la renuncia de los estados nacionales integrantes del SICA a ceder en esta materia,  “porque darle competencias al SICA implicaba retroceder o ceder en materia de soberanía nacional”.

Morales explica que en algunos países centroamericanos la migración no es un problema social, ni económico, ni poblacional: “La migración es un problema de seguridad nacional. Sobre todo, eso ocurría fuertemente en Nicaragua y en Guatemala”.

En Costa Rica, la Dirección General de Migración y Extranjería depende del Ministerio de Gobernación y Policía; en El Salvador del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública; en Nicaragua del Ministerio del Interior; en Honduras, el Instituto Nacional de Migración es parte del Gabinete de Seguridad y Defensa; y en Guatemala, el IGM es una autónoma.

Mural
Este mural en la zona 4 de Guatemala, a un par de cuadras del edificio del Instituto Guatemalteco de Migración, parece representar la ceguera de los políticos ante los problemas a los que se enfrentan los ciudadanos de Guatemala, incluyendo, los migrantes. Foto / La Astilla

Como consecuencia, en Centroamérica no hay una institucionalidad que proteja los derechos de los trabajadores migrantes. Morales dice con cierta dosis de indignación: “No estamos hablando de los trabajadores extrarregionales, estábamos hablando de los trabajadores centroamericanos. No tenemos absolutamente nada que facilite su integración, su acceso al trabajo, el acceso a la documentación”.

Y si se vuelve la mirada a las políticas y leyes nacionales o locales, lo que se encuentra “son dispositivos que establecen formas de disuasión para que no lleguen o para que, si llegan, sea en condiciones precarias, sin protección”.

De esa forma, gran parte de los migrantes intra centroamericanos quedan a merced de la explotación y sobreexplotación laboral, “a veces trata laboral, en condiciones de semiesclavitud”. Todo por no tener documentos que regularicen su condición migratoria.

*Los nombres y apellidos de las personas protagonistas de este reportaje han sido cambiados por su seguridad. Una persona lo solicitó porque recibió amenazas que la llevaron a salir del país al que finalmente ha vuelto. Una familia lo solicitó porque teme ser deportada.

**Este reportaje ha sido realizado con el apoyo de la beca “Historias en Movimiento”, de la Fundación Gabo y Fundación Avina.

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Radios comunitarias en Honduras, al aire libre y con el viento en contra

Cholula, La Play FM, Guarajambala, La Savia y Waruguma son cinco radios lideradas por comunidades rurales de Honduras, que nacieron para dar voz a los habitantes de zonas olvidadas por el Estado y amenazadas por los intereses económicos que conllevan la minería metálica, las represas hidroeléctricas y otras industrias extractivas.

Las periodistas francesas Célia Pusset y Marie Aimeé Copleutre visitaron los municipios de El Triunfo, El Progreso, La Esperanza, Choluteca y Trujillo para conocer los logros comunitarios y los obstáculos que enfrentan estas radios.

Lo que descubrieron se presenta en los 5 capítulos de este podcast difundido originalmente en Radio Francia Internacional.

Becas PARIIS, Red Centroamericana de Periodistas y RSF
Becas PARIIS, Red Centroamericana de Periodistas y RSF

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Microscopio

Claudia López: «Esto es lo que ocurre con todas las personas detenidas en El Salvador»

Claudia López es hermana de Ruth Eleonora López, la presa política más conocida de El Salvador. Ruth, abogada, defensora de derechos humanos y jefa de la Unidad Anticorrupción de Cristosal, fue detenida el 18 de mayo de 2025 en su casa, sin orden judicial, acusada primero de peculado y luego de enriquecimiento ilícito. Desde entonces permanece presa sin juicio, bajo un caso que la Fiscalía mantiene en reserva. 

Claudia pudo visitarla finalmente en la cárcel donde se encuentra (la Granja Penitenciaria de Izalco) el pasado 30 de junio. 

En esta entrevista, Claudia habla con detalle sobre la salud de Ruth, la visita que le hizo en prisión y por qué la familia sostiene su inocencia. En 2024, la BBC incluyó a Ruth López entre las 100 mujeres más influyentes del mundo: la abogada y activista, a través de investigaciones y demandas judiciales, había denunciado sistemáticamente la corrupción del régimen de Bukele en El Salvador.

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Que no te bajen

La Astilla te da factos para ¡Que no te bajen!

Estos tiempos de IA, influencers y propaganda requieren que vos tengás la mente bien despierta y sepás identificar cuando alguien quiere manipularte, provocar tu enojo o tu indignación, para ponerte en contra de alguien o de algo.

Por eso, La Astilla te ofrece la serie ¡Que no te bajen!, donde cada semana desmontamos un intento de manipulación, para que estés pilas ante cada nuevo intento.

Desde este espación te compartiremos factos y herramientas para ¡Que no te bajen!

Semana 1 – Los diputados de la diáspora: ¿moda o trampa?

Semana 2 – ¿Es El Espino o no es? ¡Sí, sí es!

Semana 3 – El Salvador, ¿la nueva USA 2.0?

Semana 4 – ¿Te están engañando con IA?

Semana 5 – ¿Vivís en El Salvador y el dinero no te alcanza?

Semana 6 – ¿El Salvador es el país del Bitcoin?

Semana 7 – ¿Te enoja que hablen de Derechos Humanos?

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Ruido

¡Ghost in the Shell vuelve con nueva animación el 7 de julio! ¿Listos para el Tanabata?

Los de la GenZ (podés preguntarle a tu papá o al tío tekkie), nos quedamos atrapados con una animación enervante que arrancaba con una frase un tanto filosófica que decía: “En un futuro cercano, las redes corporativas se extienden hasta las estrellas, los electrones y la luz fluyen por todo el universo…”, (no entendíamos ni pera, pero seguro que nos dejó atrapados durante largo tiempo) y luego ves que dos helicópteros se acercan a un objetivo y la vigilante explora el perímetro desde las alturas.

Esa fue una versión muy estilizada y con la que el término Ciberpunk tomó realce entre los que ahora se hacen llamar “otakus”). Pero, afortunadamente para nosotros, siempre puede haber un motivo o una forma de refrescar una buena historia y la nueva versión ha sido recreada magistralmente por el estudio Science Saru.

Esta tiene una apuesta gráfica que rescata los trazos originales de Masamune Shirow en su manga de 1989. Los rostros, expresiones y personajes actúan como si el estudio hubiese traído esos trazos a la acción escaneando los pasquines.

De momento aún no se tiene la seguridad de qué capítulos son los que escogieron para esta entrega, debido a que el manga ofreció 17 capítulos, divididos en tres tomos, para la versión impresa.

Los adelantos que se encuentran en el canal de Youtube o en su canal de X o instagram, han permeado algunas pistas y vemos que retoman en parte el carácter humorístico del manga.

Para entender la cronología de *Ghost in the Shell* (GITS), hay un secreto fundamental: no existe una única línea temporal continua. La franquicia se organiza en universos paralelos o continuidades totalmente independientes entre sí.

A continuación, te presentamos la cronología de publicaciones estructurada por sus 4 grandes universos, en la que incluimos la nueva serie de 2026.

1. El Universo del Manga Original (Masamune Shirow)

Esta es la fuente de todo. El manga original es más satírico, denso en explicaciones políticas y con una Motoko Kusanagi mucho más expresiva y humorística que sus contrapartes animadas.

  • Ghost in the Shell (1989–1990): Publicado originalmente de forma serializada en la Young Magazine de Kodansha. El tomo recopilatorio (tankōbon) se lanzó en octubre de 1991
  • Ghost in the Shell 2: Man-Machine Interface (1997): Secuela directa que explora la existencia de Motoko tras fusionarse con el Titiritero. Se recopiló oficialmente en diciembre de 2000.
  • Ghost in the Shell 1.5: Human-Error Processor (2003): Historias cortas escritas en los 90 que Masamune Shirow dejó fuera del volumen 2. Cronológicamente se sitúan entre el primer manga y el segundo.
  • The Ghost in the Shell Legacy Edition Box Set (2026): Una reedición especial definitiva que recupera páginas censuradas y restaura el formato clásico.

2. El Universo de las Películas de Mamoru Oshii

Este universo cinematográfico adaptó el manga con un tono marcadamente filosófico, poético, melancólico y existencialista.

  • Ghost in the Shell (Película – 1995): La obra maestra que internacionalizó la franquicia y sirvió de inspiración directa para películas como Matrix.
  • Ghost in the Shell 2: Innocence (Película – 2004): Secuela directa centrada principalmente en Batou y Togusa mientras investigan ginecoides (androides con forma femenina) asesinas.
  • Ghost in the Shell 2.0 (Película Remake – 2008): Una reedición de la película de 1995 que sustituyó algunas escenas dibujadas a mano con CGI tridimensional y remasterizó el audio.

3. El Universo «Stand Alone Complex» (S.A.C.)

Dirigido por Kenji Kamiyama, este universo se centra en el día a día policiaco, geopolítico y contraterrorista de la Sección 9. Es el universo más extenso y para muchos el más equilibrado.

  • Ghost in the Shell: Stand Alone Complex (Serie TV – 2002–2003): Primera temporada (26 episodios). Gira en torno al caso de ciberterrorismo del «Hombre Risueño».
  • Ghost in the Shell: S.A.C. 2nd GIG (Serie TV – 2004–2005): Segunda temporada (26 episodios). Aborda la crisis humanitaria de refugiados en Japón y el grupo terrorista de los «Once Individuales».
  • GITS: S.A.C. – The Laughing Man & Individual Eleven (OVAs – 2005 / 2006): Películas recopilatorias que resumen las tramas principales de la primera y segunda temporada respectivamente.
  • Ghost in the Shell: S.A.C. Solid State Society (Película TV – 2006): Situada dos años después de 2nd GIG, muestra a una Sección 9 reestructurada y liderada por Togusa tras la desaparición de la Mayor.
  • Ghost in the Shell: SAC_2045 (Serie Web 3D – 2020–2022): Producida por Netflix en animación digital (CGI). Divide su historia en dos temporadas y explora un mundo sumido en la «Guerra Sostenible» global.
  • Películas recopilatorias de SAC_2045: Sustainable War (2021) y The Last Human (2023), que sintetizan las temporadas de la serie de Netflix.

4. El Universo «Arise» (Precuela Alternativa)

Funciona como un reinicio o visión alternativa de los orígenes de la Sección 9, con una Motoko mucho más joven y militarizada, y un diseño artístico renovado.

  • Ghost in the Shell: Arise (OVAs – 2013–2015): Serie de 5 películas cortas (u OVAs) llamadas Borders (del Border 1: Ghost Pain al Border 5: Pyrophoric Cult).
  • Ghost in the Shell: Arise – Alternative Architecture (Serie TV – 2015): Reorganización de las OVAs para televisión con algunas escenas añadidas para enlazar con la siguiente película.
  • Ghost in the Shell: The New Movie (Película – 2015): El clímax definitivo de la continuidad *Arise*, que ata los cabos sueltos sobre el asesinato del Primer Ministro.

5. Otros proyectos y la nueva era (2017 – 2026)


Ghost in the Shell (Película Live-Action – 2017): Adaptación estadounidense de imagen real protagonizada por Scarlett Johansson. Mezcla elementos visuales de la película de 1995 y tramas de Stand Alone Complex.

