En El Salvador, casi 1.8 millones de personas tienen entre 18 y 35 años, lo que equivale a el 29.9 % de la población total del país (según el VII Censo de Población 2024). Ellos y ellas representan casi una tercera parte de la población y su vida transcurre entre los estudios, la búsqueda de empleo, el deseo de independencia, la imposibilidad de comprar vivienda y las ganas de participar en la vida de sus barrios, colonias y municipios.
Quiénes son y dónde viven?
La distribución es casi equilibrada: el 50.1 % de las juventudes vive en zonas urbanas y el 49.9 % en zonas rurales. La mayoría completó el bachillerato (61.6 %), un 17.4 % llegó a la universidad y un 17.2 % solo al tercer ciclo. Tres de cada cuatro jóvenes están solteros y uno de cada cuatro ya tiene hijos.
¿Qué preocupa a los jóvenes?
La Consulta Nacional de Juventudes Salvadoreñas 2025 deja claro que las principales preocupaciones de esta población son: empleo, educación, migración, seguridad y participación comunitaria.
Esta consulta fue desarrollada como parte del proyecto “JuventudES diversas por la paz, la participación y los derechos”, ejecutado por OIKOS- Cooperação e Desenvolvimento, en alianza con varias organizaciones de la sociedad civil.
La consulta incluyó entrevistas a 1,578 jóvenes, hombres y mujeres de entre 18 y 35 años. La investigación identificó 5 preocupaciones principales entre la población joven salvadoreña:
Empleo precario: aunque 62.8 % dijo haber trabajado en la última semana, la mayoría lo hizo en condiciones informales o en sectores de baja remuneración, como ventas, gastronomía o maquila. La frase que más se repite es: “Los salarios no alcanzan para cubrir necesidades básicas”.
Educación desconectada del mercado laboral: apenas entre 3 y 4 jóvenes sienten que su educación les dio herramientas para conseguir empleo. La queja más frecuente al buscar trabajo fue: “Me piden más experiencia de la que tengo”.
Migración como alternativa: la falta de oportunidades hace que migrar sea siempre una posibilidad. Quienes trabajan en call centers son los más decididos a hacerlo: 24 % piensa “siempre” en salir del país.
Seguridad y violencia: aunque muchos jóvenes dicen sentirse más seguros que antes, en un contexto de régimen de excepción, la violencia doméstica y la discriminación persisten. Según la consulta, los espacios donde más violencia se percibe son la comunidad, la casa y la calle.
Participación limitada: casi la mitad de los jóvenes nunca ha participado en una organización juvenil. Muchos explican que “no hay tiempo” o que “no existe una organización que les llame la atención”. Otros, simplemente, se desaniman por la falta de resultados de las instituciones: “Nos cierran las puertas en la cara, tanta burocracia que nunca llega a nada”, resumió un joven de San Vicente.

Conclusiones de la Consulta: ¡no se quedarán quietos!
El informe de OIKOS sintetiza los retos que enfrentan las juventudes en varias líneas clave:
Trabajo e ingresos: predominan la informalidad y los salarios bajos, con una fuerte brecha de género y barreras adicionales para juventudes indígenas, afrodescendientes, LGBTIQ+ o con discapacidad.
Educación: existe un desencanto con la calidad y pertinencia de la enseñanza, que no siempre conecta con las exigencias del mercado.
Medio ambiente: los jóvenes perciben con claridad los riesgos ambientales y exigen mayor acción estatal para proteger los recursos naturales.
Estado y confianza institucional: aunque reconocen algunos avances, la valoración hacia las instituciones públicas es baja. Muchos piden una actualización de la Ley General de Juventud para que responda a las realidades actuales.
Juventud que no se resigna: pese a las dificultades, las juventudes salvadoreñas muestran «resiliencia», según la consulta. Uno de cada tres jóvenes que no tiene empleo aspira a «emprender su propio negocio». Otros buscan participar en una ONG o llegar a asumir liderazgos comunitarios.
En palabras de una joven de Chalatenango: “Cuando uno empieza a organizarse, empieza a descubrir nuevas cosas, a conocer otras realidades”.
El reto para las juventudes salvadoreñas es grande: tener empleo digno, educación de calidad y lograr independizarse. Pero si algo queda claro en esta radiografía es que la juventud salvadoreña no es un grupo pasivo: es una generación con voz propia, que exige ser escuchada. ¿Estarán los adultos dispuestos a darles voz y a incidir en las decisiones que afectan su presente y su futuro?
Esta nota fue escrita con la asistencia de IA. La imagen que la ilustra fue generada también con IA.





Deja un comentario