Este mes, Ruth Eleonora López cumplió años en prisión, a 4 meses de haber sido engañada para que saliera de su casa con la excusa de que su carro estaba involucrado en un accidente de tránsito. Este mes el salvadoreño Norlan Guzmán-Fuentes falleció víctima de los disparos de un ciudadano gringo en Dallas, Estados Unidos.
El verso atribuido al poeta Roque Dalton, y compartido los últimos días en redes sociales, podría resumir las emociones que nos deja el noveno mes de 2025.
Este mes, la lluvia dejó en evidencia lo vulnerables que son no solo los barrios más pobres de San Salvador, sino también sus zonas más remozadas y “maquilladas”, esas que algunos han osado comparar con Miami o New York, para hacer un flaco favor a ambas ciudades.
Este mes, quien debió haber difundido en “X” un mensaje de condolencia y respeto volvió la vista a otro lado, mientras miles de personas de comunidades rurales y urbanas, profesionales, obreras y campesinas manifestaban su dolor por el fallecimiento del sacerdote jesuita José María Tojeira, el padre Chema, como le llaman aún con cariño. Algunos solo lo conocieron por sus análisis de la realidad en el programa “Al filo de la semana”, de la YSUCA. Para otros fue el párroco afable y carismático de la parroquia El Carmen en Santa Tecla; mientras que otros lo recordarán como el que denunció y no calló su denuncia tras la masacre de los jesuitas y 2 colaboradoras en plena ofensiva de noviembre de 1989.
Miles, secándose las lágrimas, firmaron los libros de condolencias que se dispusieron en el polideportivo de la UCA el día de la misa funeral en su memoria.
Ahí se recordó su valentía, ahí se recordó que nunca negó el perdón, pero siempre buscó la verdad. Defendió a la única testigo de la masacre de la UCA y defendió los derechos humanos de miles desde el IDHUCA, hasta que dejó su dirección.
En el velorio y en el funeral, quienes seguimos por acá, sentimos que cada vez somos menos, que nos quedamos solas y solos. Ahí, al ver el féretro depositado junto a las tumbas de sus compañeros mártires en la capilla de la UCA, comprendimos lo que profetizó Rutilio Grande: “Nos tenemos que salvar en racimo, en mazorca, en matata, o sea en comunidad”. No morimos en septiembre. Sí, podemos sentir tristeza, incluso miedo. Pero no callemos, es preciso que se note que pasó septiembre y seguimos vivos.







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