  • The Ghost in the Shell (Serie TV – 2026): Producida por el prestigioso estudio Science Saru (conocidos por Scott Pilgrim da el salto o Devilman Crybaby). Esta nueva serie de televisión arranca su emisión oficial el 7 de julio de 2026, ofreciendo una reimaginación fresca y estilizada del manga original de Masamune Shirow.

Referencias Bibliográficas y Audiovisuales (APA 7)

Amazon Prime Video. (2026). The Ghost in the Shell (Serie de TV) [Streaming de video]. Amazon Global Media.

Anime News Network. (15 de mayo de 2026). Science SARU’s Ghost in the Shell anime reveals staff, July 7 premiere in new teaser. Anime News Network: Breaking News. https://www.animenewsnetwork.com

Kamiyama, K. (Director). (2002–2005). Ghost in the Shell: Stand Alone Complex [Serie de televisión]. Production I.G; Bandai Visual.

Kamiyama, K. (Director). (2020–2022). Ghost in the Shell: SAC_2045 [Serie de televisión por internet]. Production I.G; Sola Digital Arts; Netflix.

Kise, K. (Director). (2013–2015). Ghost in the Shell: Arise [Serie de películas OVA]. Production I.G; Kodansha.

Oshii, M. (Director). (1995). Ghost in the Shell [Película]. Production I.G; Bandai Visual; Manga Entertainment.

Oshii, M. (Director). (2004). Ghost in the Shell 2: Innocence [Película]. Production I.G; Studio Ghibli.

Sanders, R. (Director). (2017). Ghost in the Shell [Película]. Paramount Pictures; DreamWorks Pictures.

Science SARU. (2026). THE GHOST IN THE SHELL (攻殻機動隊) [Serie de televisión]. Science SARU; Comité de Producción de GITS; Fuji TV.

Shirow, M. (1991). The Ghost in the Shell (Vol. 1). Kodansha.

Shirow, M. (2000). Ghost in the Shell 2: Man-Machine Interface. Kodansha.

Shirow, M. (2003). Ghost in the Shell 1.5: Human-Error Processor. Kodansha.

Shirow, M. (2026). The Ghost in the Shell Legacy Edition Manga Box Set (Edición especial). Kodansha Comics. (Original publicado en 1989-1990).

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Las voces indígenas que el poder de Guatemala no logra callar

Por: Nathalie Quan, Jovanna García, Magui Medina y Yesica Peña

Edición: José Luis Sanz

—Nosotros producimos los alimentos que comen quienes nos persiguen.

Juan Mendoza tiene alrededor de 55 años y es la principal autoridad ancestral del pueblo de Santiago Atitlán, en Sololá. Sus palabras han sido en realidad otras. “Ajoj nokwankersana queway achnak chuwnak nokctzelaj nokctrebej”, ha dicho en idioma tz’utujil. Sentado a su lado, Diego Petzey, escribano de la cabecera del pueblo y también autoridad ancestral aunque solo tiene 35 años, traduce.

Hemos preguntado a Mendoza por la campaña de terror que la Fiscalía guatemalteca sostiene desde 2023 contra los líderes indígenas que aquel año se lanzaron a las calles para defender los resultados electorales y evitar un golpe de Estado, pero él destaca algo mayor, la paradoja que sostiene un país entero. Guatemala, construida sobre los hombros y el trabajo del 43,75 % de población indígena, sigue marginando a los 22 pueblos mayas, a los xincas y garífunas, y castigando sus luchas políticas.

—El pueblo se levantó no para hacer daño, sino para exigir derechos que les corresponden por ley —dice Mendoza de aquellas protestas que duraron meses—. Y la respuesta del Estado no debería ser la criminalización, pero hay personas encarceladas y perseguidas.
—¿Les persiguen por convocar aquel paro nacional?
—Y porque defendemos el lago Atitlán de la contaminación y los usos ilegales. Primero el Ministerio Público nos prometió apoyo en lo del lago, pero ahora viene con investigaciones, amenazas de captura y allanamientos. Santiago es con 60 mil habitantes el municipio más grande a las orillas del turístico lago Atitlán, paraiso de Instagram y uno de los enclaves más visitados de Guatemala. Pero el pueblo, conocido por sus tradiciones y su veneración a Rilaj Mam, al que los mestizos conocen como Maximón, vive ajeno a los visitantes. Mendoza está sentado frente a un altar en el que se alinean las fuerzas que lo respaldan como máxima autoridad indígena y ancestral: una enorme imagen de vestir de San Sebastián, una figura de San Juan, otra de San Antonio, una virgen de la Asunción, cuatro Cristos con túnicas escarlata y, más importante aún, la Caja Real de Santiago Atitlán. El cofre que guarda los documentos originales que desde 1852, tras los conflictos con el gobierno de Carrera, dan a los tz’utujiles la propiedad de las tierras que ya ocupaban desde hace siglos.

: En la casa de la Cabecera en Santiago Atitlán, a Juan Mendoza Damián, principal autoridad ancestral del pueblo, lo amparan santos católicos. Pero la compleja espiritualidad tz’utujil incluye también la veneración al lago como una madre o a Rilaj Mam, al que los mestizos conocen como Maximón. Foto: Nathalie Quan

También está el acta que firmó la comunidad entera en 1990 para exigir la expulsión del Ejército. Guatemala aún estaba en guerra civil, y los hombres y mujeres de Santiago Atitlán sacaron de sus tierras a los uniformados que solo diez años antes habían ejecutado el genocidio contra los ixiles a apenas 90 kilómetros de allí.

—Después de años de persecuciones y masacres, el 1 y 2 de diciembre de aquel año ocurrió una de las últimas masacres en el municipio —cuenta Petzey con voz melódica de contador de historias—. El pueblo respondió organizándose en asambleas, recolectando firmas y exigiendo al Estado la salida del Ejército. Rodearon el destacamento durante siete días y se negaron a abastecerlo de alimentos.
—Y funcionó.
—Sí. finalmente, se acordó su retiro. Desde entonces, el Ejército no ha vuelto a ingresar a este territorio.

La gente de Santiago Atitlán lleva en pie de lucha toda su vida.

—Esa memoria sigue viva. Es parte de nuestra identidad —dice Petzey.

Cinco siglos de fuego

Desde que Pedro de Alvarado mandó a quemar vivos a los señores k’iche’ en 1524 y esclavizó a otros líderes de los señoríos maya independientes, la memoria de los pueblos indígenas guatemaltecos ha estado marcada por el castigo, el desplazamiento y la resistencia. “El modelo colonial que habitamos solo nos desea ver, y solo nos acepta, bajo una condición de servidumbre”, dice en presente la antropóloga Aura Cumes, doctora por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de México.

—Se repite en la historia nacional una y otra vez —dice Cumes, que nació en Comalapa, Chimaltenango, y se identifica como activista y académica kaqchikel—. Cuando esa servidumbre se rompe y los pueblos reclaman su libre determinación sobre la tierra y la vida, el Estado activa su herramienta más antigua: la criminalización.

El levantamiento de 1820, en el que Atanasio Tzul y otros líderes asumieron por 28 días el poder político del territorio de Totonicapán y declararon la independencia de España un año antes de que la promulgaran los criollos, fue acallado por la corona con cárcel, tortura de los líderes y el fin del efímero gobierno indígena. Durante la Reforma Liberal de 1871, y un siglo después en el conflicto armado interno, las estrategias de represión fueron la violencia extrema, el castigo colectivo, el secuestro y tortura generalizados, y la violación de mujeres.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj, doctora en Antropología por la Universidad de Texas y activista k’iche’ contra el racismo, asegura que hoy la represión viene de los tribunales.

—Estamos viviendo un nuevo colonialismo jurídico —dice—. Se usan las leyes, las cortes y el lenguaje de seguridad para tratar de domesticar a los pueblos indígenas y destruir la única fuerza social que ha demostrado en Guatemala que tiene capacidad real para frenar la restauración autoritaria.

***

En la sociedad civil guatemalteca, tanto indígena como ladina, hay consenso en que solo la movilización masiva de los pueblos originarios impidió en 2023 que se anulara ilegalmente los resultados electorales. Dos meses después de la votación, mientras decenas de países y organismos internacionales denunciaban sin resultado los evidentes intentos del Ministerio Público (MP) por evitar la toma de posesión del ganador, Bernardo Arévalo, los 48 Cantones de Totonicapán, la alcaldía indígena de Sololá, los grupos ixiles de Nebaj y Chajul, y el Parlamento Xinca decretaron de manera simultánea un paro nacional y se organizaron para cortar carreteras a lo largo y ancho de toda Guatemala. La política y la economía del país se estremecieron. Por 106 días ininterrumpidos, manifestantes pacíficos cercaron la sede del MP. Querían que se respetara la decisión de las urnas y la renuncia de la fiscal general, Consuelo Porras.

Ilustración / Diego Orellana

Lograron solo lo primero y Porras, blindada por parte de la élite política tradicional más corrupta, que ha controlado los últimos años la columna vertebral del sistema de Justicia, contraatacó. Al centenar de fiscales, jueces independientes, activistas y periodistas que han enfrentado cárcel o exilio desde la llegada de Porras al cargo en 2018 y el cierre de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) en 2019, se han unido una docena de líderes indígenas forzados a huir del país o encarcelados sin que se conozcan pruebas en su contra.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha condenado las acciones del MP, a quien acusa de corrupción y falta de independencia, por el uso de “tipos penales ambiguos y desproporcionados”, “abuso de la prisión preventiva” y utilización arbitraria de la reserva de casos. Arévalo ha denunciado públicamente esta persecución como un “ataque contra la democracia”, pero la persecución no ha cesado. Luis Pacheco expresidente de 48 Cantones y viceministro de Desarrollo Sostenible en el gobierno de Arévalo; y Héctor Chaclán, extesorero de 48 cantones, están en prisión desde abril de 2025 bajo cargos de asociación ilícita y terrorismo, por ayudar a convocar el paro. El pasado enero Basilio Puac, exvidepresidente de la organización, fue detenido y acusado de terrorismo por la misma razón.

—Es paradójico. Los mismos pueblos que garantizaron el relevo democrático ahora son tratados como una amenaza —dice Velásquez.

La antropóloga asegura que lo que ha sucedido tras el paro de 2023 no es un error del sistema, sino un patrón cíclico de violencia extrema diseñado para someter moral y políticamente a quienes desafían el orden establecido.

—Es como si estuviéramos regresando a la época del conflicto armado —denuncia—. En el fondo se busca quebrar el tejido comunitario y enviar un mensaje disciplinador al resto de los pueblos y líderes indígenas: participar en política les puede costar la cárcel, la salud y la vida.

Esquivar la injusticia

La oficina de un abogado defensor de autoridades indígenas es itinerante. Juan Castro, integrante del Bufete para Pueblos Indígenas y representante legal, entre otros, de Pacheco y Chaclán, viaja de departamento en departamento para desmantelar lo que él llama “la doctrina de las medias verdades”.

—La estrategia de la fiscalía es simple pero devastadora —dice el abogado—: no mienten sobre los hechos concretos, sino sobre su intención o su naturaleza.
—¿A qué se refiere?
—A que es verdad que hubo protestas en 2023, es verdad que salimos a protestar y a tomar medidas de hecho… Lo que no es verdad es que esos hechos sean un delito.

Para abogados indígenas como él, que es chalchiteko, la labor no termina donde se cierra el Código Penal. Su responsabilidad, dice Castro, “es política”. Debe luchar contra un racismo estructural que observa la vara de mando de los líderes maya con sospecha, y que, según dice, “entiende la organización comunitaria como una amenaza directa a la estabilidad del Estado”.

—El fraude jurídico reside en la etiqueta —apunta—. Lo que para la Constitución es el derecho a la resistencia, para el fiscal es un crimen. No es verdad que se hayan manifestado con el ánimo de causar terror a la población. Dice que su trabajo es “devolver al acto político su naturaleza legal”.

Basilio Bernardo Puac García, exvicepresidente de los 48 Cantones de Totonicapán, reza en las carceletas de la Torre de Tribunales de Ciudad de Guatemala el martes 14 de enero de 2026, horas después de ser arrestado por su participación en las protestas de 2023. Foto: Nathalie Quan

Lucía Xiloj, abogada de Basilio Puac y también parte de la defensa de Pacheco y Chaclán, dice que los cargos penales que el MP está usando, en la práctica, “equiparan la organización social propia de los pueblos indígenas con una asociación ilícita”. La mayoría de acusados enfrentan una batería de cinco delitos: asociación ilícita, obstaculización a la acción penal, obstrucción a la justicia, terrorismo y sedición. En el caso de Puac, logró que el juez excluyera el cargo de terrorismo pero enfrentará los otros cuatro tipos penales.

—No se busca una sentencia rápida, sino un control que desgaste la moral del procesado y de su comunidad —denuncia la abogada k’iche’—. El objetivo es que la autoridad, aunque libre, viva atada a citaciones y firmas, con su liderazgo neutralizado por la burocracia judicial.

Castro habla de una “criminalización a cuentagotas», y denuncia la filtración selectiva de información sobre supuestas listas de captura bajo reserva. El rumor permanente de que en Guatemala existen hasta 1,200 órdenes de captura firmadas y aún secretas contra todo tipo de actores políticos y sociales, periodistas, abogados, funcionarios, activistas por la transparencia o los derechos humanos, y por supuesto líderes indígenas, opera desde 2023 como un arma de guerra psicológica.

—Hay dos caminos —analiza Castro—. O caemos en el miedo y nos desmovilizamos, o ejercemos algún nivel de respuesta pensada.

Habla de un análisis de riesgo “quirúrgico”. Los abogados deben decidir cuándo la amenaza es real y cuándo es parte de una estrategia del MP para forzar el exilio de voces críticas. «La gente tiene que seguir trabajando, tiene que seguir su vida, no puede estar escondida siempre», dice sobre la imposibilidad de vivir en la clandestinidad permanente.

Lucía Xiloj habla de un nivel de «compromiso real» que desborda el ejercicio tradicional de representación legal. “El acompañamiento es, ante todo, humano”, dice. “Implica escuchar las necesidades, socializar, revisar escenarios con las personas y su comunidad para que las decisiones se tomen en conjunto, aunque se privilegie el interés de las personas procesadas».

Y la criminalización también la alcanza. Xiloj denuncia estigmatización constante en redes sociales y sabe que, por defender a una autoridad indígena, entra en el radar de vigilancia del mismo sistema de represión que trata de combatir.

***

Diego Petzey recuerda cuándo se sintió por primera vez perseguido. A finales de 2023 formaba parte del comité que coordinaba las protestas en Santiago Atitlán y daba declaraciones públicas en nombre del colectivo. “Supe que se había abierto un expediente en nuestra contra, por las movilizaciones”, dice. “Y supe también que pronto quedó en pausa porque no había suficientes pruebas para sostenerlo, pero cuando las autoridades ancestrales retomaron visibilidad pública en 2024 el expediente se reactivó y lo fusionaron con nuevas denuncias”.

Se enteró mientras participaba en España en un curso de derechos humanos. —Una fuente del Ejecutivo me llamó para advertirme y decirme que considerara no regresar a Guatemala —revela—. Nos habían reabierto el caso.
—Pero usted volvió.
—Vivir bajo amenaza constante por defender el territorio o la identidad tiene un impacto profundo —reflexiona—. No son solo procesos judiciales. Es un intento sistemático del Estado por despojar a los pueblos de su legitimidad, su memoria histórica y su identidad. Por eso volví.

El joven líder indígena cree que es “evidente” que, cuando se trata de autoridades o líderes indígenas, las resoluciones del Organismo Judicial no se ajustan al derecho. Menos aún a las demandas legítimas de los pueblos y comunidades a las que estos líderes representan.

Pone como ejemplo la audiencia judicial que él mismo y otras autoridades enfrentaron en octubre del año pasado por la decisión de la comunidad de retirar de las aguas del lago Atitlán 235 jaulas ilegales de cultivo de tilapias. Se les acusaba de desobediencia, instigación a delinquir y asociación ilícita. Petzey asegura que casi once mil personas se les unieron en procesión por las calles del municipio, en solidaridad y demostración de fuerza.

La cifra es probablemente exagerada, pero lo que subyace es real: la principal herramienta de respuesta de las comunidades indígenas es la misma que el MP y el actual sistema de Justicia tratan de castigar: la movilización.

—Cuando hay audiencia, la gente deja su trabajo y acude. Esa unidad ha sido nuestra protección —sostiene Petzey—. Aquella vez, la gente cambió la correlación de fuerzas

En aquel caso lograron que la jueza desestimara los cargos por falta de delito, como si por momentos el peso colectivo lograra inclinar esa balanza que en teoría es ciega. Pero él y muchos otros siguen enfrentando campañas de difamación en redes sociales y amenazas directas. En septiembre aparecieron en Santiago Atitlán mantas con amenazas de muerte acompañadas de casquillos de bala. Las denuncias que han presentado no han tenido respuesta de la Fiscalía.

Saben en cambio que existen órdenes de captura y allanamiento contra ellos. “El juez ya las firmó y el Ministerio Público tiene los documentos”, asegura Petzey. “Pero por alguna razón aún no los ejecutan. No sabemos qué están esperando”.

—Imponen miedo —dice Mendoza—, pero el pueblo ha despertado.
—¿Y cómo combaten ese miedo?
—No tememos porque mantenemos comunicación con nuestros ancestros, encendemos velas, agradecemos y pedimos fuerza. Nuestra conexión con la tierra nos da fortaleza..Y porque no estamos haciendo nada ilegal. No estamos pidiendo dinero al Estado ni quitando recursos. Solo exigimos lo que nos corresponde. Mire en cambio a las autoridades de la capital, que siempre aumentan los impuestos y endeudan el país para beneficio propio.

—¿Ha cambiado algo con el gobierno de Arévalo? ¿Se han sentido escuchados? —preguntamos al escribano Petzey.
—En enero de 2025 presentamos una solicitud formal de audiencia en la Secretaría Privada de la Presidencia. Nunca obtuvimos respuesta. Tampoco hemos sido incluidos en espacios de diálogo del Ejecutivo con pueblos indígenas. Eso nos hace pensar que, más allá de quién gobierne, la estructura del Estado mantiene dinámicas de exclusión.

A las orillas del Atitlán, la tensión continúa. Si el MP intenta ejecutar órdenes de captura contra sus líderes, los vecinos han dicho que no lo permitirán, que como en 1990 protegerán su territorio y fronteras. Y que si los fiscales del MP se atreven a entrar a Santiago Atitlán, aunque sea a la fuerza, los vecinos no los dejarán salir.

—La comunidad ha sido clara: si vienen por uno, responden todos —cierra Petzey—. Incluso se ha planteado la expulsión del Ministerio Público del territorio hasta que exista una fiscalía que cumpla su mandato constitucional y no actúe como mecanismo de persecución política.

Quién está detrás de los líderes

El trayecto de Chajul a Nebaj es de unos 45 minutos. Una ruta de curvas y subidas pronunciadas sobre una carretera deteriorada que la alcaldesa Engracia Reina Mendoza conoce bien. Acaba de hacerla para celebrar con otras lideresas ixiles el día de la mujer.

Mendoza tiene 52 años y viste la indumentaria tradicional de Chajul. Sobre su cabeza, los nudos y colores del tocoyal enmarcan sus facciones firmes. Lleva aretes fabricados con monedas de veinticinco centavos, piezas de plata en las que resalta en relieve la efigie de Concepción Ramírez, la mujer Tz’utujil a la que en 1959 una comisión gubernamental consideró la mujer más bella de Santiago Atitlán y convirtió en icono nacional. Sostiene en la mano derecha su vara de mando, validación de su autoridad ancestral y su cargo político como Principal de Chajul, un lugar que antes de ella solo habían ocupado hombres.

La alcaldesa indígena de Chajul, Engracia Reina Mendoza, en marzo de 2026 durante su participación en la marcha conmemorativa del día internacional de la mujer, en las calles de Nebaj. Foto: Nathalie Quan

Aunque no estamos en su municipio, un mesero del restaurante la reconoce y corre a apagar la música para facilitar la charla.

—Fue la gente. Llegaron a la alcaldía indígena a preguntar qué íbamos a hacer —recuerda.

Ninguna intervención externa, ningún llamado previo de las autoridades ixiles a movilizarse. Fue la urgencia de las mismas comunidades la que en 2023 forzó el consenso entre municipios y con otras organizaciones y etnias del país y detonó el paro nacional.

—Fue la misma presión comunitaria la que hizo que nos pusiéramos de acuerdo —explica—. El movimiento se sostiene con comunidades que coordinan sus propias salidas y se movilizan en grupos compactos. La autoridad indígena es solo un eje que articula la voluntad colectiva.

A su lado, Roselia de León, lideresa de Chajul, amplía la explicación:

—Ya veníamos trabajando juntos desde antes —señala—. Desde el conflicto armado interno, las organizaciones en la región Ixil se han articulado en torno a luchas políticas, conmemoraciones y procesos comunitarios, regionales y nacionales.
—Por eso cuando estalló la crisis por la toma de posesión del nuevo presidente no hubo que inventar una estructura —dice Mendoza—. La red ya existía. Solo tuvimos que activarla.

Explican que cuando varias organizaciones se acercaron a las autoridades ancestrales de Chajul a preguntar cómo apoyar, la respuesta fue: “Acompáñennos a la capital para exigir que se respete el voto”.

—Pero que quede claro: Yo no voté por Bernardo —dice Mendoza—. Y tampoco salimos por él. Salimos por la decisión del pueblo.

***

Durante los meses de movilización mantuvieron un monitoreo constante de quiénes integraban las protestas o los retenes en las calles, para identificar presencias ajenas. “Había personas encapuchadas”, denuncia Mendoza. “No sabemos de dónde venían. Buscaban generar conflicto para responsabilizar a las autoridades indígenas”.

De León lo explica desde otro enfoque: “Participar como colectivo es nuestra forma de protegernos”, afirma. Cuando la criminalización busca rostros específicos, la comunidad es un escudo. “Si nos identificamos como un todo evitamos la exposición individual”, aclara. “No pueden señalar a una sola persona cuando es la autoridad completa la que se mueve”.

Pero eso no impidió que Mendoza recibiera audios con amenazas.

—Me llegaron amenazas de números desconocidos —dice—. No sé el origen.
—¿Lo denunció?
—No. Mi familia me pidió que no hiciera nada.

Para la alcaldesa, la seguridad es un asunto que se resuelve en círculos estrechos. Desde que recibió los mensajes, el respaldo que recibe es exclusivamente comunitario y familiar. “Ninguna institución del Estado se ha acercado”, se queja. Y admite que tiene “un poco de temor”. Sabe que su nombre ha circulado en los listados de posibles órdenes de captura.

—Voy a seguir luchando, aunque me puedan encarcelar —dice—. Y si el MP intenta capturar a líderes ixiles, como ha ocurrido en otros lugares, la reacción dependerá de los tiempos. Si llegan de sorpresa, a las seis de la mañana, como regularmente hacen, no se puede hacer mucho. Pero si tenemos información previa, el pueblo puede levantarse.

***

En la Alcaldía Indígena de Nebaj las autoridades ancestrales son más cautelosas al hablar de nuevos levantamientos. Hace unas horas que han celebrado una asamblea a puerta cerrada y reconocen que el escenario ha cambiado desde 2023. La movilización sigue siendo una posibilidad, pero no en los mismos términos.

—¿Y qué pasa si nos criminalizan por esto? —reacciona Catarina Terraza cuando le pedimos permiso para tomar una fotografía y anotar los nombres de los presentes.

Es tercera alcaldesa de Nebaj y junto a ella están Gabriel de Paz, primer alcalde; Pedro Pérez Cobo, principal; Vicente Brito, tercer alcalde; y Petrona Guzaro, cuarta alcaldesa. En una sala pequeña, con poca luz y paredes amarillas como las de una escuela, se acomodan y colocan sus varas sobre la mesa de forma ordenada. Tres autoridades ixiles del municipio han tenido que salir del país por miedo a capturas: Diego Ceto, Pablo Ceto y Miguel Ceto. Feliciana Herrera, alcaldesa, ya enfrenta un caso bajo reserva. Todo bajo la sombra de un supuesto listado del MP que nadie ha visto completo.

En los muros de la casa comunal donde sesionan las autoridades indígenas de Nebaj hay retratos de sus líderes pasados y presentes, algunos de ellos en el exilio. A su lado han colgado una fotografía de la firma de la agenda de trabajo conjunto entre las autoridades ixiles y el presidente Bernardo Arévalo, el 13 de marzo de 2024. Foto: Nathalie Quan

—Claro que sentimos el miedo. Pero si dejamos de luchar no avanzamos —dice Vicente Brito, y hace referencia a 1936, cuando los siete Principales de Nebaj fueron fusilados.

El pasado define la forma en que entienden la persecución actual. Y su compromiso de lucha.

—La lucha es siempre así —dice el alcalde Gabriel de Paz—. Yo recuerdo mucho que en el tiempo del conflicto sucedía lo mismo. Si no hay masacres o bombardeos, estamos un poco contentos; pero cuando llegan los militares a perseguir y destruir a las comunidades, quedamos tristes. Hoy, estamos tristes.

Y sigue:

—Pero hay que participar hasta ver cómo lograr verdaderamente justicia. Vamos a morir por la verdad y no por ser ladrones. Nuestra región ha padecido mucha persecución. No hay desarrollo, salud ni educación. Ojalá se cumplan las promesas, pero no hay voluntad. Las carreteras están abandonadas desde Quiché hasta Chajul y Cotzal. Las autoridades de la capital hablan de desarrollo, pero nosotros no lo vemos.

El olvido, como la criminalización, acá no se encara como eventual sino como una condición de vida. La exclusión no acaba por un simple cambio de gobierno. Guatemala busca un cambio, pero aún no ha cambiado. Leonel, hijo del exiliado Diego Ceto, tiene 35 años, es delgado y lleva el pelo largo atado en una cola. Ha permanecido callado a un lado toda la conversación pero ahora interviene:

—El apoyo a nuestras luchas y a quienes están perseguidos no viene de estructuras formales sino de redes individuales —dice—. No es mucho dinero, pero nace del corazón y eso importa.

Las autoridades de Nebaj expresan que el futuro pasa por nuevas protestas, pero aclaran que, si tienen que volver a tomar las calles para defender esta democracia que no les sirve, lo harán de forma distinta a 2023. “Hemos gritado y no hemos sido escuchados”, se queja De Paz.

Antes, Engracia Mendoza ha afirmado algo similar. La represión no les frena pero dejó huella:

—Claro que nos volveríamos a mover. Pero esta vez con otra estrategia.

La lucha que nunca acaba

Diego Ceto tiene 66 años y es autoridad indígena ancestral maya ixil e hijo de autoridad ixil y contador del tiempo maya. Tuvo que salir de Guatemala pero desde el exilio sigue tratando de ejercer algunas de sus funciones o de ordenar los esfuerzos de otros desplazados. Las militancias no saben de fronteras.

—Muchos nos cuestionan: ¿por qué defendieron una democracia que no es de ustedes? Y sí, es cierto —dice—, pero vivimos en ese país y lo que decida el Congreso, el organismo judicial o el Ejecutivo afecta a nuestros territorios, a los proyectos de infraestructura y a la vida de nuestra gente. Y ya sabe que no lo hicimos por Arévalo; los personajes pasan, pero los pueblos permanecemos.

Remarca además algo que en el relato presidencialista parece haberse olvidado: con la defensa del voto en 2023 también estaban en juego las alcaldías electas y las diputaciones. Si el MP lograba anular las elecciones, habría repercusiones para toda la infraestructura estatal. Los ixiles también se manifestaron, aclara, cuando pocas semanas antes de la votación el Tribunal Supremo Electoral excluyó a la candidata mam del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), Thelma Cabrera. “Desde el inicio dijimos que era el momento de defender el voto ciudadano y que lo haríamos de una manera articulada, organizada y pacífica”, dice. — Por aquello somos más de 200 autoridades perseguidas, y uno de los cinco delitos de los que se nos acusa es que somos terroristas por levantar la voz. Y es porque somos indígenas. También durante la guerra dijeron que éramos subversivos, solo porque levantamos la voz.

Ilustración / Diego Orellana

Las autoridades maya ixil han logrado en la última década parar tres proyectos de hidroeléctricas en su territorio porque las empresas no hicieron las consultas previas que dicta el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Ceto también menciona los amparos ganados contra la corrupción local, y el histórico juicio por genocidio que en 2013 condenó al exdictador Efraín Ríos Montt, aunque luego el proceso fuera anulado y repetido.

—Acompañamos a los testigos y se ganó el juicio —dice—. Que luego el sistema de justicia ordinaria lo haya anulado por un asunto de procedimientos no es nuestro problema. Lo importante es que se supo la verdad y que nunca se repita.

Aquel juicio fue un parteaguas en la lucha contra la impunidad en Guatemala. Despertó un brutal contraataque político y jurídico de las fuerzas más conservadoras del país, que entronca de forma directa con la persecución actual de operadores de justicia, periodistas y líderes sociales, pero hizo también evidente cómo los pueblos maya, con su incesable búsqueda de justicia, han puesto a prueba e intentado consolidar el sistema de justicia que los ignoraba y que ahora los persigue. Los movimientos indígenas llevan décadas construyendo democracia en Guatemala, incluso desde su dignidad de víctimas.

—La criminalización actual busca caras visibles para silenciarlas, y es porque los procesos han demostrado que la organización indígena puede frenar intereses poderosos —afirma Ceto.
—¿Cree que están logrando silenciarlos?
—El sistema nos dio tres caminos: la cárcel, la muerte o el exilio. Estamos lejos, pero el exilio no es la muerte. Y los personajes somos pasajeros, pero las nuevas generaciones tienen la memoria histórica. La lucha continuará en su justo momento, en los diferentes contextos.
—¿Las elecciones de 2027 serán uno de esos momentos?
—Yo sigo aportando porque nuestra idea de lucha no es coyuntural. Lo de 2023 y lo que va a pasar el próximo año, o sea, las elecciones generales, son coyunturales. Nosotros apostamos a un cambio estructural, que ojalá se dé algún día, no sé cuándo. Ojalá a los más jóvenes les toque vivir en un país más democrático, más incluyente, más plural, porque esos somos.

***

A esta mujer menuda, de rostro moreno, el exilio le ha dejado un lamento constante por la distancia y una forma calmada de resistir. En la pantalla de la videollamada, iluminado con luz amarilla en una habitación pequeña, su rostro parece cansado.

—Cuando agarraron a Pacheco me avisaron que me cuidara, que estaba en una lista —-dice.

Ha pasado casi un año desde que esta líder indígena dejó su cantón de 3 mil habitantes para resguardarse en una de las metrópolis más grandes del mundo, Ciudad de México. No quiere que se publique su nombre, para evitar represalias contra su familia, que sigue en Guatemala, pero también porque los exiliados, pese a pertenecer a distintas etnias y organizaciones, han decidido hablar con una sola voz grupal. Se hacen llamar “Colectivo de autoridades ancestrales y personalidades mayas en el exilio”.

—Mis abogados me dijeron que cambiara de número de teléfono, que estuviera en casas diferentes. Una autoridad me dijo: “Vete, vete,  andá a la embajada mexicana. Ahí te van a echar la mano, porque la presidenta (Claudia Sheinbaum) ya sabe de todo esto” —cuenta.

Por aquellos días su padre se enfrentaba a una cirugía de urgencia y ella llevaba semanas en una casa de seguridad. “Logré verlo en la primera cirugía, pero luego se complicó y tuvo que pasar por otra, y ya no pude verlo”, dice. “Aún me quedé un mes en mi pueblo, pero no en mi casa, porque era peligroso”. Un día llegaron a buscarla. Desde un vehículo extraño alguien anduvo preguntando por ella. Luego dos hombres llegaron a su domicilio. Uno se quedó atrás y el otro tocó el timbre. “Ahí confirmé que eran enviados”, dice.

Esteban Toc da declaraciones a la prensa antes de su primera audiencia judicial el 5 de septiembre de 2025. Toc, que en 2023 era vicealcalde indígena de Sololá, fue detenido en Totonicapán días antes, el 28 de agosto, acusado de asociación ilícita, sedición y terrorismo por encabezar las protestas en respaldo del resultado electoral. Foto: Nathalie Quan

Pasó varios días en casas de resguardo, casi en encierro. “Me dejaban detrás de tres puertas con llave, y se iban”, recuerda. No dio detalles a su familia. “No me cabía en la cabeza provocar un infarto a mi padre”, dice. Cuando finalmente sucedió, la conversación fue difícil.

—¿Y cuándo vas a regresar? —le preguntaron.

Ella no supo qué responder.

Ha atravesado etapas de depresión, en las que se quedaba en su nueva casa y “comía y dormía, comía y dormía”, relata. El exilio es siempre un castigo físico y el aislamiento fue una losa. Para generar ingresos empezó a vender comida. Chuchitos, paches, enchiladas, bebidas, lo que le pidieran. Comida tradicional guatemalteca. Pero no le alcanza para pagar renta y alimentos. Menos aún para enviar dinero a sus padres, que dependen económicamente de ella y de la solidaridad comunitaria.

—Me desligué un poco —dice de su relación actual con las estructuras de su comunidad—.  Ojalá logremos coordinarnos con Guatemala, para apoyar, porque en 2024 nuestras autoridades nos dieron la espalda, vieron intereses personales…

Las autoridades indígenas suelen renovarse cada año. Los y las jóvenes han de comenzar a prestar servicio comunitario, a trabajar ad honorem por el colectivo, al cumplir 18, y el involucramiento ya no cesa nunca. Hasta que al cabo de 10, 15 o 25 años te eligen como autoridad, sin que tú te postules. En los movimientos indígenas guatemaltecos hay liderazgos, pero no candidaturas a liderazgo. Y hay también cismas y tensiones internos. Esta líder exiliada se queja de que en momentos críticos no percibió acciones concretas de sus propias autoridades en favor de los compañeros detenidos o con quienes tuvieron que salir del país.

—Sabemos que los corruptos buscan callarnos para desestabilizar, pero ahora en 2026 ya hay más comunicación —dice—. Nos están respaldando más. Ya saben que estoy fuera y están apoyando a los compañeros, y eso me da fuerza. Ojalá que logremos coordinarnos bien Guatemala y aquí para seguir apoyando.

***

Pacheco y Chaclán están sentados en una banca de madera, en un pequeño cuarto multiusos de cuatro metros cuadrados en el que nos hacinamos también cuatro periodistas. La pulcritud de los presos parece un acto de resistencia silenciosa. Junto al cuarto hay un minúsculo baño sin puerta del que llega un hedor inevitable. Ninguno de los dos consulta el reloj que llevan en la muñeca. Como si el tiempo hubiera perdido relevancia desde su detención en abril de 2025.

—Nosotros servimos al pueblo. Estar en la cárcel no es algo a título personal, es servicio comunitario —afirma Luis Pacheco.

Llevan más de un año en el centro de detención preventiva Mariscal Zavala. El expresidente y extesorero de la organización indígena de más peso del país, los 48 Cantones de Totonicapán, comparten una celda separada del resto de presos en la que hay dos camas y una mesa. El 23 de abril de 2025, agentes de la Policía capturaron a ambos y los metieron en una panel blanca para llevarlos a tribunales. El gesto estaba lleno de simbolismo: en los años 80 la Guardia de Hacienda usaba paneles blancas para capturar y desaparecer disidentes como parte de su estrategia de control y limpieza social.

—¿Terrorismo? Fuimos detenidos injustamente por haber defendido un mandato colectivo —asevera Pacheco—. Fue decisión de los pueblos decretar el paro nacional y manifestarse. Si accionamos como asamblea fue frente al secuestro de las papeletas de voto. ¡Los pueblos detuvimos un golpe de Estado!

Héctor Chaclán insiste en dar un marco histórico a su acusación. “El gobierno siempre ha querido reprimir al pueblo indígena”, dice, y remarca que 48 Cantones no nació para este momento, sino que es una estructura ancestral que se reconoce a sí misma en el espejo de levantamientos como el de Atanasio Tzul hace dos siglos.

Mientras dice esto, como escenificando la ironía, entran en el cuarto dos agentes del Sistema Penitenciario con los rostros cubiertos y se colocan junto a los prisioneros para que el equipo de comunicaciones de la institución haga una fotografía. Se escuchan los disparos de la cámara. Dos minutos después, los agentes encapuchados se han retirado en silencio. —No somos los primeros en estas persecuciones —insiste Chaclán—. Esto viene desde aquel levantamiento colonial. Los pueblos indígenas siempre estamos siendo observados.

Los exdirigentes de los 48 Cantones Luis Pacheco (a la derecha) y Héctor Chaclán, en un pasillo de la cárcel Mariscal Zavala, donde llevan más de un año en detención provisional acusados de terrorismo por encabezar las protestas pacíficas de 2023. Foto: Nathalie Quan

Trece meses encarcelados pero los dos exdirigentes de los 48 cantones de Totonicapán aún esperan su primera audiencia. Su caso está atrapado en el laberinto judicial del litigio malicioso, donde el uso excesivo de recursos procesales y constantes suspensiones de audiencias prolongan su prisión preventiva sin que el MP haya presentado aún evidencia de delito.

El castigo no es solo psicológico. Pacheco se resiste a contarlo, pero acaba compartiendo que durante el encierro ha perdido dos dientes por el bruxismo y ha perdido el cartílago de las rodillas, además de haber desarrollado una contracción muscular crónica en la espalda. Chaclán evita la pregunta tres veces, y al final explica que tiene problemas en los ojos, ha perdido el oído derecho y también se le han fracturado dos muelas.

—Vamos a demostrar que la dignidad no tiene precio. Hacer el bien cuesta, pero merece la pena —dice Chaclán.
—Están tratando de diluir nuestra organización a través del terror —denuncia Pacheco—. Aquí es donde queda claro quiénes son los terroristas.

Cuentan que para ellos la cárcel, habitualmente considerada una escuela para la delincuencia, está siendo un espacio de educación política a base de lecturas y discusión. Y que piensan salir de allí con la frente en alto.

—A veces dudo si cuando pase todo esto quiero seguir involucrado en la lucha política —dice Pacheco, que aún es viceministro aunque su cargo esté en suspensión por el encierro—. Pero hay que seguir, porque esto que le pasa a Guatemala no se puede curar en cuatro años.

Chaclán coincide:

—Estamos preparados para seguir sirviendo al país.
—¿Cómo, si ya no son autoridad indígena? ¿En candidaturas por algún partido político?
—No —responde tajante Pacheco—. Nosotros en 48 Cantones siempre hemos sido políticos, pero no partidarios. Seguiremos exponiendo casos de persecución e injusticia. Y seguiremos luchando contra la corta memoria de los guatemaltecos.

Este reportaje se realizó como parte del Ciclo de Actualización para Periodistas (CAP) sobre Democracia y Autoritarismos en Centroamérica.

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El caso de humo de los “terroristas” de WhatsApp

Por: Dayana Palacios, Lissy Serén, Carmen Mejía, Eduardo Vargas, Stephany Pineda, Ana Paola Ávila y José Quezada

Editor: Óscar Martínez

Ilustraciones: Diego Orellana

Días antes de ser capturado el 14 de agosto de 2025, justo afuera de su casa en Tegucigalpa, Arcadio López Estrada había sido avisado por los guardias de seguridad de su residencial privado que un carro sospechoso merodeaba su vivienda. Pero Arcadio no le dio importancia y siguió en sus actividades laborales como siempre, yendo a su pequeña empresa de ingeniería eléctrica.

Por aquellos días, como suele ocurrir en un año electoral, Honduras estaba agitada. La Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica y la Confraternidad de Iglesias Evangélicas habían convocado a una marcha por la paz para el 16 de agosto en más de 50 ciudades del país. Aquello fue interpretado por algunos sectores del oficialismo como una intromisión en el proceso electoral que los dejaría mal parados a solo días de que se iniciara la campaña que culminaría en los comicios presidenciales del 30 de noviembre.

Entonces, el fiscal general Johel Zelaya, enfundado en un saco color crema y rodeado por el jefe de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC), del subdirector policial de la lucha contra el narcotráfico y de la fiscal jefe de la Fiscalía de Protección a la Constitución, dijo que estaba ahí para “informar sobre un caso sin precedentes en la historia reciente” de Honduras, un “caso que no solo expone delitos graves, sino que confirma la existencia de una conspiración… Dicha conspiración tiene por objetivo paralizar al Estado, alterar el orden constitucional y poner en riesgo la paz social y la democracia misma, es decir, que no se realicen las elecciones generales… Con el respaldo de pruebas técnicas, científicas y documentales, se ha procedido este día a la captura de los señores Arcadio López Estrada, Perfecto Jesús Enamorado Paz, Antonio David Kattán Rivera. Estas personas han sido acusadas por los delitos de terrorismo y tentativa de asesinato… Su objetivo es atentar contra la vida del expresidente de la República José Manuel Zelaya Rosales… Este atentado forma parte de un plan mayor. Según su propia voz: botar al gobierno… impedir la celebración de las elecciones generales”.

Y así, como una absoluta sorpresa y a poco más de tres meses de las elecciones, el fiscal colaba en el ambiente preelectoral a tres “terroristas”, a un poderoso político oficialista que estaba por ser víctima de una conspiración asesina y a unas elecciones que estaban por ser dinamitadas. Todo ello, según el funcionario, sustentado en “pruebas técnicas” e, incluso, en audios donde se podía escuchar a los “terroristas” urdir su plan de desestabilización nacional.

Los tres acusados que fueron detenidos el día 14 de agosto de 2025 suben las escaleras de los juzgados cuando fueron a la audiencia inicial de su proceso. Foto: David Romero/ El Heraldo

Los funcionarios del oficialismo -incluyendo a Xiomara Castro, entonces presidenta y esposa del objetivo del supuesto atentado terrorista- y sus páginas de difusión en redes sociales inundaron la conversación virtual hondureña con declaraciones de repudio al plan de magnicidio y boicot electoral. Usaron palabras como “conspiración”, “golpe de Estado”, “pruebas científicas”, “fascismo”. Incluso crearon rápidamente un eslogan: “Si tocan a Mel, nos tocan a todos”. “Yo espero que la Fiscalía continúe la investigación y que no solo se señalen a los que salen en el audio, sino también a los que están detrás de esa trama”, escribió en sus redes sociales la presidenta, asumiendo que había autores intelectuales detrás de los tres “terroristas”.

Manuel Zelaya Rosales, más conocido como “Mel”, no era para agosto de 2025 una figura política cualquiera: era el expresidente derrocado en 2009 y principal líder del partido oficialista Libertad y Refundación (LIBRE). Su influencia seguía siendo determinante en la conducción política del país, incluso más allá del cargo que ostentaba su esposa, la entonces presidenta Castro. Zelaya era el articulador del poder político, con ascendencia directa sobre estructuras partidarias, incluidos los llamados “colectivos”, que actuaban como grupos de presión y choque en favor del oficialismo. En un contexto preelectoral tenso, su figura centraba tanto lealtades como antagonismos, lo que lo convertía en un actor central en la narrativa de amenaza o estabilidad que distintos sectores proyectaban sobre el país. Es decir, el “plan de asesinato”, revelado por el fiscal general, atentaba contra un símbolo del oficialismo.

Cuando aquel 14 de agosto de 2025 los policías allanaron la casa de Arcadio y lo sacaron de ella, él no entendía nada. Le dijeron que solo era una formalidad, lo subieron al carro. Se lo llevaron. Fue hasta una hora después cuando, aún en el vehículo, uno de los policías le dijo que estaba acusado de terrorismo.

Fue hasta horas después cuando se enteró que estaba acusado de un intento de magnicidio junto a dos personas a las que nunca en su vida había conocido.

Fue hasta semanas después, cuando su hijo tuvo que abandonar su beca de estudios en Italia y regresar al país para encargarse de la empresa familiar y cubrir los gastos de la defensa, cuando Arcadio entendió que estaba acusado de “un caso sin precedentes” por haber escrito unas líneas en un chat donde había otros 88 excompañeros de colegio.

El caso presentado por el Ministerio Público, en resumen, es este: una acusación de actos preparatorios punibles y asociación terrorista contra cuatro imputados. Tres de ellos, los ya mencionados, y quienes están en el centro de esta historia periodística, fueron capturados el 14 de agosto de 2025 y acusados con base en conversaciones en dos chats: uno de mensajes políticos entre 265 personas donde estaban Arcadio López y Perfecto Enamorado y otro de exalumnos de un colegio de San Pedro Sula, al norte del país, bautizado como “La Salle 88”. Otro acusado más, Gerardo Enrique Galeano Hernández, fue capturado el 1 de septiembre de 2025, acusado de los mismos delitos, porque según la Fiscalía su voz aparecía en unos audios incitando a “parar el país” y planificando acciones violentas, entre ellas atentar contra el expresidente Manuel Zelaya. Galeano también compartía el chat de “La Salle 88”.

Durante tres meses, un equipo de siete periodistas hondureños reconstruyó el caso de terrorismo presentado por el Ministerio Público. Logró determinar que la evidencia se centra en unos comentarios principalmente en el chat lúdico de exalumnos del colegio y que las instituciones rehúyen a dar declaraciones sobre un proceso que prefieren se mantenga en secreto, en el ámbito de la discusión política y no técnica.

“Por eso nosotros no nos hemos referido al tema. Únicamente se ejecutó la captura de estas personas porque eran “órdenes”, nos dijo la portavoz de la Dirección Policial de Investigaciones. “Es que detectamos todas las irregularidades. Ahí no había absolutamente nada conforme a derecho”, nos dijo Hugo Maldonado, presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras.

Manos chateando

“Asociación terrorista”

El equipo de Ciclos CAP obtuvo el requerimiento fiscal que dio origen a las capturas y allanamientos de agosto de 2025. Es un documento de ocho páginas, muchas de ellas gastadas en los formalismos literarios de una acusación judicial, en el que la Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado acusa a tres ciudadanos -Arcadio Corrales Estrada, Perfecto Jesús Enamorado Paz y Antonio David Kattán Rivera- de los delitos de actos preparatorios punibles y asociación terrorista en perjuicio del orden público.

La base probatoria del caso se centra en el contenido de dos memorias USB entregadas de forma anónima a la Policía, que contenían audios e imágenes de conversaciones en grupos de WhatsApp. En su acusación inicial, el Ministerio Público (MP) transcribe fragmentos donde los imputados discuten escenarios de violencia política, incluyendo frases como “puta verga a verga hay que matar a Mel Zelaya (sic)”; “Mire mi colega vino aquí a limpiar esta mojosa para ir a la marcha (sic)” -refiriéndose a un arma y a la caminata  de oración por Honduras promovida por la iglesia católica y la confraternidad evangélica-; o “Mire esos colectivos cuando vean caer unos cinco con tres píldoras en el pecho no vuelven a verlos en las calles (sic)”.

El documento sostiene que estas expresiones constituyen más que opiniones: las interpreta como evidencia de una conspiración orientada a ejecutar actos violentos, generar terror y alterar el orden constitucional. El delito de asociación terrorista implica la coordinación entre varias personas con el propósito de cometer actos que provoquen alarma social o desestabilización; mientras que los actos preparatorios punibles sancionan acciones previas que, aunque no se hayan concretado, evidencian una intención delictiva. Estos delitos conllevan penas que superan los cinco años de prisión, por lo que la Fiscalía logró justificar las capturas y allanamientos simultáneos en contra de los imputados. El MP consideró, al leer esas frases escritas en un chat con decenas de personas que no se conocían, que había en marcha una conspiración para planificar un atentado terrorista.

Montaje fotográfico donde aparecen Antonio David Kattán Rivera, Arcadio Corrales Estrada y Perfecto Jesús Enamorado Paz, en ese orden, el día de su captura. Foto: cortesía Proceso Digital

Sin embargo, el mismo documento revela que la evidencia central no corresponde a planes operativos concretos, sino a intercambios de mensajes, algunos en distintos chats.

En su escueto requerimiento, el MP omite decir que los imputados no se conocían, que no había ningún indicio de que tuvieran un plan o equipo para perpetrar un magnicidio y, mucho menos, boicotear unas elecciones. Lo único que la Fiscalía tenía eran unos comentarios muy pasados de tono en un chat de gente que tenía en común haber estudiado en algún momento en el mismo colegio.

La discusión sobre esto nunca alcanzaría las preguntas lógicas: ¿Es un acto preparatorio de terrorismo si en un chat familiar de diez personas alguien dice que habría que pegar un tiro a tal político? ¿Es un acto de conspiración para el terrorismo si en una cantina donde se reúnen 20 excompañeros de colegio uno dice que hay que armarse porque tarde o temprano la situación política será insostenible y habrá que tirar bala? ¿Cuánta gente debe haber en ese chat o en esa reunión para que se considere un complot? ¿Cuál es el límite entre un comentario violento hecho en un espacio privado y una conspiración articulada para cometer un magnicidio sin precedentes en un país? ¿Qué entiende el Ministerio Público por “conspirar”? ¿Cuál es la diferencia entre un comentario estúpido, violento, pasado de tono, y un acto de conspiración asesina?

Ninguna de esas preguntas entró durante meses al debate judicial. Sin embargo, las acusaciones coparon las redes de inmediato.

El uso político de un caso vacío

La reacción en redes sociales ocurrió el 14 de agosto de 2025, inmediatamente después del anuncio del fiscal general. Funcionarios y dirigentes del oficialismo difundieron mensajes que coincidían en un mismo enfoque: presentar el caso como un intento de magnicidio y una amenaza a la estabilidad política y electoral.

El entonces director de Aduanas, Fausto Cálix, afirmó que en el país operaban sectores que “han mandado a matar” a figuras públicas. El exdiputado de LIBRE, Rasel Tomé, calificó la actuación del Ministerio Público como un “paso firme” frente a una conspiración criminal. Rixi Moncada, candidata presidencial del oficialismo, vinculó el supuesto plan con intentos de generar caos y afectar el proceso electoral. Apenas 15 minutos después del pronunciamiento del fiscal, comenzó a difundirse el lema: “Si tocan a Mel, nos tocan a todos”.

La candidata de LIBRE, Rixi Moncada, acompañada del expresidente Mel Zelaya durante un acto de la campaña presidencial que terminó con su derrota en las urnas el día 30 de noviembre de 2025. Foto: Gustavo Amador

Ese mismo día, el fiscal general dijo que la sociedad debía “tener la confianza” en que el Ministerio Público garantizaría “elecciones limpias y democráticas” y reiteró que la institución estaba decidida a combatir la criminalidad. Ninguna de las frases dichas por los acusados en el chat tenía nada que ver con boicotear las elecciones, pero el fiscal lo incluyó dentro de su alarmante conferencia de prensa. Antes de que cualquier prueba fuera hecha pública, el caso de los “terroristas” se convirtió en el centro de una polémica nacional que ponía en riesgo la estabilidad institucional del país.

Tras el anuncio del Ministerio Público, la presidenta Xiomara Castro dijo que esperaba que la investigación continuara “no solo contra los que salen en el audio, sino también contra los que están detrás de esa trama”, introduciendo la figura de posibles autores intelectuales, sin puntualizar a quiénes se refería.

El secretario privado de la Presidencia e hijo de ‘Mel’ y de la presidenta Castro, Héctor Manuel Zelaya Castro, calificó las capturas como un “paso firme y responsable” para desarticular un plan criminal contra su padre. En su pronunciamiento, vinculó la denuncia con una narrativa de persecución sostenida desde el golpe de Estado de 2009. El vicecanciller en Política Exterior, Gerardo Torres, repitió el eslogan en sus redes sociales: “Si tocan a Mel, nos tocan a todos”, acompañado de consignas de respaldo político.

El vicecanciller Gerardo Torres (izquierda), junto con el canciller Enrique Reina, durante un acto en Casa de Gobierno. Foto: Gustavo Amador

Ese mismo día, horas después de que el Ministerio Público compartiera en sus cuentas oficiales el requerimiento fiscal contra tres de los implicados, el excanciller Javier Bú, quien asumió el cargo en junio de 2025 en sustitución de Enrique Reina, condenó el atentado y proyectó el caso hacia el ámbito internacional.

El titular de la Secretaría de Planificación Estratégica, Ricardo Salgado, afirmó, sin presentar prueba alguna, que los audios evidenciaban un “plan de magnicidio y golpe de Estado” y vinculó la denuncia con supuestos intentos de sabotear las elecciones. Incluso hizo arengas y comparaciones para reforzar su argumento: “Alerta todos: al fascismo debemos parar. Recuerden a Colin Powell (quien fue secretario de Estado de George W. Bush) en la ONU con sus ‘pruebas’ de armas de destrucción masiva. ¡Vamos todos con el comandante! ¡No detendrán las elecciones! Patria o muerte”.

Desde otra dependencia del Ejecutivo que no tenía nada que ver con el ámbito de la seguridad, el secretario de Recursos Naturales y Ambiente, Lucky Medina, se refirió a la existencia de sectores que creen que “silenciando” a Mel Zelaya se detiene un proyecto político.

Y así, en un solo día, el oficialismo en pleno puso en el centro del debate, además de un supuesto intento de magnicidio, un boicot electoral en ciernes.

La candidata presidencial de LIBRE, Rixi Moncada, ante la avalancha de declaraciones de los políticos que la rodeaban, tuvo que aclarar que “van a haber elecciones”. “De rodillas no vamos a estar jamás”. El propio Mel Zelaya se pronunció en X con grandilocuencia tras las detenciones: “Los audios revelan una conspiración criminal para derrocar al Gobierno de Xiomara Castro, evidenciando las perversas intenciones de sectores oscuros que buscan sabotear el proceso electoral y consumar el magnicidio planificado desde el golpe de 2009. Ahora tampoco podrán lograrlo, porque nos cubre el pueblo y la sangre de Cristo”.

La expresidenta Xiomara Castro, durante un evento oficial de su Presidencia (2022-2026). Foto: Gustavo Amador

En contraste, apenas surgieron voces pidiendo cautela, como la del exvicecanciller Antonio García, que exigió una investigación exhaustiva y rápida, pero señaló que, hasta ese momento, las pruebas divulgadas se limitaban a audios sin contexto y a un chat grupal, lo que introducía interrogantes sobre la solidez del caso.

«Los policías gritaban que había un incendio en la casa» Perfecto Jesús Enamorado Paz tardó varios días en aceptar la entrevista para este reportaje. Tenía miedo. Al final la concedió el sábado 21 de febrero de 2026, 192 días después de su captura, desde su casa en Comayagua, donde hacía 161 días que se encontraba bajo arresto domiciliario. Prefiere reservarse algunos detalles de su relato para no agravar una situación legal que le ha costado demasiado. A sus 70 años, este hombre —padre de tres hijas, originario de Comayagua, excomisionado del Comité Permanente de Contingencias durante nueve años y militante retirado del Partido Nacional— terminaría una madrugada de agosto siendo fotografiado por policías en el portón de su casa, en ropa de dormir, acusado de terrorismo y tentativa de homicidio.

En la fotografía aparece Perfecto Jesús Enamorado flanqueado por dos agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) armados y encapuchados. Imagen tomada de las redes sociales el día de su captura. Foto: cortesía Proceso Digital

«Primero salió mi señora y luego me dijo a mí: ‘Mirá, vienen los policías y vienen a ayudarnos porque dicen que hay un incendio en la casa'», cuenta Enamorado desde su sillón. Eran las 5:45 de la madrugada del 14 de agosto de 2025. Unos diez agentes rodeaban la vivienda, gritando desde afuera del portón. Para él y su esposa, la lógica era simple: policías que gritan que hay un incendio vienen a salvarnos. Bajaron al porche. Desde ahí hablaron con los agentes que exigieron que abrieran la puerta o que la tumbarían. «Al momento de que mi esposa quitó el seguro de la puerta, ellos empujaron tan fuerte que golpearon su mano. Y ya una vez acá nos dijeron que se trataba de un allanamiento y que iban a hacer un registro general de la casa». El motivo: una orden judicial por cargos de conspiración terrorista. Buscaban armas, explosivos, lo que fuera. Lo único que se llevaron de esa casa, como cuenta la esposa, fueron los cuchillos de cocina, con los que es difícil pensar que alguien puede planificar un acto de terrorismo.

A él lo sacaron al portón del garaje en calzoneta y camiseta y le tomaron fotografías. Pidió que le dejaran ponerse un pantalón. Le dijeron que no se moviera. Lo montaron en un picop. Iba en el asiento del centro, entre dos soldados. Durante todo el camino hacia Tegucigalpa, le mostraron, unas ocho veces, las fotos de dos hombres desconocidos. “¿Los conoce?” “No”. “¿Sabe dónde viven?” “No”.  “¿Cómo iba a saber, si ni siquiera los conocía?», contó Enamorado. Los agentes llevaban pasamontañas. Nunca pudo ver sus rostros.

Lo llevaron a las instalaciones de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), en la colonia Kennedy. Lo mantuvieron dentro del vehículo. El registro en su casa había durado unos 45 minutos —porche, habitaciones, sala, comedor, cocina, patio— y no encontraron nada que permitiera concluir que se preparaba para un magnicidio y para boicotear unas elecciones. Pero eso no cambió lo que vino después.

A las dos de la tarde, en la sede de la DPI, sacaron a Enamorado, lo pusieron junto a los otros dos hombres con los que supuestamente había conspirado y les sacaron fotografías. “Hasta ese momento, yo en mi vida había visto esos rostros. Nunca”. Entre ellos no intercambiaron ni una palabra, recuerda.

Los tres capturados el día 14 de agosto de 2025, cuando fueron presentados en su primera audiencia en tribunales. Foto: David Romero/El Heraldo

En el requerimiento fiscal, las frases atribuidas al grupo de exalumnos de La Salle aparecen en el apartado de los chats y audios. Allí se consigna que Antonio David Kattán, miembro del grupo La Salle 88, escribió:

“Puta verga a verga hay que matar a Mel Zelaya pero ya disculpen el francés (sic)”.

En el mismo documento, se señala que Enamorado escribió:

“Mire esos colectivos cuando vean caer unos cinco con tres píldoras en el pecho no vuelven a verlos en las calles aclaro que no es lo que conviene para Honduras pero ellos lo piden a gritos… (sic)”.

Sobre lo que escribió en el chat, la supuesta prueba contundente según la Fiscalía, Enamorado argumenta que fue una opinión política, no una incitación a la violencia. «Nada tenemos en contra más que lo que inventaron de nosotros», dice. Lo que se ventilaba en ese juzgado, asegura, «era la farsa más grande que se puede haber dado”.

En septiembre de 2025, durante el proceso en contra de los supuestos terroristas, la Fiscalía citó como testigo de cargo al director de la Policía Nacional, Juan Manuel Aguilar Godoy. Él, lejos de aportar pruebas contra los acusados, declaró que “las redes sociales son basura que entra y basura que sale”, en referencia a todo lo dicho acerca del caso. Además dijo que tenía asuntos más importantes que atender —un conflicto en el Aguán y las elecciones del 30 de noviembre—. De acuerdo con Hugo Maldonado, presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras (CODE) quien acompañó una de las audiencias, el juez a cargo del caso, aparentemente frustrado con el trabajo probatorio de la Fiscalía, se tapó la cara con las manos.

Pero antes de que eso ocurriera y de que el caso empezara a desmoronarse por todas partes, la tarde que los capturaron tras fotografiarlos, los llevaron a los juzgados frente al Seguro Social de La Granja. Esa noche durmieron en el suelo de una bartolina, sin baño. Al día siguiente los trasladaron a la cárcel de máxima seguridad de Támara. Cuando ya habían pasado por los escáneres y estaban en fila, Jesús Enamorado recuerda que un policía militar se acercó a uno de los soldados y le dijo algo al oído. Momentos después, los separaron del grupo. Afuera, en la calle, estaba el director de la penitenciaría con cuatro hombres de seguridad. Los miró bajar las gradas. Los miró acercarse. Rió. «Ustedes son los terroristas»,  dijo. Se volvió a reír, nos puso contra una pared, tomó una foto y se despidió.

Mientras los escoltaban, los oficiales comentaban entre ellos y reían: «No, hombre, qué barbaridad. ¿Cómo es posible que ustedes estén metidos con esto?». Uno le mostró  a Enamorado una foto que circulaba en TikTok en la que alguien había modificado su imagen, poniéndole una barba larga hasta el pecho y un fusil de palo, y le dijo entre carcajadas: «esta barba es la de Bin Laden”. “Era una mofa total», recuerda. Cuando llegaron a las celdas de máxima seguridad, volvieron a pasar por otro escáner. Les rompieron la pasta dental y les quitaron el desodorante. “Nadie entendía qué era lo que estaba sucediendo con nosotros. Nadie creía. Nadie creía”, recuerda Enamorado.

Al cabo de unos días, los trasladaron al módulo de mínima seguridad, tras una petición de los abogados defensores y de representantes de derechos humanos que argumentaron que los acusados podían estar en peligro. El cambio fue notorio. En la prisión de máxima seguridad no podían moverse de la celda. En la de mínima, había un patio donde caminar. Los tres hicieron mejoras al espacio donde los ubicaron: instalaron un lavamanos, pusieron una cortina en el baño, compraron un barril de 55 galones para el agua, repararon el desagüe, consiguieron las tapaderas del sanitario. Cuando Enamorado salió a prisión domiciliaria, tras 30 días encarcelado, ya había nueve personas viviendo en ese mismo espacio que los tres habían acondicionado.

Durante el mes de encarcelamiento, su familia lo visitó tres veces los fines de semana. Le llevaban lo que podían: pollo, arroz, puré de papas, fruta. Él lo compartía siempre con los otros dos. Pero cada despedida era difícil. «No sabíamos qué nos esperaba estando ahí, si cuando regresaran íbamos a estar todavía para recibirlos», recuerda.

La noticia del cambio de medidas llegó un viernes al mediodía, mientras almorzaban. Antonio Kattán estaba hablando por teléfono al fondo del comedor. De repente pegó un grito, cruzó corriendo el salón y abrazó a Enamorado frente a todos los presidiarios. “Ya estuvo”, le dijo. “Hicieron el cambio de medida”. Después de 30 días de haber sido capturados y mostrados a todo el país como delincuentes y de que el oficialismo en pleno creó incluso una consigna para acuerpar a Mel Zelaya, los tres “terroristas” eran enviados a su casa para continuar desde ahí con su defensa.

Desde entonces y hasta el 29 de abril de 2026 permanecieron en arresto domiciliario, con la prohibición de salir sin autorización y recibiendo visitas periódicas de la Policía. Ese día, un juez les cambió las medidas de arresto domiciliario por medidas sustitutivas que les permiten, en adelante, enfrentar su proceso en libertad.

Ni armas ni movimientos sospechosos

El abogado Hector Durán, representante legal de Arcadio Corrales, cuestionó  la acusación presentada por el Ministerio Público contra su cliente y otros tres imputados por actos preparatorios y asociación terrorista. Según explicó, la acusación se basa en fragmentos de mensajes de chats grupales —uno de ellos con más de 200 personas— sacados de contexto. “¿Cómo se puede suponer que se pretende realizar una acción delicada en un chat de 265 personas que ni siquiera se conocen entre ellas?”, cuestionó.

Otro de los acusados, Antonio Kattán, describió lo escrito como un exabrupto verbal, como una “conversación espontánea” que surge cuando uno cree que habla en confianza. Asegura que el tema no volvió a surgir en ese chat. Que fueron “comentarios sueltos”.

Para la defensa, el análisis completo de las conversaciones demuestra que no hubo planificación ni intención real de cometer un delito. “No existe estructura criminal, coordinación entre los acusados, ni elementos materiales que respalden la hipótesis de terrorismo”.

En la misma línea se pronunció el exjuez Kenneth Madrid quien, consultado para este reportaje, explicó que la acusación no encaja en el tipo penal de “asociación terrorista” que establece el artículo 587 del Código Penal hondureño.

El apoderado de Arcadio Corrales enfatizó la ausencia de pruebas periféricas, necesarias en cualquier investigación penal. Explicó que tras vigilancias y allanamientos, las autoridades no encontraron indicios relevantes como armas ilegales o movimientos sospechosos. De acuerdo con los propios investigadores que dieron seguimiento a los acusados previo a su captura, ellos no hacían sino ir de sus casas a sus trabajos.

Otro de los puntos clave de la defensa es el perfil de los imputados. Se trata de adultos mayores de entre 60 a 70 años, sin antecedentes penales y con rutinas “comunes y corrientes que no representan ningún peligro”. Además, cuestionan irregularidades en el manejo de la evidencia, como la ruptura de la cadena de custodia de una memoria USB que contenía los chats. “Esta memoria fue abierta  y revisada, cuando la norma jurídica establece que al recibirse un dispositivo electrónico con información, de inmediato tiene que ser asegurado y embalado para garantizar que es la misma memoria. A esto se suma la falta de peritajes técnicos, como pruebas fonéticas que confirmen la autoría de los audios”.

El abogado también denunció las consecuencias humanas del proceso. Calificó el arresto domiciliario como una “pena anticipada” y relató el impacto en la familia de su cliente, incluyendo la interrupción de los estudios universitarios y la pérdida de la beca en Italia del hijo de su defendido. “El daño es irreparable”, lamentó.

Durán afirma que los acusados son “presos políticos, no criminales”. Confía en que el Ministerio Público rectifique: “está a tiempo de que el daño no siga aumentando”.

“No sé cómo comenzaron a armar un juego de expediente en el cual se le nominó el delito de terroristas y cómo comenzaron a armar un expediente de humo, de la nada… Admiro esa destreza del Ministerio Público, prestarse para una situación de esa naturaleza”, dijo para esta investigación Hugo Maldonado, presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras (CODEH).

Maldonado estuvo en una de las audiencias contra los supuestos terroristas. Cuando le preguntamos sobre las pruebas, su respuesta fue tajante: “Nada.Para nosotros esos son casos de humo, les armaron el tamal, como decimos, el expediente, sin haber absolutamente nada de nada. Fue terrible. Les robaron la paz y la tranquilidad que tenían como familia y les propiciaron trastornos psicológicos a sus hijas, a sus nietos, a sus esposas”.

“Esta acusación no encajaba en el tipo de asociación terrorista. El artículo 587 del Código Penal establece que las organizaciones terroristas pueden ser constituidas de forma temporal o permanente, por dos o más personas, para cometer un delito con finalidades específicas. Entre ellas: subvertir gravemente el orden constitucional, lo cual no aplica en este caso”, sostiene Kenneth Madrid, exjuez de los tribunales de justicia.

“La evidencia de chats de WhatsApp no es suficiente, porque no se cumple ninguna de las finalidades del artículo 587 del código penal. No se puede considerar una asociación terrorista, ni siquiera transitoria. En un chat cualquiera puede decir cosas, pero eso no significa que exista intención real de cometer un delito. Para hablar de conspiración o proposición, deben existir actos inequívocos dirigidos a ejecutar el delito, y eso no ocurrió”, agregó.

De un chat de excompañeros a los tribunales

Eran las 5:45 de la madrugada del 14 de agosto de 2025 cuando agentes de la Policía Nacional y de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) llegaron a la vivienda de Antonio Kattán, un empresario sampedrano que se define como «100 % apolítico». Los agentes ejecutaron una orden de captura y allanamiento sin explicarle el motivo de su arresto, como ocurrió con los otros capturados. Tampoco le informaron a dónde sería trasladado. A mitad del trayecto hacia Tegucigalpa le permitieron hacer una llamada telefónica a su hermano. Fue entonces cuando supo de qué se le acusaba: conspirar para asesinar al expresidente de Honduras.

Mientras recuerda el momento de la captura, Kattán hace una pausa para contar que parte de su vida la ha dedicado a estar al frente de su empresa de reciclaje en la ciudad de San Pedro Sula. Cuenta que no ha sido fácil seguir adelante con su empresa, pues la situación le obligó a trabajar virtualmente desde casa, donde guardaba arresto domiciliario.

El origen de la acusación se remonta al 29 de julio de 2025, en el grupo de WhatsApp «La Salle 88», integrado por egresados de ese colegio. Uno de sus miembros, Gerardo Galeano, envió un mensaje sobre la situación política del país. Antonio respondió con comentarios, a través de una nota de voz, en los que hacía alusión a la muerte del expresidente Zelaya. Él mismo reconoce haber participado en ese intercambio -cuatro notas de voz-. Lo describe como una conversación espontánea, un exabrupto verbal como los que cualquier persona puede tener cuando piensa que habla entre un grupo de confianza. Asegura que el tema no volvió a surgir.

“Todo se arregla matando a ese hijo de la gran puta de Mel Zelaya, hermano. Hay que matar a ese hijueputa, brother. A mi me vale verga que digan lo que yo soy. Matando el perro se acaba la rabia, hermano (sic)”, dijo Kattán en uno de los audios de voz presentados por el Ministerio Público como prueba de la planificación del atentado. Según Kattán, que no quiso extenderse al respecto, aquello solo era un comentario pasado de tono en un entorno en el que él creía estar en confianza.

Tras el alboroto, el silencio oficial

Si el oficialismo hizo fiesta de declaraciones públicas tras la captura de los hombres que supuestamente planificaban un magnicidio, meses después de aquello optaron por el silencio.

Tras varias insistencias vía mensaje, la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) se pronunció mediante una de sus portavoces, quien señaló de manera escueta que la actuación de la institución en el caso se circunscribe estrictamente a la ejecución de órdenes emitidas por el Ministerio Público, sin brindar detalles ni referirse a las pruebas recabadas contra los tres capturados.

“La DPI únicamente se limitó a ejecutar las órdenes del Ministerio Público”, afirmó la subinspectora Dunia Palma, portavoz de la institución, evadiendo cualquier responsabilidad sobre el caso.

Se insistió en preguntarle por la evidencia recabada, pero sostuvo su respuesta: “Nosotros cumplimos con nuestra parte del trabajo hasta donde nos correspondía… Nosotros no podemos referirnos más allá de eso”.

Palma dijo que no sabe si la participación de la DPI se dio por iniciativa propia o a solicitud directa de la Fiscalía: “Lo único que sé es que se ejecutó una orden de captura. Más allá de eso, no puedo confirmar ni desmentir otros aspectos, porque no contamos con documentación oficial que lo respalde”.

La portavoz explicó que dentro de la estructura jerárquica institucional, las declaraciones deben contar con autorización previa: “Allí determinan quién puede hablar, qué puede decir y en qué casos corresponde brindar información. Por mi parte, no podría agregar nada más”.

Otra de las voces institucionales que no rehuyeron a hablar sobre el  caso fue la portavoz de los Juzgados de lo Penal, Bárbara Castillo. Se le preguntó sobre la evidencia con la que el proceso avanzó, y su respuesta fue que “en esta etapa, con el mínimo indicio racional de participación en un delito ilícito, el juez puede dictar el auto de formal procesamiento”. Cuando habla de “mínimo indicio racional” se refiere a lo que los acusados de magnicidio dijeron en los chats de WhatsApp.

“Llegó como testigo el director de la Policía y presentó una USB con lo que ellos habían escrito en un chat”, detalló, obviando que ese mismo funcionario fue el que durante la audiencia dijo que en las redes circulaba mucha basura y que él tenía cosas más importantes que hacer que atender el supuesto caso de “terrorismo”.

Desde el anonimato, un alto mando policial reconoció que se trataba de un tema “político” y que, por esa razón, ningún miembro de la institución estaba dispuesto a declarar, para no “enlodar” la imagen de una entidad que se define como apolítica.

Para este reportaje también se envió una solicitud formal de entrevista al entonces ministro de Seguridad, Gustavo Sánchez, pero nunca fue respondida. Además se buscó al vocero del Ministerio Público, Yuri Mora, pero no atendió llamadas ni mensajes.

El dirigente de LIBRE y exasesor presidencial de Comunicaciones de la expresidenta Castro, Gilberto Ríos, dijo en entrevista para este texto que el caso de los supuestos terroristas no fue puesto bajo la lupa por miembros del partido, sino por “actores externos”. No explicó quiénes, omitió contestar todas las preguntas que se le hicieron, así como la evidencia de que en redes sociales fueron miembros de LIBRE quienes elevaron el tema a asunto nacional y se refirió a los acusados como “delincuentes”.

 El impacto familiar, económico y emocional

“Me sentía totalmente deshecho, moral, espiritual y físicamente”, dijo Enamorado al recordar los 30 días que pasó encarcelado antes de ser enviado a prisión domiciliaria. Perdió 24 libras, su hija Jeimmy colapsó al amanecer del día siguiente a la captura, y su esposa —con problemas cardíacos— tuvo que enfrentar sola a los agentes que irrumpieron en la casa.

Fue ella quien abrió el portón y recibió el empujón que le golpeó la mano. Fue ella también quien, cuando los policías revisaban la casa buscando armas, explicó a uno de los agentes que el dinero que encontraron en una gaveta —unas 28,000 lempiras (alrededor de 1,050 dólares)— era de la iglesia donde ella ejercía como tesorera.

Las consecuencias económicas fueron igualmente  devastadoras. La familia calcula haber gastado cerca de medio millón de lempiras (casi 19,000 dólares) entre abogados, traslados, combustible y costos del proceso. Ninguna de las tres hijas tenía ese dinero. Los primeros dos abogados a los que llamaron rechazaron el caso: uno preguntó si querían que el expresidente Zelaya los mandara a matar; el otro dijo que navegar contra el sistema era una causa perdida, cuenta Enamorado. Al final, encontraron representación legal a minutos de la primera audiencia y pagaron 50,000 lempiras (unos 1,900 dólares) por esa sola representación. Meses después, los compromisos económicos siguen sin saldarse.

El daño se extendió más allá de su hogar. El hijo de Arcadio López, otro de los acusados, abandonó Italia y regresó a Honduras cuando su padre fue capturado. Era el único que podía sostener económicamente el hogar, y la situación legal de su padre lo obligó a desistir de su sueño: una beca que había conseguido y que perdió.

Kattán compareció meses después, el 25 de marzo, ante una comisión del Congreso Nacional, como testigo en el juicio político contra el fiscal general suspendido Johel Zelaya, quien los acusó públicamente en la conferencia de prensa tras sus capturas. Sus palabras ante los diputados fueron directas: “No tenían nada, señores diputados. Ellos simplemente necesitaban a alguien para llamar la atención de lo que les estaba diciendo la fiscal general de Estados Unidos… Me siento que nos capturaron como trofeo, como desviación de un tema que les estaban diciendo en Estados Unidos y que tenían que ver cómo lo desviaban para desviar la atención de los medios de comunicación”.

Kattan se refiere a las declaraciones de la entonces fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, ofrecidas el 13 de agosto a la cadena estadounidense Fox News, en donde aseveró que el entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pagaba por tener acceso al espacio aéreo libre para el trasiego de drogas en países como Honduras, Guatemala y México.

Las capturas de los tres acusados ocurrieron pocos días después de las declaraciones de Bondi. En su interpretación, el caso fue una operación de distracción mediática, destinada a mostrar una respuesta rápida del gobierno hondureño frente a las acusaciones internacionales.

“No los conocía ni por referencia, ni por grupo, ni por ningún momento”, dijo Kattán ante los diputados, sobre los otros acusados. “Mi familia sufrió un daño moral increíble”, concluyó.

El exfiscal general Johel Zelaya fue suspendido de su cargo en marzo de 2026, tras un juicio político por una serie de denuncias que incluyeron abuso de autoridad y manipulación de casos de alto perfil, entre estos el proceso del supuesto complot para asesinar al expresidente Zelaya. La comisión especial del Congreso Nacional evaluó su desempeño y recibió el testimonio de Kattán como parte de la evidencia para suspender al fiscal.

Enamorado escuchó desde su casa el testimonio ante la comisión del Congreso Nacional, a la espera de recibir la autorización judicial para recibir tratamiento médico. Desde que la institución de Derechos Humanos  recomendó que tuviera una evaluación permanente cada 15 o 30 días, su abogado interpuso varios recursos ante el juzgado para que le autorizara salir y hacerse los exámenes necesarios —glucosa, presión, evaluación cardiovascular— pero ninguno había sido contestado hasta la liberación de la medida de prisión domiciliaria que ocurrió a finales de este abril. “Lo que siento por ellos es lástima”, resume Enamorado. “Creyeron que tomando ese tipo de acciones iban a callar a un pueblo”.

El caso de los terroristas de WhatsApp ya parece parte del pasado hondureño. Para todos, menos para los acusados que continúan bajo un proceso que no tiene más pruebas que unos mensajes de chat.

Este reportaje se realizó como parte del Ciclo de Actualización para Periodistas (CAP) sobre Democracia y Autoritarismos en Centroamérica.

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